SOCIEDAD › PROTESTA DE MERETRICES CORDOBESAS POR EL CIERRE DE LAS WHISKERIAS

La marcha de las prostitutas

Un grupo de mujeres que ejercen la prostitución marcharon contra la decisión del gobierno cordobés. Las prostitutas reclaman el derecho a trabajar y niegan que haya trata en esos locales. En el Ejecutivo ratifican que en las whiskerías hay explotación sexual.

 Por Pedro Lipcovich

“¡Qué cagada...! ¡Qué cagada...! Todas sin laburo... ¡y ninguna rescatada!”, cantaban ayer centenares de mujeres en el centro de la capital cordobesa. La movilización había sido convocada por la filial local de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (Ammar), en protesta por el cierre de locales que el gobierno de José Manuel De la Sota dispuso en las últimas semanas por las coberturas mediáticas que hablaron de “150 víctimas rescatadas de la trata”. Decían: “¡Mentira! Las ‘rescatadas’ estamos acá. Cerraron departamentos que alquilábamos nosotras, donde trabajábamos sin patrón. No hay ningún proxeneta preso y no liberaron a una sola víctima de trata”. La titular de la Secretaría de Prevención de la Trata del gobierno cordobés respondió que “en los locales allanados, algunas personas eran víctimas de trata, otras de proxenetismo; todas estaban en situación de prostitución”.

Una gran bandera encabezaba la movilización, cruzada por una leyenda: “No somos víctimas de trata. Somos mujeres trabajadoras sexuales”. Otras pancartas decían: “El trabajo sexual no es igual a la trata de personas”; “Por una búsqueda real de las víctimas de trata”. La columna se dirigió a la Secretaría de Prevención de la Trata de Personas, dependiente del gobierno que dirige José Manuel De la Sota, ante la cual cantaron: “No soy esclava... ni criminal...: yo sólo quiero trabajar con dignidad”.

“Nos indigna cuando la prensa pone que ‘liberaron a mujeres sometidas a prostitución’ –destacó Eugenia Aravera, secretaria general de Ammar Córdoba–: las compañeras no sienten que las estén liberando, por eso vienen a la marcha. En las últimas semanas allanaron y cerraron cinco lugares que habían alquilado varias chicas para trabajar, porque una sola no puede pagar un alquiler. Entonces, el único lugar que les queda es la calle, pero no están acostumbradas y la policía las persigue. ¿Tienen que buscarse un patrón, un proxeneta? Porque en los departamentos donde sí había dueños, proxenetas, no metieron preso a ninguno.”

Además, denuncia Ammar, en los allanamientos hubo violencia: “En Jesús María los policías tiraron a las chicas al suelo y les pusieron el revólver en la cabeza”. La dirigente aclaró que “otra cosa es que cierren whiskerías: todas tienen dueño y, donde hay un dueño, no nos interesan sus problemas. Lo que defiende Ammar es el trabajo en cooperativa: mujeres mayores de edad, con independencia y autonomía, sin un tercero que las explote”.

Aravera insistió en que “ni una sola de las 150 compañeras era víctima de trata. Claro que existe la explotación sexual: igual que pasa con otros trabajadores explotados, el dueño se queda con gran parte de la ganancia: si las trabajadoras sexuales por ser explotadas son esclavas, entonces la mayoría de los laburantes son esclavos”. Claudia Carranza, presidenta de Ammar Argentina, manifestó que “las compañeras de Córdoba tomaron una buena decisión al movilizarse” y destacó que “en la provincia de Santa Fe, los legisladores han tomado otra posición: escucharnos en las cuestiones que nos conciernen. Sin una ley que garantice derechos y obligaciones como las de cualquier otro trabajador, somos clandestinas y vulnerables”.

Por su parte, María Amelia Chiofalo –titular de la Secretaría de Prevención de la Trata de Personas de la gobernación cordobesa–, consultada por este diario, afirmó que “en los locales allanados, algunas personas eran víctimas de trata, otras de proxenetismo; todas estaban en situación de prostitución. Uno de los ejes de nuestro trabajo es el cierre de los prostíbulos, lo cual no tiene nada que ver con el ejercicio de la prostitución a título individual autónomo, que es parte de la vida privada de las personas; distinto es cuando hay un tercero que se beneficia de la prostitución de otro, cuando hay explotación sexual. Ammar forma parte de la CTA, considera que la prostitución es un trabajo y tiene una postura reglamentarista que no compartimos: la Argentina es abolicionista. La prostitución no es un trabajo, sino una actividad de subsistencia, que no condice con la dignidad de la persona; es desigual, sexista y patriarcal: no aceptaremos una nueva figura que se llame cooperativa de trabajo”.

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Las meretrices marcharon por las calles de la ciudad de Córdoba.
Imagen: La voz del interior
 
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