PSICOLOGíA › IMAGINARIOS SOBRE LA DIVERSIDAD

Lo monstruoso

 Por Ana María Fernández

En unas actividades con estudiantes de psicología de la UBA, participantes de un proyecto de extensión, se realizaron talleres con recursos psicodramáticos y grafoplásticos que, entre otros objetivos, tuvieron el propósito de relevar qué imaginarios sociales circulaban en ese grupo con respecto a las diversidades sexuales (Proyecto “Diseño e implementación de dispositivos grupales para elucidar los mecanismos de desigualación de las diversidades eróticas, amorosas, conyugales y parentales contemporáneas”. Programación Ubanex 2011-2012. Directora: A. M. Fernández. Codirectora: S. Borakievich). De las múltiples líneas de sentido que circulaban, interesa subrayar una particular articulación de dos trazados de significación que insistieron en casi todos los talleres. Una primera línea de significación fue la inquietud por sostener sus producciones dentro de lo políticamente correcto, disculparse cuando componían un personaje homosexual o travesti dándole características estereotipadas, etcétera. Sin duda, esto no es poco en un país donde los prejuicios, los desconocimientos e intolerancias frente a las diversidades son tan preocupantes. Pero, avanzando en la elucidación de lo producido en los talleres, se ponía de manifiesto otro plano de sentido que de distintos modos, metafóricos o explícitos, daba cuenta de significaciones que aludían a lo monstruoso.

¿Qué es lo monstruoso? Si tomamos su acepción griega, se refiere a lo intermedio, lo mezclado, lo ambivalente, lo desordenado, lo horrible y fascinante a la vez. Desde su acepción latina, algo es monstruoso en tanto muestra: muestra aquello que no debe advertirse. Mostrar lo monstruoso es desocultar aquello que en una cultura debe permanecer invisible. Sería aquello que no puede ser emplazado en las taxonomías establecidas, que genera miedo, morbo o violencia. Ya en mis palabras, configura un otro de la diferencia que sólo puede ser pensado como anomalía.

Que, en nuestros estudiantes, esta figuración de lo monstruoso estuviera antecedida de la preocupación por lo políticamente correcto frente a las minorías sexuales no es un dato menor. Habla de una voluntad de enfrentarse a sus propios estereotipos y hacer frente a sus prejuicios y desconocimientos; abre condiciones de posibilidad para pensar, conocer y encontrar las modalidades de entendimiento de mundos en principio ajenos; el día de mañana, personas que en ellos se inscriben pueden consultar a quienes hoy son estudiantes por eventuales padecimientos.

Muy distinta ha sido la experiencia en las instituciones psicoanalíticas, de distintas orientaciones, cuando, enteradas de la investigación que dirijo, me invitan a hablar sobre esta temática. El interés y la curiosidad, sin duda genuinos, han propiciado muy buenas convocatorias. Sin embargo, los a priori binarios, la dificultad de pensar más allá de “son personas que no han aceptado la castración” o “no habría por qué pensar que todos los homosexuales son perversos”, la falta de registro de que estas afirmaciones pueden sentar una posición de corte heteronormativo y el desconocimiento y extrañeza respecto de las múltiples expresiones de las diversidades sexuales, más allá de la homosexualidad, hacen suponer que el trabajo allí será mucho más difícil.

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