SOCIEDAD › PEPE MUJICA, DIRIGENTE DEL FRENTE AMPLIO URUGUAYO Y DE LOS TUPAMAROS

“Nunca nada es todo negro ni tan blanco”

Fundador de los Tupamaros, fue herido de bala y estuvo preso varias veces. La última fueron nueve años en absoluto aislamiento. Fue senador por el Frente Amplio y su corriente ganó las últimas internas de esa fuerza frentista que las encuestas señalan como ganadora de las próximas elecciones presidenciales.

 Por Luis Bruschtein

“Yo creo que lo que nos permitió sobrevivir a tantos cambios en la militancia fue que siempre tuvimos la misma actitud ética” afirma el diputado, ex senador y dirigente del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) Tupamaros, del Uruguay, Pepe Mujica. Con más de 70 años, varios de ellos en la clandestinidad y en prisión y otros tantos como legislador y dirigente del Frente Amplio, la fuerza política más importante de su país, Mujica se ha convertido en un personaje legendario de América Latina. “La política está para ayudar a la gente y tiene que enamorar a la juventud”, señala el ex guerrillero al que todos recuerdan en Uruguay cuando iba en bicicleta a ocupar su banca en el Senado mientras seguía trabajando en su puesto de venta de flores en Montevideo.
–Uno llega a la política primero por los sentimientos, después la piensa y se pone a construir. Uno se sensibiliza ante las injusticias y luego se enamora de la política cuando se da cuenta que es una herramienta para transformarlas. Eso es la política. Apenas salí me invitaron a hablar en un acto de jóvenes. Cuando subí al escenario había un olor a mariguana total. Y yo me puse en el lugar del abuelo, les hablé de la vida, les di consejos, ¿qué les voy a hacer un discurso de partido? La política es para ayudar a la gente. La política tiene que enamorar a la juventud, tienen que sentir amor por la política. ¿Pero qué puede sentir ahora la juventud por la política? Siente que es una mierda. Por eso es importante para nosotros expresar otra forma de hacer política, que es para ayudar a la gente, tener sensibilidad ante las injusticias y tratar de luchar contra ellas.
–¿Cómo llegó usted a la política?
–Mi primera experiencia fue hace muchos años, en el secundario, cuando empecé en un grupo libertario. Después hicimos una experiencia con una agrupación que dirigía Enrique Erro. Para ese entonces, lo que después sería el MLN Tupamaros, ya se había empezado a juntar. Militantes de diferentes agrupaciones políticas y sociales nos habíamos dado cuenta ya a principios de los años ‘60 que cada vez los gobiernos se hacían más autoritarios, que el viejo país que supuestamente habíamos tenido, la Suiza de América, iba quedando cada vez más atrás, cada vez había menos para repartir y en cambio había más palos. Cada gobierno se hacía más represivo y más autoritario. Entonces habíamos empezado a reunirnos, gente que venía de distintos palenques y algunos de la militancia gremial, para discutir este endurecimiento progresivo de la represión y la pérdida progresiva de la calidad democrática en el país. Todos teníamos una militancia popular y nos reuníamos a discutir temas para la autodefensa, digamos, de la movilización popular. De día cada quien militaba en su partido o en su gremio y de noche nos reuníamos para conspirar.
–¿Ese fue el origen de los Tupamaros?
–En realidad el MLN empezó por una operación que no se hizo. Nosotros habíamos apoyado la movilización y la lucha de los trabajadores cañeros. En una marcha habían sido detenidos dos trabajadores y nos habíamos puesto de acuerdo para liberarlos cuando fueran trasladados al interior del país por tren. Era una operación muy complicada. Ya la teníamos pronta, íbamos a quedarnos con un tren en el trayecto, sacar los tipos y después poderlos “sucuchar” y eso nos complicó bastante la vida. Pero cuando la teníamos pronta, la operación falló porque alguien que oficiaba en la defensa de los cañeros se “apretó” y no nos pasó el día que los llevaban. Por susto, que es humano, nomás. Y cuando hicimos el balance autocrítico de porqué nos había pasado eso, llegamos a la conclusión de que había sido por tener una disciplina federal, eso de que cada quien seguía en la disciplina de su partido de origen. Tenemos que pertenecer a esto, planteamos, tenemos que crear una nueva disciplina. Y un poco el MLN se va a crear en esa discusión. Estoy resumiendo mucho.
–Mientras los gobiernos se endurecían, al mismo tiempo crecía el MLN...
–Estos pininos van a recorrer el año ‘63, ‘64, y se va a afirmar fundamentalmente, tuvimos alguna derrota, muchos compañeros clandestinos, pero lo sobrellevamos. Fue una época en que varios compañeros argentinos estaban refugiados en Uruguay. En Uruguay se va a producir una transformación constitucional muy seria y vamos a empezar a tener un Ejecutivo en el año 1966 con muchos más poderes y sobreviene la presidencia de Pacheco, francamente represiva, y nosotros vamos a crecer y asentarnos en ese tiempo, dando respuestas fundamentalmente de carácter propagandístico, simpático, reinventando las tácticas de guerrilla urbana, un poco contra la cátedra de aquellos tiempos.
–La idea de la guerrilla urbana era muy criticada en ese momento.
–Todas las revoluciones que triunfan terminan siendo un veneno porque te venden el paquete completo. Nosotros anduvimos bastante cruzados en ese tiempo porque los cubanos planteaban que la ciudad era el cementerio de los revolucionarios, todo eso. La verdad que no les dimos mucha pelota y nos pusimos a hacer lo que pudimos y ahí van a sobrevenir las primeras canas. Yo caí en el año ‘64 en una expropiación fallida, pero la saqué como un robo común, estuve un añito en la cana y ya palpé las delicias de la represión. La tortura siempre existió, pero como se la aplicaban a los delincuentes comunes no había comisiones de derechos humanos. Me acuerdo que anduve como tres meses durmiendo boca arriba porque me dieron una biaba que casi me matan. Salí de ésa y seguimos. Después pasé a la clandestinidad en el año ‘69 y en el año 70 caigo en cana baleado. Estoy vivo de chiripa. Me balearon a tres cuadras del Hospital Militar y me llevaron allí. De casualidad, el cirujano que estaba de guardia, que se murió la semana pasada, era compañero nuestro. Me sacó del cajón. No estaba escrito que muriera. Y bueno, fui en cana y me volví a rajar con una fuga grande, salimos 118 compañeros del penal de Punta Carretas. Estaba todavía con puntos, me volvieron a operar afuera y volví a caer en cana todavía con los puntos, me volví a rajar ahí en otra fuga. Hasta que se vino la debacle y nos tocó caer otra vez en la cana.
–¿Usted era de los nueve dirigentes que mantuvieron incomunicados durante diez años?
–A nosotros nos llevan al penal de Libertad con el conjunto de los compañeros. Pero se armó un lío en el Penal y entonces decidieron sacar a los que les pareció a ellos que éramos los más pesados y llevarnos a los cuarteles. Allí pasamos unos diez añitos. Éramos un grupo de nueve compañeros que nos rotaban por distintos cuarteles, nos tenían apartados, no podíamos hablar con nadie. Conocimos mucho los cuarteles, hicimos algunos amigos que llegan hasta el día de hoy. Aunque parezca mentira. Porque nada es negro total, ni nada es blanco tampoco, y conocimos mucho al Ejército y a las Fuerzas Armadas. Hasta el punto que diría que en el Uruguay nadie los conoce más que nosotros. Porque hicimos política también. Siempre había alguna discusión con algún oficial, con éste o con el otro. La tropa no podía hablar con nosotros, pero estaban podridos y terminaban hablando. Y bueno, de allí tenemos algunos amigos de aquellos años. Había lacra pero también había tipos normales, digamos. Después va a venir el desinfle de la dictadura como se dio en Uruguay y hubo una amnistía y salimos en la última tanda.
–¿Y cómo fue el proceso de discusión al salir de la cárcel?
–La derrota, como la culpa, no la quiere nadie y las organizaciones de izquierda se dedican a hacer la autocrítica, se miran el ombligo y se matan. El Penal fue siniestro. Tres, cuatro mil tipos presos ahí, con distintos niveles de autocrítica. Se pasaron diez años haciendo la autocrítica, se destrozaron, se pulverizaron, se enfrentaron, hay broncas que duran hasta hoy. Pero como la represión nos quiso descabezar y nos sacó a nosotros, nos salvó políticamente, porque quedamos como congelados, como un puñado de viejos más allá del bien y del mal. Todo lo demás estaba cuestionado, menos nosotros porque no estábamos, porque no participamos en el gran kilombo de la autocrítica. Y había un compañero nuestro que yoconsidero que es genial, que era el “Bebe” Raúl Sendic, los demás somos bastante del montón. Cuando estábamos por salir, que nos trajeron de vuelta al Penal y empezamos a hablar otra vez entre nosotros, Sendic estaba convencido y nos convenció primero a nosotros de que había que salir de patas levantadas y con propuesta política y dejarse de joder con la autocrítica. Había que salir para adelante porque si no, no nos juntábamos más.
–De alguna manera la autocrítica estaba implícita en la propuesta política...
–Otro compañero y yo salimos unos 20 días antes y ya teníamos el trabajo político de conseguir un local. Salíamos de la cana para ir a una especie de congreso donde íbamos a definir cómo arrancábamos, cómo salíamos. Conseguimos un local, un convento, de tal manera que los compañeros salían y páh. Yo a la media hora de salir ya me andaba moviendo para conseguir ese local, y así arrancamos y ahí tomamos la decisión: tenemos que militar en la legalidad y salir de frente. Salimos a hacer una campaña de mateada de gato por todas las plazas, por todas las calles de los pueblos de todo el país. Se armaban unos kilombos que te volaban la bata. La respuesta en realidad nos la dio la vida. Todo empezó porque teníamos muchos amigos en el barrio La Teja, un barrio muy popular de allá. Entonces los citamos un día en la plaza y empezamos a conversar abajo de un árbol y ahí nos dimos cuenta que era un método. No un método de hacer actos políticos, sino de ida y vuelta con la gente. Y empezamos a replicar esa experiencia por todo el país y nos fuimos metiendo. Conseguimos un local, le encajamos un letrero y páh.
–¿Cuántos eran los que estaban discutiendo en el Convento?
–Allí seríamos más o menos unos doscientos tipos, de la mañana a la noche. Llegamos a estar como quince días discutiendo allí. De ahí yo salí porque me mandaron a un primer acto de masas que se hizo en Uncoso, yo todavía estaba pelado de la cárcel y tuve que improvisar un discurso. Por alguna casualidad dije cosas que tienen alguna coherencia con los pelotazos que estamos diciendo hoy. No porque seamos muy coherentes, sino porque se dio así nomás, yo qué sé.
–¿Esos actos los hicieron como Tupamaros?
–Sí, sí, directamente como Tupamaros, nosotros no regalamos la cancha para escondernos debajo de una piedra o ponernos otro nombre y disimular. No. Salimos con nuestra bandera, con nuestro nombre. Era medio fuerte, medio audaz.
–¿Los doscientos acataron esa decisión?
–Después se fueron plegando otros, porque todo se venía dando con gente que venía del exterior, del exilio. Los que venían del exilio eran un fenómeno, los que llegaban de la Europa rica, sobre todo, se bajaban del avión y traían unos mamotretos, montañas de papeles y nos pedían posición sobre eso. Me acuerdo que hubo unos que trajeron 36 kilos de papeles de Suecia, se habían pasado años escribiendo posiciones, y se los llevaron al Bebe, a Sendic, querían que imprimiéramos esos papeles y los hiciéramos circular. Y Sendic les dijo que iba salir un montón de plata. Y algunos quedaron ofendidos hasta hoy. Y también pasó eso con algunos que estaban en el país, porque había algunos que planteaban con mucha lógica que nos iban a matar a todos. Entonces planteaban formas clandestinas de organización, no para la lucha armada, pero sí por las dudas. Eso nos costó bastantes líos. Salíamos con un montón de divisiones del punto de vista interno. Hicimos un período de autocrítica afuera que nunca quedó terminada, porque nos metimos en la vida.
–¿Decidieron hacer la autocrítica después de un tiempo que estaban en libertad?
–Sí porque teníamos que ambientar esto, crear una nueva dirección, nuevos organismos. Sendic salió con un programa para arreglar el mundo. Era un programa sencillo, había una crisis económica y se planteaban algunas propuestas. Nos quiso meter en una reforma constitucional y ya deentrada quería que las mujeres salieran a juntar firmas y salió con la propuesta del Frente Grande. Estaba preocupado por explotar la victoria del movimiento popular porque había una efervescencia brutal. A la izquierda no le daba para tanto por su propia pacatería y ahí Sendic hizo la propuesta del Frente Grande, de tratar de agrandar lo más que se pudiera la cancha con un programa simple, de carácter reformista si se quiere, de cinco o seis puntos. Me acuerdo que anduvimos hablando con gente política de acá, de allá y de todos lados, que fue una siembra muy interesante en el campo de las ideas, porque años después la izquierda va a tomar algo de eso, pero va a costar.
–¿Y al mismo tiempo deciden impulsar el Frente Amplio?
–Pedimos el ingreso al Frente Amplio. Porque cuando se creó el Frente nosotros lo apoyamos, habíamos creado una organización para apoyarlo, la 26 de marzo, habíamos puesto plata, habíamos sacado militantes de la ilegalidad para que fueran allí y les dimos apoyo a los desgajes de los partidos burgueses, que era una gente bien que venía, les dimos una mano, habíamos trabajado durísimo. Y vamos a desembocar en la creación de lo que es el Movimiento de Participación Popular (MPP) para militar adentro del Frente tratando de crear un espacio donde pudiéramos nuclear lo que era la militancia independiente de izquierda de propuesta socializante, tratar de crear un foco dentro del Frente Amplio. Y bueno, el asunto caminó, fui candidato a diputado y así empezó esta última etapa en la que hemos crecido bastante. Después salí senador.
–¿Qué posibilidades tiene el Frente Amplio de ganar las próximas elecciones presidenciales?
–Hoy las encuestas nos dan ahí en el filo de ganar en la primera vuelta contra los colorados y los blancos juntos. El Frente Amplio es actualmente por lejos la fuerza política más grande del Uruguay. El asunto es que le dé para ganarles a los otros dos juntos.
–¿Y en el caso de ganar, cómo gobernarían?
–Vamos a agarrar un país destruido, con un endeudamiento público que lo somete, imposible de pagar, con una desindustrialización brutal del último período. Desde ese punto de vista es una versión bastante parecida a la que se dio en Argentina, y obviamente nuestra capacidad de hacer cosas va a estar muy condicionada por lo que pase en la región. Uruguay es un país muy pequeño que está en una esquina importante de la región y nuestra suerte está medio jugada en relación con lo que pueda pasar en el barrio y en no cometer demasiadas tonterías nuestras.
–Usted hizo política en dos etapas muy distintas, ¿qué es lo que tienen en común esos dos momentos?
–Hay un problema que siempre sucede, cuando un partido legal, de izquierda de masas, decide pasar a la lucha armada, es una de San Quintín, y al revés también, como nos pasó a nosotros. Eso significó siempre colapso. En nosotros tal vez por razones históricas se dio una cosa mezclada. En gran parte porque habíamos vivido las dos, por lo menos un puñado lo habíamos vivido así. Yo pienso que a nosotros, uno de los factores que nos ha mantenido a pesar de las metodologías tan diferentes que debimos afrontar es una ética frente a la política. Nos pueden relajar muchas cosas y metimos la pata un montón de veces. Pero tenemos un capital amortizado de un puñado de hombres que son intachables desde el punto de vista ético. Los vas a ver vivir de la misma forma, son coherentes en el patrón de vida. Y yo creo que eso ha generado reconocimiento, incluso por parte de la derecha.
–¿Cuál fue el secreto de que hayan podido mantener esa línea de conducta cuando cambiaba toda la realidad alrededor?
–Nosotros tuvimos una enorme flexibilidad en cuanto a las modalidades de hacer política, pero no transigimos nunca con la cuestión ética. Entonces nos sentamos a la mesa de cualquiera, dialogamos con cualquiera, nos llevamos bien con el que sea, pero nuestra manera de ser se mantiene. Y al principio, cuando apenas habíamos salido de la cárcel, lo hanintentado, trataron de domesticarnos, de ofrecernos todo, de llevarnos a sus mesas para ponernos como adornos en la vitrina de la sociedad burguesa y por suerte teníamos bien claro que en eso no íbamos a ceder.
–¿Y eso genera escuela también?
–Sí, eso forma a las nuevas generaciones. Nosotros tenemos una gran incertidumbre, porque los viejos somos cada vez menos y lo que pretendemos es dejar una ética en la política. Eso se expresa en una cantidad de detalles. Por ejemplo, nuestros diputados, nuestros senadores, son los tipos que cobran menos, que tienen un nivel de aporte partidario de la gran flauta. Cobramos once mil pesos uruguayos (300 dólares) por todo concepto. Con eso vivimos. Y eso que parece un detalle es una expresión concreta y a la larga la gente respeta eso. Formamos a las nuevas generaciones de compañeros en esa ética. Hay una cuestión de fondo. Porque alguien que representa a los partidos o a la gente de la burguesía, puede tener determinados patrones de vida. Nosotros que intentamos representar al pueblo, aunque la idea de la representación es muy cuestionable, pero esa es otra discusión, pero de todas maneras, aceptando las reglas de juego, nuestra mesa no puede ser la mesa de los patrones, nuestro rancho o nuestra cama, nuestro televisor, nuestro autito, nuestros gustos, nuestro diario vivir no puede ser el de ellos. Y eso es tangible, hace diferencia. Hace poco vino una delegación de Sudáfrica para una transmisión de mando. Estaban todas las bancadas y había dos negros enviados por Mandela. Les llamó la atención la pinta de los nuestros. Y cuando se fue a un chupeteo de esos que hay, ellos pidieron hablar con nosotros. Fue por la pinta nomás, de lejos. Eso dice mucho.

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