SOCIEDAD › A UN AÑO DE LA MUERTE DEL FINANCISTA EN CARILO, NADA SE SABE DEL CASO

Perel, el misterio que nunca fue descifrado

La causa por la muerte del matrimonio Perel, el 4 de febrero de 2001, no puede seguir por falta de plata. Y está por cerrarse al no poder avanzar. La megainvestigación sobre lavado de dinero que se iba a abrir a partir del caso también quedó en la nada.

La muerte de Mariano Perel y su esposa en un apart hotel de Cariló hace un año pudo haber sido el final de una historia de narcotraficantes del cártel de Juárez que mediante los servicios del sicariato colombiano se vengó de un “gringo” argentino por haberse quedado con algún vuelto. Esa, la única pista nueva que reconocen los investigadores haber encontrado a lo largo de la pesquisa, no puede ser profundizada simplemente porque “no existe el presupuesto para hacerlo”, reconoció ante Página/12 una altísima fuente. Así, el caso que provocó un escándalo en febrero del año pasado por desnudar los mecanismos del lavado de dinero y las operaciones financieras ilegales resulta ser tras doce meses el mismo e irresoluble intríngulis de hipótesis y sospechas que al comienzo, pero muy lejos de los supuestos asesinos y de sus supuestos patrones. Según dos fuentes de la pesquisa admitieron a este diario, el crimen podría quedar en la nada y la causa podría ser archivada. También quedó diluida la anunciada megainvestigación sobre lavado de dinero sucio en el país de la cual caso Perel –de cuya muerte se cumple un año mañana– iba a ser el disparador.
Perel y Rosa Golodnitzki se volvieron un misterio el 4 de febrero de 2001 por la madrugada cuando descansaban en el apart hotel Puerto Hamlet, un coqueto recodo de la exclusiva Cariló. Allí estaba el matrimonio desde el día anterior, cuando llegó en una camioneta cuatro por cuatro desde Buenos Aires. El pequeño departamento que ocupaban en un segundo piso con acceso desde el jardín a través de una escalera al aire libre estuvo cerrado hasta el mediodía del domingo 5. Cuando un empleado del lugar abrió la puerta, pudo ver a los huéspedes en la cama, boca abajo: cada uno tenía un perfecto tiro en la nuca. Fue allí donde la policía encontró bajo un plato, como si fuera el dinero por los ñoquis del 29, una nota que decía: “Soy un colaborador gringo del Citibank muerto por no pagar el rescate pedido a Ant Factory de Citigroup”. En el cuarto estaba también la notebook de Perel, que resultó clave cuando luego las pericias indicaron que en ella había sido escrito el mensaje y que el 90 por ciento de los archivos había sido cuidadosamente eliminado del disco rígido.
Aquella nota no encajó nunca con la hipótesis que siempre prefirieron los investigadores de la Policía Judicial de la Procuración General de Suprema Corte bonaerense: el doble homicidio por venganza. Es que los técnicos aseguran que fue escrita el 1º de febrero en la notebook e impresa ese mismo día pasadas las 17 en la Lexmart 710, una de las tres máquinas que había en las oficinas de la empresa de inversiones Antfactory, donde el financista trabajó durante los últimos meses. No se logra explicar por qué esa nota mafiosa pudo ser escrita por él mismo. Uno de los ejecutivos de la empresa declaró que ese día Perel lo llamó a San Pablo para preguntarle cómo podía imprimir desde su computadora. Lo que tampoco se entiende es por qué, si la escribió él, se equivocó y en lugar de escribir Antfactory, el nombre correcto de la empresa, puso Ant Factory.
Uno de los detalles sorprendentes de la nota es su parecido con otra encontrada junto al cadáver de un ejecutivo de Repsol que había sido secuestrado en Ecuador por un grupo de la guerrilla o los paramilitares colombianos. El mismo día los medios colombianos habían publicado la historia de Ron Sander, quien había aparecido con siete tiros y cubierto con una sábana. Sobre la mortaja decía: “Soy un gringo muerto por no pagar el rescate de HP Pompeya DG”.
Ahora, tras una lista demasiado abultada de hipótesis, siempre asociadas a las ilegales tareas del hombre que habría sido agente secreto de la SIDE, la CIA, el Mosad, y lavador de dinero de más de un famoso y ex funcionario, surge la hipótesis sobre los sicarios colombianos al mando del cártel de Juárez. Se trata de un testimonio de identidad reservada de alguien que aseguró conocer de cerca los movimientos de un ala del cártel mexicano en la Argentina, país elegido para el lavado de los capitalesaztecas. “Dice que Perel tuvo que viajar a México para arreglar negocios con quienes le confiaban el dinero para que lo blanqueara en el país”, le confió a Página/12 uno de los investigadores. “No puedo mandar a nadie”, le habría dicho el financista a sus allegados sobre su partida hacia el DF y Playa del Carmen. El resultado de las conversaciones en el DF lo habrían tranquilizado, según cuentan los pesquisas. Pero habría sido una ilusión.
Apenas apareció muerto el ejecutivo, este diario publicó, de fuentes allegadas a la familia Perel, que el ejecutivo había estado hacía poco en México. En principio los familiares consideraron que había viajado para realizar negociaciones para Antfactory, pero enseguida los directivos de la empresa lo negaron. “El señor Perel jamás negoció transacciones para la compañía en México”, dijo Antfactory en una nota. El informante que declaró ante los investigadores sobre la trama narco del crimen asegura que había ido a México para tranquilizar a sus patrones, a quienes asesoraba sobre inversiones en el país. Aunque el informante sostuvo que Perel no era un engranaje importante del cártel de Juárez en el país, aseguró que el financista se habría quedado con un “vuelto”. Por ese motivo lo habrían sentenciado a muerte contratando sicarios colombianos. Siempre según esa trama que consta en la causa, los killers ingresaron por la Triple Frontera desde donde viajaron en una camioneta cuatro por cuatro hasta Cariló. Allí, usando un spray para rociar éter sobre las víctimas, los inmovilizaron y los ajusticiaron sin que nadie, ni una sola de las 120 personas que declararon sobre los movimientos en el apart hotel, escuchara o viera algo sospechoso. Claro que la historia de narcos y sicarios quedará en una mera anécdota. Los investigadores tienen números de teléfono y datos que sólo podrían ser chequeados en el DF, un destino lejano, completamente fuera de presupuesto.

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Mariano Perel y su esposa murieron en un apart hotel de Cariló.
La hipótesis del doble asesinato nunca dio con pruebas concretas.
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