SOCIEDAD › LOS VECINOS DE PARQUE LEZAMA CORTARON DEFENSA PARA IMPEDIR EL ENREJADO DE LA PLAZA

Un corte para no quedar tras las rejas

Pese a los acuerdos con los vecinos, el gobierno porteño empezó a rodear el Parque Lezama con rejas. Apenas colocaron algunas, los vecinos gritaron el alerta. Realizaron una asamblea cortando Defensa. Para hoy anunciaron cortar Paseo Colón.

El sol ilumina a medias el antiguo edificio de la empresa Canale ubicado sobre la Avenida Martín García al 300. Desde allí se puede ver un cartel de papel madera que convoca: “Asamblea a las 18 hs”. A unos metros, más de cien vecinos reunidos, con gestos de tensión, demuestran que el cartel logró su objetivo. A pocos metros, dos patrulleros con uniformados de la Metropolitana y otros tantos con polis de la Federal completan la efectividad de la convocatoria. El punto de encuentro y desencuentro es el vértice sur del Parque Lezama, llegando a la calle Defensa. El motivo: el gobierno de Macri empezó a enrejar el Parque Lezama y los vecinos lo quieren libre de rejas.

Entre los asistentes a la asamblea, se ve todo tipo de rostros. Una mujer delgada, de unos 40 años, informa enérgicamente: “Los compañeros acaban de volver de la reunión con la Subsecretaría de Espacios Públicos y les dijeron que las rejas ya son una decisión tomada. ¡Cortemos la calle!” Los aplausos dan la aprobación para pisar la calle e interrumpir el tránsito en la intersección de Defensa y Martín García. Una mujer lleva el cochecito de su hijo para cruzar la calle y se detiene en el medio. El resto de los presentes la escoltan. Decenas de perros, atados a sus dueños, descansan sobre el empedrado de Defensa a la espera del inicio de la asamblea vecinal.

Una de las bicicletas hace las veces de atril para sostener un cartel de grandes proporciones que dice “yo quiero un parque libre de rejas”. La misma consigna aparece en distintas caligrafías, sobre cartulinas de colores que viajan en las manos de los hombres, mujeres y niños presentes.

“Es una lucha que venimos llevando hace mucho tiempo, que tiene dos puntos de conflicto”, explica Ernesto, un vecino del barrio que se acercó a la asamblea. “Por un lado, está el tema de que el parque iba a ser arreglado desde el año pasado para ahora. El parque está en obras desde mediados del año pasado y todavía no avanza.”

A espaldas de Ernesto, un sistema de enrejado rodea el perímetro del parque, que es el pulmón de la Comuna 1. Hace tiempo que los vecinos esperaban que se terminen las refacciones para poder entrar y darle el uso de espacio libre para el que se supone que existe. “Hoy nos encontramos con que no sólo no está terminada la obra, sino que además empezaron a construir rejas desde adentro del parque buscando que no las veamos”, remata el vecino.

A metros, y por detrás de los asambleístas, un patrullero de la Metropolitana se estaciona y bajan dos uniformados que se quedan mirando con cara de pocos amigos. La asamblea empieza a hacer sonar dos bombos y el compás pareciera dar la señal para que la Federal y la Metropolitana sumen patrulleros para encerrar a los manifestantes en Defensa.

La tensión es alta. Alguien grita, “¡damos por iniciada la asamblea!”. Dos jóvenes cuentan cómo fueron a juntarse con los representantes del Gobierno de la Ciudad: “Estaban Nicolás Quintana, Patricio Di Stéfano y otros cuatro –dice a la asamblea uno de ellos–. Nos dijeron que la decisión está tomada, que habían hecho un estudio y otros vecinos querían las rejas. Nosotros pedimos algo que nos demuestre que estos estudios existen, pero no nos dieron nada. Habíamos arreglado con Santilli algo, habíamos quedado en que el tema de las rejas se iba a tratar con la Comisión Nacional de Museos, dado que el Parque Lezama es patrimonio histórico. Pero las rejas ya están avanzando y lo único que va a quedar por fuera es la feria que pertenece al PRO”, enfatiza el joven. Una mujer de vestido floreado se aferra nerviosamente a la correa de su perro e interviene: “Te voy a interrumpir. Porque yo soy feriante, y soy del barrio. Y no todos estamos de acuerdo con las rejas. No-sotros no creemos que las rejas sean convenientes porque nos genera un impacto directo en la cantidad de personas que llegan”.

Por lo bajo, una señora comenta que a la “canchita de fútbol ya se la llevaron por delante con las obras” y que “reemplazar un anfiteatro que es un espacio de cultura por un estanque y un rosedal también es algo que tiene que preocupar” a todos los vecinos.

Varios niños se tiran cansinamente en el piso y juegan entre sí. La discusión se acalora. “Claro que hay que traer cultura al parque, yo propongo que nos pongamos a realizar actividades artísticas para protestar”.

Una voz tímida, pero que va cobrando fuerza, dice que las rejas ya son parte de la realidad. Que hay que aceptarlas. El sol ilumina la punta de la ex fábrica de Canale. Alguien la señala, y dice: “No podemos dejar que el parque se vuelva un lugar privado, se va a volver el patio del Gobierno de la Ciudad, que se va a mudar ahí”. “Hace dos años que nos venimos reuniendo, desde que los parques empezaron a ser enrejados. Yo digo que tenemos que unir fuerzas y llenar este parque de cultura. Si no, levantemos todo y vámonos”. Nadie se va, todos aplauden. “Quedamos en vigilar que no avancen las rejas y cortar Paseo Colón mañana a las 17”, dice uno de los asambleístas a Página/12. El aplauso finaliza la asamblea. Un grupo de chicos colecta contactos y anota a los vecinos que se acercan para formar un esquema de vigilias para que el enrejado no avance.

Informe: Fernanda Rezzano.

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El gobierno porteño empezó el enrejado del Lezama aduciendo una supuesta consulta a vecinos que nunca mostró.
Imagen: Bernardino Avila
 
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