SOCIEDAD › NOAM CHOMSKY, OPOSITOR A LA GUERRA DE BUSH

“Fue una guerra ejemplificadora”

El lingüista, polemista y duro opositor a las políticas de su gobierno, no tiene dudas: Irak fue elegido “por ser el país más débil de la región” y por “tener mucho petróleo” para enseñarle al mundo la nueva doctrina Bush. Esta indica que EE.UU. hará la guerra donde, cuando y con quien quiera, sin aceptar límites de la ONU. El objetivo profundo es cristalizar un sistema de gobierno interno que elimine todo rastro de políticas sociales.

Por Atilio Boron

–Examinando las recientes políticas de los Estados Unidos en relación a Irak, ¿cuál cree que ha sido el verdadero objetivo de esta guerra?
–Podemos estar completamente seguros de una cosa: las razones que aducen no son las “verdaderas” razones. Lo sabemos porque son internamente contradictorias. Un día Bush y Powell afirman que la “única cuestión” es si Irak se desarma o no. Al día siguiente dicen que no importa el desarme de Irak porque invadirán de todos modos. Poco después dicen que si Saddam y su grupo abandonan Irak entonces el problema estaría resuelto. Y al día siguiente, en la Cumbre de las Azores, cuando lanzaron el ultimátum a las Naciones Unidas, dijeron que aun cuando Saddam y su pandilla salieran de Irak ellos invadirían de todas maneras. Y continuaron de este modo todo el tiempo. Creo que los verdaderos motivos no son demasiado oscuros o difíciles de comprender. En primer lugar, existe un interés de larga data en esa zona. Irak posee las segundas reservas de petróleo del mundo y, en este sentido, controlar el petróleo iraquí y, más aún, establecer bases militares en Irak, situaría a los Estados Unidos en una posición aún más fuerte que la actual para dominar el sistema energético internacional. Esto es por sí mismo extremadamente importante a los efectos del control mundial, y a ello habría que sumar las ganancias que se derivarían de tal predominio. Probablemente Estados Unidos no intente acceder al petróleo de Irak, tal vez use los recursos más seguros de las cuencas petrolíferas del Atlántico. Sin embargo, controlar el suministro mundial de petróleo ha sido un principio rector de la política exterior estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial, e Irak es particularmente significativo en esteaspecto. De modo que éste es el interés de largo plazo. Si queremos entender el momento, la oportunidad de la invasión, es preciso recordar que en septiembre de 2002 comenzó una masiva campaña de propaganda en favor de la guerra. Antes de esta fecha el régimen de Irak era acerbamente criticado pero no existía un proyecto de fomentar entre la población norteamericana una fiebre belicista. Es por eso que debemos preguntarnos qué más sucedió después de septiembre de 2002. Bien, dos cosas importantes tuvieron lugar. La primera fue la apertura de la campaña para las elecciones legislativas al promediar el mandato presidencial de George W. Bush. Karl Rove –su jefe de campaña– fue muy claro al explicar aquello que debería ser obvio para todo el mundo: que a los republicanos no les sería posible ingresar en la campaña con un programa cuyo foco estuviera concentrado en torno de temas sociales y económicos. La razón era que la administración Bush estaba llevando a cabo políticas absolutamente perjudiciales para la mayor parte de la población y favorables tan sólo para el estrecho grupo de grandes empresas y los sectores corruptos vinculados al poder. Motivo éste suficiente, pues, para no poder enfrentar al electorado con propuestas de índole económica o social. Tal como Rove lo dijera, si pudiéramos hacer de la seguridad nacional el tema primordial de la campaña, entonces seremos capaces de ganar porque la gente se aglutina en torno del poder si se siente atemorizada. Todo eso quieren hacerlo no sólo para permanecer en sus cargos sino porque quieren institucionalizar, en la esfera doméstica, un programa de gobierno altamente regresivo que les permita suprimir todo vestigio de políticas socialdemócratas al estilo New Deal, convirtiendo al país en una sociedad no-democrática y pasiva, controlada casi por completo por un sector capitalista altamente concentrado y poderoso. Esto implicaría, por ejemplo, recortar el presupuesto público en salud, seguridad social, probablemente en educación, y al mismo tiempo un enorme aumento del poder estatal. Estos grupos dominantes no son conservadores; llevaron al país a contraer un déficit fiscal enorme gracias al mayor aumento en el gasto federal de los últimos 20 años y a los fabulosos recortes impositivos en favor de los ricos, y lo que quieren es precisamente institucionalizar este proyecto. Lo que buscan entonces es un descalabro fiscal que torne imposible continuar financiando los programas sociales. Saben que no pueden enfrentar una elección declarando que quieren destruir dichos programas de ayuda popular, pero sí pueden levantar sus manos con desesperación y decir “¡qué vamos a hacer, si no tenemos dinero!” una vez de que se cercioraron de tal cosa por las grandes reducciones impositivas otorgadas a los ricos y el fuerte incremento en los gastos militares (incluyendo a las industrias de alta tecnología) y en otros programas a favor de las grandes empresas y los ricos. Este es, por lo tanto, el segundo aspecto a tener en cuenta y que tiene que ver con los espectaculares logros de la campaña de propaganda lanzada por el gobierno.
–Y la campaña funcionó.
–Convenció muy rápidamente a la mayor parte de la población de que Irak era una amenaza inminente para la seguridad de los Estados Unidos e incluso de que era responsable por los atentados del 11 de septiembre. No existe un grano de verdad en todo esto, pero por ahora la mayoría de la población cree en estas historias y tales actitudes encuentran correlato en un fuerte compromiso con la guerra. Si la gente cree que hay un enemigo que pretende destruirla y ya los ha atacado, es muy probable que acepte ir a la guerra. Si mira la prensa de esos días, se describe a los soldados diciendo: “Estamos aquí por venganza, saben, porque volaron el World Trade Center, o porque nos atacarán”. Estas creencias son completamente únicas de los Estados Unidos: nadie en el mundo cree en algo siquiera parecido. No poca gente en Kuwait o Irán odia a Saddam Hussein, pero no le temen, porque saben que es el país más débil de la región. La campaña mediáticagubernamental funcionó brillantemente, aterrorizando a la población hasta hacerle aceptar la guerra pese a que existía mucha oposición ante la opción bélica. Pero hubo un tercer factor, tal vez aún más importante que los anteriores. En septiembre de 2002 el gobierno anunció la nueva estrategia de seguridad nacional. Esta no es una medida sin precedentes por sus contenidos, pero sí lo es en tanto que formulación oficial de política de Estado. Lo que allí se anuncia es que Estados Unidos destruirá el sistema de derecho internacional en su totalidad, el fin de la Carta de las Naciones Unidas, y que los Estados Unidos llevará a cabo guerras en cualquier momento y lugar que nos parezca oportuno y que gobernaremos al mundo por la fuerza. Además, nos aseguraremos de que no exista desafío alguno a nuestra dominación, porque somos tan abrumadoramente superiores en materia militar que simplemente aniquilaríamos cualquier desafío potencial a nuestra primacía. Como se pueden imaginar, esta declaración produjo escalofríos en todo el mundo y estremeció a la elite diplomática norteamericana. Es decir, no es que cosas como estas no habían sido jamás escuchadas en el pasado. Pero nunca habían sido formuladas como la política oficial de los Estados Unidos. Sospecho que tendríamos que remontarnos hasta Hitler para encontrar una analogía. Cuando alguien propone nuevas reglas para el comportamiento internacional tiene que ilustrarlo, tiene que lograr que la gente entienda lo que se quiere decir. Debe haber lo que un historiador de Harvard denominó una “guerra ejemplar”, una guerra modelo, que demuestre que nosotros realmente hacemos lo que decimos. Para ello es preciso contar con una víctima apropiada, que debe reunir varios atributos. Debe ser un objetivo completamente indefenso. Nadie elegiría atacar un blanco capaz de defenderse, sería imprudente. Irak cumplía este requisito a la perfección, dado que es el país más débil de la región, fue devastado por sanciones y estaba casi completamente desarmado. Además, los Estados Unidos escrutaron cada pulgada del territorio iraquí con satélites, sobrevuelos de vigilancia y vuelos de U-2. En segundo término, debe ser un objetivo importante y valioso. Es decir, carecería de sentido invadir Burundi, el blanco debe ser un país que, por sus recursos y riquezas, valga la pena controlar. Irak también satisface esta segunda condición. Por lo tanto, es un caso ideal para la guerra ejemplificadora, cuya intención sería poner al mundo sobre aviso al explicitar concretamente que esto es lo que estamos dispuestos a hacer en cualquier momento. Tenemos el poder, y hemos declarado que nuestro objetivo es la dominación por la fuerza y que ningún desafío a nuestro dominio será admitido. Les hemos demostrado qué es aquello que nos proponemos hacer y estamos preparados para el siguiente. Procederemos, entonces, hacia nuestra próxima operación. Ante esta serie de condiciones, la guerra aparece como una muy razonable elección a los efectos de poner algunos principios a prueba.
–De acuerdo con su análisis, ¿cuál podría ser el próximo objetivo? Porque de sus palabras infiero que no cree que los Estados Unidos se detendrán en Irak. ¿O sí?
–No, ya lo han dejado muy en claro. Necesitan algo para la próxima elección presidencial y continuarán con sus aventuras bélicas. Durante sus primeros doce años de gobierno (1980-1992) así ocurrió y así seguirá ocurriendo hasta que logren institucionalizar las políticas domésticas aludidas más arriba y disponer de un sistema internacional congruente con sus planes. De modo que ¿cuál es el próximo blanco? El próximo objetivo elegido debe reunir condiciones similares a las anteriormente mencionadas. Debe ser suficientemente valioso e indefenso para ser atacado. Siria es una posibilidad. En ese caso Israel estaría encantado de participar. Si bien Israel es un país pequeño, desde el punto de vista de su poderío es una verdadera base militar “off shore” de los Estados Unidos, de modo que detenta una fuerza militar enorme, con cientos de armas nucleares yposiblemente algún tipo de armas químico-biológicas. Sus fuerzas de aire y tierra son mayores y más avanzadas que las que integran cualquiera de los países que forman parte de la OTAN, y Estados Unidos está por detrás de todo este enorme aparato militar. Irán es otra opción, aunque más difícil porque es un país más complicado para dominar y controlar. Sin embargo, existe una razón para creer que durante uno o dos años ha habido esfuerzos encaminados a tratar de desmantelar a Irán, a fracturarlo en grupos internamente irreconciliables. Estas iniciativas han estado en buena medida orquestadas desde las bases norteamericanas en las provincias orientales de Turquía, desde donde también han partido vuelos de reconocimiento y vigilancia sobre la frontera iraní. La tercera alternativa, que no puede ser considerada a la ligera, es la región andina. Se trata de una zona que posee muchos recursos y que está fuera de control en países como Colombia, Venezuela y probablemente Ecuador. Existen bases militares estadounidenses rodeando toda la región, y las fuerzas de los Estados Unidos ya están instaladas allí. El control de Latinoamérica es extremadamente importante, por supuesto, especialmente con los acontecimientos que tienen lugar en Venezuela, Colombia, Ecuador, Brasil y Bolivia. Está claro que la dominación de los Estados Unidos se ve amenazada y esto no puede ser aceptado, en particular en una región tan próxima y crucial debido a la riqueza de sus recursos naturales. Entonces esta es la otra posibilidad.
–¿Esta situación en Irak, la invasión y sus secuelas, afectarán de una manera irreparable la estabilidad política de Medio Oriente? ¿Cuáles serían los probables efectos colaterales de esta invasión en países caracterizados por la fragilidad de su constitución política, como Arabia Saudita, Siria, Irán o incluso los territorios kurdos? ¿Qué podría suceder con el problema palestino, que continúa siendo crucial en la región?
–Lo que sucederá en el mundo árabe es extremadamente difícil de predecir. Es un mundo desorganizado y caótico, en donde existen regímenes altamente autoritarios y brutales. Sabemos cuáles son las actitudes populares que allí predominan. Quiero decir, Estados Unidos está muy preocupado con las actitudes que prevalecen en la región y académicos norteamericanos especializados en los países del Medio Oriente han realizado investigaciones bastante buenas sobre el área y sus resultados fueron dramáticos. Uno de los estudios más recientes, de la Universidad de Maryland, cubrió desde Marruecos hasta el Golfo Pérsico y el Líbano. Bien, en esa área una mayoría abrumadora de la población manifestó desear que los líderes religiosos tuviesen un papel más importante en el gobierno. Un porcentaje similar, cercano al 95 por ciento, cree que el único interés norteamericano por la región es el acceso a sus reservas de petróleo, el fortalecimiento de Israel y la posibilidad de humillar a los árabes. Estamos ante una opinión casi unánime. Así, de existir alguna voz popular que pudiese surgir en la región, o algún tipo de movimiento democrático, podría convertirse en algo similar a lo conocido en Argelia hace diez años. No sería necesariamente un gobierno islamista radical sino uno con una corriente islamista más enérgica que la que actualmente existe en muchos países. Creo que esto sería lo último que querría Estados Unidos, de modo que muy probablemente toda alternativa de apertura democrática tropezaría inmediatamente con una férrea oposición de la Casa Blanca. Pero las voces en favor de una democracia secular tampoco serían aceptadas por Estados Unidos. Si pudieran hablar libremente, por ejemplo, sobre la violación de las resoluciones de las Naciones Unidas, esas voces presentarían el caso de Israel, que tiene un record mucho peor que el de Irak en esta materia. Pero, claro está, Israel goza de la protección de los Estados Unidos. Esas voces también expresarían su preocupación por la independencia, que los Estados Unidos no favorecen, de forma tal que cabe esperar que Washington continuará apoyando regímenes opresivos y nodemocráticos como en el pasado, y tal como lo hizo en América Latina por muchos años, a menos que se le puedan dar garantías de que los nuevos gobiernos de la región habrán de ajustarse estrictamente a las prioridades de Washington. Por otro lado, estos movimientos populares del mundo árabe son tan caóticos que resulta difícil predecirlos –es decir, incluso quienes participan en ellos no saben o no pueden saber qué es exactamente lo que quieren–; lo que sí conocemos es el tremendo odio, el antagonismo y el miedo –probablemente como nunca antes– existente en relación a Estados Unidos. El problema israelí-palestino es, por supuesto, el tema central en el mundo árabe. La administración Bush ha sido muy cuidadosa al respecto, y no ha tomado partido por ninguna posición. Sus acciones, sin embargo, socavan las perspectivas de una resolución pacífica del conflicto. Por ejemplo, al financiar nuevos programas de asentamientos de los israelíes en los territorios árabes.
Es por ello que nuestros gobernantes no dicen nada. Casi todo lo que dicen es que “tenemos una visión”, algo realmente sin sentido. Mientras tanto, el silencio oficial contrasta con el apoyo efectivo a las posiciones más extremistas dentro de Israel. Por eso lo que la prensa ha señalado como la expresión más significativa de George Bush –reiterada por Colin Powell más tarde– fue que la colonización de los territorios árabes ocupados continuará hasta que Estados Unidos determine que las condiciones para la paz han sido establecidas, y se pueda avanzar en esa mítica Hoja de Ruta trazada por Washington.
–Un artículo reciente de Henry Kissinger, reproducido por la prensa argentina, decía que el multilateralismo estaba terminado y que el mundo tenía que aceptar las condiciones derivadas de la superioridad absoluta de las fuerzas armadas norteamericanas, dado que el antiguo orden internacional está terminado.
–Es la formulación más descarada de políticas que se inscriben en la misma tónica de siempre. El unilateralismo siempre existió en el marco de las Naciones Unidas y Henry Kissinger sabe esto perfectamente bien. Es algo que viene de muy atrás. Quiero decir: ¿hubo alguna autorización de las Naciones Unidas aprobando la invasión norteamericana a Vietnam del Sur hace 40 años? En realidad, el tema ni siquiera pudo instalarse en la agenda de discusión de las Naciones Unidas. La ONU y casi todos los países se oponían abrumadoramente a las operaciones de Estados Unidos en Vietnam, pero el tema nunca pudo aparecer y ser sometido a discusión porque todos sabían que si tal cosa ocurría las Naciones Unidas serían simplemente desmanteladas por Estados Unidos. Cuando la Corte Internacional de Justicia condenó a Washington por su ataque a Nicaragua la respuesta oficial de la administración Reagan –que, insisto, es la misma gente que actualmente está en el poder– cuando rechazaron la jurisdicción de la Corte Internacional fue que otras naciones no estaban de acuerdo con nosotros y por ende nos reservamos el derecho a determinar qué es lo que recae dentro o fuera de la jurisdicción interior de Estados Unidos. Estoy citándolo textualmente. En este caso se trató de un ataque a Nicaragua. Difícilmente podrían ustedes tener un unilateralismo más extremo que éste. Y las elites norteamericanas lo aceptaron, y lo aplaudieron y, en realidad, el asunto fue rápidamente olvidado. En su próximo viaje a Estados Unidos hable con sus colegas en cualquier Departamento de Ciencia Política y encontrará a gente que jamás escuchó hablar sobre este tema. Fue completamente barrido de la escena. Este es la razón por la cual Estados Unidos tuvo que vetar las resoluciones del Consejo de Seguridad en apoyo de la decisión de la Corte y exhortando a todos los países a acatar la legislación internacional. Bueno, esto es unilateralismo en su forma más extrema, y todavía se remonta mucho más atrás en el tiempo. Justo después de la crisis misilística de octubre de 1962, la cual prácticamente condujo al mundo al borde de una guerra nuclear terminal, laadministración Kennedy reanudó sus actividades terroristas y su guerra económica contra Cuba, lo cual fue el antecedente para la crisis. Dean Acheson, un respetado hombre de Estado y consejero de Kennedy, del ala liberal del espectro político norteamericano, pronunció un importante discurso en la Sociedad Norteamericana de la Ley Internacional en el que enunció, en sus líneas principales, los contenidos de la Doctrina Bush de septiembre de 2002. Lo que dijo es que no hay ninguna “controversia legal” que pueda surgir en el caso de una respuesta norteamericana ante un desafío a su “poder, posición y prestigio”. Nada puede ser más extremo que esto. Las diferencias con septiembre de 2002 son que en lugar de ser una política operativa ahora se convirtió en la política oficial del gobierno norteamericano. Esta es la diferencia. Las Naciones Unidas han sido irrelevantes en la medida en que Estados Unidos les impidió funcionar. Es por esto que, desde mediados de 1960, cuando las Naciones Unidas se habían convertido en algo más independiente a causa de la descolonización y de la recuperación de otros países del mundo luego de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió de lejos en el país que más resoluciones del Consejo de Seguridad ha vetado sobre un amplio rango de temas –Gran Bretaña está segunda– y ningún otro país está ni siquiera cerca de esta situación. Esto es lo que hace que las Naciones Unidas no sean efectivas. Esto equivale a decir que “o ustedes hacen lo que les decimos o les patearemos el trasero”. Actualmente es mucho más descarado. Lo único correcto que Kissinger está diciendo es que ahora no encubriremos las políticas que estamos llevando a cabo.
–¿Cuál ha sido el impacto de la guerra iraquí sobre las libertades públicas de Estados Unidos? Escuchamos historias muy preocupantes sobre bibliotecarios forzados a indicar los nombres de gente que solicita libros considerados “subversivos”? ¿Cuál ha sido el verdadero impacto de la guerra en la política interior y en la vida cotidiana de los Estados Unidos?
–Estas cosas están ocurriendo, pero pienso que no están específicamente conectadas con la guerra de Irak. La administración de Bush, me permito repetirlo, está integrada no por conservadores sino por estatistas reaccionarios. Ellos quieren un Estado muy poderoso, enorme, violento y que refuerce la obediencia y la sumisión de la población. Existe en ellos un tipo de espíritu cuasi-fascista, como telón de fondo, y por eso han estado tratando de socavar los derechos civiles de muchas maneras. Este es uno de sus objetivos de largo alcance, y tienen que hacerlo rápidamente porque en los Estados Unidos existe una tradición de protección muy fuerte de los derechos civiles. La clase de vigilancia que me comenta en relación a las bibliotecas es un paso más en esa dirección. Ellos han reivindicado también el derecho del gobierno a detener a un ciudadano estadounidense sin cargos –y sin acceso a abogados, ni a su familia– y mantenerlo detenido indefinidamente. Esto, además, ha sido avalado por la Corte, lo que de por sí es una atrocidad. Pero ahora tienen una nueva propuesta, en ocasiones denominada “Patriot Two”, un documento de unas ochenta páginas generado dentro del Departamento de Justicia y que alguien tuvo a bien filtrarlo a la prensa para su publicación. A raíz de esto se publicaron algunos artículos de profesores de leyes que se sentían ultrajados por el contenido de dicho documento. Esto hasta ahora sólo se encuentra en su fase de planeamiento, pero a más de uno le agradaría implementarlo tan secretamente como se pueda. Estas propuestas permitirían al fiscal general, por ejemplo, privar de la ciudadanía norteamericana a cualquier individuo sospechoso de estar involucrado en actos que de cualquier forma pudieran ser perjudiciales para los intereses de Estados Unidos. Es decir, todo esto va mucho más lejos que cualquier cosa contemplada en cualquier sociedad democrática. Un profesor de leyes de la Universidad de Nueva York escribió que esta administración evidentemente intentará eliminar orecortar los derechos civiles de los ciudadanos, y creo que básicamente está en lo cierto. Esto es congruente con sus políticas estatistas reaccionarias, que tienen manifestaciones en la vida internacional, la economía, la vida social y también en la vida política.

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