PSICOLOGíA › NUEVOS ARGUMENTOS DE LA “ANTROPOLOGIA” CATOLICA

“Expertos en humanidad”

 Por Danièle Hervieu-Léger *

No es sorprendente que en el debate sobre el matrimonio para todos la Iglesia Católica haga oír su voz. Sí lo es el cuidado que toma de evitar toda referencia a una prohibición religiosa. Para rechazar la idea del matrimonio homosexual, la Iglesia, en efecto, invoca una “antropología” que por su condición de “expertos en humanidad” le da títulos suficientes para dirigirse a todos los hombres y no sólo a sus fieles. El nudo de este mensaje universal es la afirmación por la cual la familia conyugal –constituida por padre (macho), madre (hembra) y los niños que juntos procrean– es la única institución natural susceptible de aportar al lazo de unión entre padres e hijos las condiciones de su realización.

Al dotar a esta definición de la familia de una validez “antropológica” invariante, la Iglesia defiende, en realidad, un modelo de familia que ella misma creó. Modelo que comenzó a poner en forma desde los primeros tiempos del cristianismo, en combate con el modelo romano de la familia, que se oponía al desarrollo de sus asuntos espirituales y materiales, y haciendo del consentimiento de ambos esposos el fundamento mismo del matrimonio. En este modelo cristiano del matrimonio –estabilizado alrededor de los siglos XII y XIII–, el deseo divino supuestamente expresado en el orden de la naturaleza atribuye la unión a la procreación y preserva el principio de sumisión de la mujer al hombre. Sería hacer una atribución injusta a la Iglesia ocultar la importancia que este modelo tuvo en la protección de los derechos de las personas y la promoción de un ideal de pareja fundado en la calidad afectiva de la relación entre los cónyuges. Pero la distorsión operada al haber hecho de él la referencia infranqueable de toda unión conyugal humana se ha ido volviendo más palpable.

Porque esta antropología producida por la Iglesia entra en conflicto con todo lo que los antropólogos describen: la variabilidad de los modelos de organización de la familia y la parentalidad en el tiempo y en el espacio. En su esfuerzo por mantener a distancia la relativización del modelo familiar europeo inducido por esta constatación, la Iglesia recurre al auxilio de un saber psicoanalítico constituido él mismo en referencia a este modelo.

La Iglesia encuentra también en el homenaje al Código Civil un medio de aportar una añadidura de legitimación circular a su oposición a toda evolución de la definición jurídica del matrimonio. Esto es inesperado, si se recuerda la hostilidad que manifestó en su momento ante el establecimiento del matrimonio civil. Pero su gran adhesión se explica si se recuerda que, si bien el Código de Napoleón elimina la referencia a Dios, no por ello deja de poner freno a la secularización en el seno de la familia: al sustituir el orden fundado en Dios por el orden no menos sagrado de la “naturaleza”, el derecho se hizo garante del orden inamovible, asignando a hombres y mujeres roles diferentes y desiguales por naturaleza.

La referencia al orden no instituido de la naturaleza permite afirmar el carácter “perpetuo por destino” del matrimonio y prohibir el divorcio. Esta reconducción secular del matrimonio cristiano, operada por el derecho, contribuyó a preservar, más allá de la laicización de las instituciones y la secularización de las conciencias, el anclaje cultural de la Iglesia en una sociedad donde había sido desestimada en su pretensión de decir la ley en nombre de Dios sobre el terreno de lo político. El terreno de la familia permanecería como el único sobre el que podría continuar combatiendo la problemática moderna de la autonomía del individuo-sujeto.

* Trabajo incluido en el libro El matrimonio y los psicoanalistas.

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