SOCIEDAD

El enfermero acusado por el crimen del médico sigue preso por un pelo

El jefe de la barra brava de Platense, detenido por el crimen del cardiólogo, fue reconocido a medias por la mujer de la víctima. En tanto, la policía busca la pista del arma usada en el homicidio en una clínica donde trabajaba el médico Morelli, el otro detenido.

 Por Horacio Cecchi

Mientras continúa la investigación sobre la oscura muerte de José Martínez Martínez y se tejen infinidad de versiones alrededor del crimen, fuentes judiciales revelaron ayer que sobre Luis Cosentino, el segundo enfermero detenido, ya existiría una orden del juzgado para liberarlo. Cosentino no fue reconocido por la mujer del cardiólogo asesinado como la persona que concurrió al consultorio el día anterior al crimen, como paciente. El otro enfermero, Claudio “Malena” Balena, en cambio, sigue detenido por un pelo: fue parcialmente reconocido. Lo que desorienta es que el pseudopaciente no era calvo y Balena tiene el cráneo rapado. Martínez Martínez confeccionó una ficha –a la que tuvo acceso este diario– tras atender a ese paciente. Allí registró una enfermedad cardíaca congénita que el defensor de Balena, Claudio Mazaira, intentará utilizar como prueba para liberar a su cliente. Entretanto, siguiendo los datos aportados por Página/12, Delitos Complejos busca la pista del arma usada en el crimen en la Clínica Catán, donde cumplía guardias el médico detenido, Néstor Morelli. A todo esto, Malena mantuvo contacto telefónico con este diario desde el penal de Ezeiza. Dijo lo obvio: “Me estoy comiendo un garrón. Soy inocente”.
El lunes 26 de mayo, después de revisar al paciente durante unos 20 minutos, Martínez Martínez confeccionó una ficha. Este diario tuvo acceso a ella y mantendrá en reserva la identidad del paciente. Sintéticamente, dice así: “I. Carlos; nacido en 1964; peso 86,600; palpitaciones; toma café, mate, alcohol. Atlansil (un medicamento para cardíacos); presión 120-80; pulsaciones, 90; PR corto; WPW; suspendo mate, café, alcohol. Receto Tranquinal 5 por 1”.
WPW es la sigla de Wolf Parkinson White, una enfermedad cardíaca congénita. Según especialistas consultados por este diario, en la lectura del electro a ojos no demasiado expertos puede pasar como un infarto. Pero Martínez Martínez era demasiado experto y detectó la WPW.
Para el defensor de Balena, Claudio Mazaira, es una prueba irrefutable de que su cliente no es el mentado pseudopaciente. “En lugar de investigar si mi cliente usó una peluca –dijo a este diario–, tendrían que hacerle un estudio cardiológico. Podría engañar con la agitación, pero jamás podría mentir en el electro. Eso demostrará que él no fue el paciente revisado.” Hoy, Mazaira pedirá al juzgado que realicen ese estudio, que no necesariamente implicará la libertad de Malena.
–Si en el estudio no aparece la WPW, ¿quiere decir que (Balena) es inocente?
–De ninguna manera –respondió un encumbrado cardiólogo, ex jefe de una unidad coronaria–. La WPW aparece por azar en el electrocardiograma. Un día se la puede registrar y otro no.
En rueda de presos, Malena Balena fue parcialmente reconocido por la mujer de Martínez Martínez, quien trabajaba en el consultorio como secretaria. “Ese, el número dos”, señaló la mujer después de mirarlo por todos los costados. “Es parecido, pero éste no tiene pelo y el que yo vi sí. Tendría que imaginarlo con saco y sobretodo”, aseguró, recordando cómo vestía el pseudopaciente, de cráneo cubierto de pelo “renegrido, corto, grueso, con onda y cuerpo”. El parecido es el que, por el momento, deja pegado a Balena. El abogado, además, pedirá que se determine si en las historias clínicas del Hospital Tornú, donde trabaja Balena, aparece la letra del enfermero en las anotaciones del lunes 26. Como trabaja de 18 a 24, eso demostraría que en el horario de la consulta (las 18 horas) no estaba en el consultorio de Martínez Martínez sino en el Tornú. El propio Balena dijo ayer a este diario, desde Ezeiza: “No está en mis códigos matar ni robar, mis problemas vienen de la cancha (es el jefe de la barra brava de Platense). No soy tan malo como dicen”.
En cambio, para su colega Luis Cosentino habría orden de libertad. Motivo: no fue reconocido por la mujer. Una versión que recorría ayer al Tornú señalaba que una enfermera había sido detenida ayer al mediodía en su casa. “Desmentido”, fue la respuesta contundente de una alta fuente vinculada al caso.
Ayer, hombres de Delitos Complejos visitaron la Clínica Catán, de González Catán. Tal como anticipó Página/12 el viernes pasado, el médico detenido Néstor Morelli cumplía guardias en esa clínica. El año pasado, según empleados del lugar, Morelli mostró una pistola a otro médico que comparte con él la afición por las armas. Era una 3.80 con silenciador. El mismo tipo de arma que ahora buscan afanosamente porque fue utilizada en el crimen. El médico en cuestión se encuentra de viaje en el exterior y seguramente será citado como testigo a su regreso. El director Lewin, que confirmó esa información, ya fue citado al juzgado. En esa misma clínica trabajaba Enrique Flores Guerra, un médico peruano que coincidía en las guardias con Morelli. El 18 de diciembre pasado fue asesinado en su casa.

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El consultorio de Martínez Martínez, escenario del crimen, sobre la calle Junín, en Recoleta.
 
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