SOCIEDAD › LA EDUCACIóN EN TIEMPOS DE MACRI

Escuela y adoctrinamiento

Mientras crea un 0800 para denunciar presuntas actividades políticas en escuelas, el macrismo promueve talleres para alumnos sobre cómo crear una empresa y ganar dinero.

 Por Eduardo Videla

El mismo gobierno que puso en vigencia un 0800 para denunciar la organización en escuelas porteñas de talleres que utilizan el juego El Eternauta para la promoción de la “solidaridad y acción colectiva” habilita a una fundación para dictar cursos sobre “habilidades financieras básicas” a niños de escuelas primarias y secundarias, en los que se imparten “conceptos clave”, como “el rol del dinero en la sociedad” o “cómo ganar dinero iniciando una empresa”. Desde el Ministerio de Educación porteño, el mismo que activó el 0800, informaron a este diario que desde el año pasado se lleva a cabo un “plan piloto” de talleres desarrollados por la fundación Junior Achievement (JA), y que este año “se formalizaría un convenio” para implementar sus programas en escuelas secundarias. Pero ya desde 2008 la gestión educativa del macrismo ofrecía las actividades de la fundación en escuelas primarias y secundarias.

“No vamos a donde no nos llaman”, dijo a este diario Eduardo Marty, fundador y director general de la fundación, al explicar que sólo dictan cursos y talleres en los colegios donde docentes, autoridades o padres lo solicitan. Sin embargo, este diario pudo saber que desde la Coordinación Educativa de Junior Achievement se comunican actualmente con directivos de escuelas para ofrecer sus actividades.

Marty manifestó su disgusto por el intento de comparar los talleres para la resolución de problemas en forma solidaria, atribuidos a La Cámpora, y el de su fundación. “No se puede comparar un taller ideológico, que forma parte de una campaña política, con una actividad para enseñar a los chicos cómo pueden crear su propia empresa”, afirmó. Admitió, sin embargo, que los cursos están dados por voluntarios que aportan las empresas que patrocinan las actividades (American Express, HSBC, Citibank, por citar sólo algunos) y que el curso incluye un agradecimiento a las empresas que lo financian, que no es publicidad.”

Junior Achievement, con casa matriz en los Estados Unidos, tiene presencia en el país desde hace 21 años. Su directorio está presidido por el empresario italiano Cristiano Rattazzi (FIAT) e integrado por Gonzalo Verdomar Weiss (BBVA Banco Francés), Enrique Duhau y Julio Saguier (diario La Nación), entre otros. La fundaron en 1991 el propio Mary, junto a Duhau y Ricardo Zinn, ideólogo del Rodrigazo en 1975, colaborador de José Alfredo Martínez de Hoz durante su gestión como ministro en la última dictadura, y asesor de María Julia Alsogaray durante su paso privatizador en los ’90.

La organización empezó con el pie derecho: a poco de andar firmó un convenio con el Ministerio de Educación de la Nación, a cargo de Antonio Salonia, en los albores del menemismo, donde el Estado se comprometía a declarar “de interés nacional” los programas de Junior Achievement.

En la ciudad de Buenos Aires comenzó a tener presencia con la llegada del macrismo: en 2008, la Coordinación de Actividades Extraprogramáticas envió una circular por la cual daba cuenta de la incorporación del proyecto Junior Achievement a las actividades ofrecidas por esa coordinación, entre ellas el programa “Aprender a emprender”, aprobado por la Dirección de Currícula a través de la nota 425109/ Dgpled/2008.

No fue ese programa sino el llamado “Más allá del dinero” el que generó controversia en 2010, cuando la denuncia de padres de la escuela Nº 13 del D.E. 9 dio pie a una intervención de la Defensoría del Pueblo de la ciudad. Ese curso se dirigía a los alumnos de 5º y 6º grado y apuntaba a “convertirse en consumidores inteligentes”, “enseñar habilidades financieras básicas”, “ganar dinero iniciando una empresa” y “explicar los beneficios de tener una cuenta bancaria”. Los auspiciantes de ese curso eran los bancos HSBC y Citibank.

Padres ricos y pobres

La Defensoría, después de analizar las actividades propuestas en el curso, concluye que conforman una propuesta “sesgada, en tanto se presenta a los alumnos un único esquema de percepción de la realidad social y de aproximación al mundo del trabajo, las finanzas, las empresas, el ahorro, el dinero, el consumo, la educación, la pobreza y la acumulación de riquezas”.

Tales conclusiones se desprenden, entre otras cosas, de los materiales utilizados en los cursos. Entre ellos, el libro de Robert Kiyosaki Padre rico, padre pobre. En ese material, el autor plantea su propio caso: el dilema que se le planteó a la edad de 9 años, cuando tenía un padre biológico y uno adoptivo. Al primero lo presenta como su “padre pobre”, graduado universitario, supervisor escolar en Hawai; al segundo, como su “padre rico”, un hombre de negocios. Ante la disyuntiva de elegir a quién de los dos escuchar, descartó al “pobre, aunque fuera él quien tenía todos los títulos universitarios”, y optó por el “rico”, quien le había enseñado: “Yo no trabajo por el dinero, el dinero trabaja para mí”.

“Yo mismo incluí ese libro en ese programa”, dijo Marty, ante una consulta de este diario sobre los efectos de semejante mensaje en niños de 10 y 11 años. El directivo defendió esa elección y ofreció una interpretación menos salvaje que la del propio autor: “Se refiere al padre pobre de mentalidad, al que vive de un sueldo, que compra una casa con hipoteca o un auto con prenda y tiene que destinar dinero todos los meses para afrontar ese pasivo. En cambio, el padre rico le enseña a generar su propio negocio”.

La resolución de la Defensoría, con fecha del 2 de noviembre de 2010 nunca fue contestada por el Ministerio de Educación. “Nunca pedimos censurar ese programa, no se nos ocurrió. Lo que se cuestionó es el enfoque sesgado hacia la promoción del consumismo, de la estratificación social y se sugirió que ese punto de vista debe complementarse con otros modelos de la organización del trabajo, como el cooperativismo”, dijo a Página/12 Gustavo Lesbegueris, responsable del área Derecho a la Educación de la Defensoría.

Dos años después de aquella resolución, la directora de Planeamiento Educativo del Ministerio porteño, Mercedes Miguel, dio su visión sobre el tema: “Se está dictando en el marco de la materia Economía, en las escuelas secundarias, el programa “Aprender a emprender”. Se hace en las escuelas que deseen hacerlo, en forma optativa, fuera del horario de clase”, afirmó. La funcionaria informó que este programa se implementa como “experiencia piloto” desde el año pasado, y adelantó que “este año se celebrará un convenio con la fundación”. Consultada por este diario, manifestó desconocer la participación de Junior Achievement en escuelas primarias, desde 2010, aunque aclaró: “Hay muchas fundaciones que trabajan con el Ministerio. Valoramos el aporte del tercer sector”.

En forma paralela, Junior Achievement sigue ofreciendo sus programas a los directivos de escuelas. No sólo el mencionado por la funcionaria sino otro, denominado “Festival de valores/Espíritu emprendedor”, auspiciado por la empresa American Express, que aporta los voluntarios que están a cargo de las exposiciones: una suerte de decálogo de “principios filosóficos de la actitud emprendedora”, para alumnos de 16 y 17 años, que incluye la proyección de videos que promocionan valores tales como: “Sé laborioso, cumple tus obligaciones; no robes, no asesines”.

Junior Achievement está presente en 134 países. Tiene una oferta de cursos para alumnos de escuelas públicas y privadas. En Argentina, extiende su actividad más allá de la avenida General Paz: “Estamos en 20 de las 24 provincias”, dice Marty.

De acuerdo con su sitio web, entre los sponsors de la fundación se encuentran el Grupo Carrefour, Monsanto Argentina, Motorola, Coca-Cola de Argentina, Fedex Express, Cargill, GE Elfun Volunteers Argentina, Codere, Ford, Hewlett Packard, Cafesg y Ternium, entre otros.

Ese capital es el que teme perder y no es poco: unas 2000 empresas sostienen la fundación. Según palabras de Marty: “Nos atacan porque tenemos nombre en inglés, porque es un programa que se inició en Estados Unidos y estamos financiados por empresas norteamericanas. Pero con las críticas nos están ahuyentando los sponsors, los están asustando”, se lamenta.

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Imagen: Rafael Yohai
 
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