SOCIEDAD › LA MODA DE LOS ASESORES Y TALLERES PARA LAS FINANZAS PERSONALES

Entrenadores de bolsillo

Las decisiones económicas ya no son tan sencillas ni privadas: cada vez más personas buscan asesores. ¿Es la nueva rama del bienestar?

 Por Soledad Vallejos

Los expertos dicen que de eso no se habla. O no se hablaba, porque resulta que ahora está de moda hacer todo lo contrario: haya poco, mucho, o sea una entelequia, el dinero de personas del montón es protagonista. ¿De qué? De talleres, seminarios, cursos, programas de televisión, éxitos editoriales. Importa menos la cantidad que saber qué hacer con él, porque en la marea de productos financieros, opciones de inversión que para cualquier profano suena a timba o misterio casi religioso, los gurúes económicos son profetas. Lo único seguro, cuando la brújula reside en herramientas financieras, es que guardar ahorros en el colchón es todo menos la conducta virtuosa del momento. Y allá van las pequeñas multitudes silenciosas, en tropel pero con paso seguro, a buscar saberes para perderse un poco menos a la hora de algo que parece tan sencillo como usar la tarjeta de crédito, o variar (jamás improvisar) estrategias para concretar el sueño de la reserva (ecónomica) propia.

La salud empieza por la billetera

Era el próximo escalón, el paso obvio. Después del personal trainer, de la pasión por el wellness al estilo El Arte de Vivir, de las tendencias gastronómicas de regreso a las fuentes (lo bio, la raw food, las dietas paleo), la lógica indicaba que iba a llegar la preocupación por la “salud financiera”. Así lo dice el licenciado en Economía Ezequiel Baum, que supo trabajar en administración y finanzas de empresas multinacionales. “Empieza a tener peso la salud financiera. Y tiene sentido, porque es la salud financiera la que te va a permitir hacer todo lo demás. Cuando tenés un estilo de vida desequilibrado, necesitás apoyos porque por tus propios medios no lográs balancear ingresos y gastos para hacer lo que querés. Por ejemplo: si querés ahorrar pero ves que no lográs capitalizarte a largo plazo, vas a buscar eso.”

El espíritu emprendedor de Baum encontró su propio rincón en el nicho de los gurúes de las finanzas personales con una etiqueta que dio nombre a su sitio web y deja clarísimo su rol: trainer financiero (trainerfinancie ro.com). Tanto puede hacer de coaching personal de alguien que ve cómo el dinero se le escurre de las manos, pero no entiende en qué como dar herramientas para decidir inversiones a un grupo que opera con la dinámica propia de un taller literario: ejercicios, ensayo y error, observaciones y correcciones compartidas. A veces, dice, va a empresas.

–¿Empresas?

–Algunas grandes. Y también me convocan de las ONG. Las empresas necesitan fidelizar al empleado, y creo que también les sirve para que los empleados vean que el valor del sueldo se puede percibir de otro modo y que le puedan encontrar un rendimiento superior. Dos mil pesos mal administrados no valen igual que mil bien administrados. Entender eso te va a afectar, a la larga, en lo que sentís acerca de cómo te están remunerando.

Entrenar la virtud

Es cuestión de hábitos. En la vida cotidiana de cualquiera, gastar sin prestar atención puede volverse tan riesgoso como derrochar en una firma, porque esa ignorancia no es virtud. “El dinero no discrimina”, sentencia Mariano Otálora, licenciado en administración de empresas que cuenta que a su Escuela Argentina de Finanzas Personales concurren tanto mujeres como varones, profesionales y no, al borde de la jubilación y en actividad. Además de “tabú”, como decía Baum, todo indica que el dinero es también democrático a la hora de agitar los espíritus.

“Hoy los proyectos que fracasan suelen hacerlo porque la gente no entiende la parte de los números”, evalúa Otálora. “Antes los negocios tenían algo más artesanal, pero hoy no queda otra que hacerlos de modo profesional.”

–¿Entonces los interesados por conocer el mapa de las nuevas herramientas financieras son sólo emprendedores?

–Para nada. Hoy cualquiera que tiene un ingreso quiere aprender a invertir el dinero. Los que tienen poco tienen las mismas inquietudes que los que tienen mucho: cómo hacer para que esa plata rinda más, para que crezca. Y esto pasa también porque la economía y las finanzas, que siempre fueron temas con enfoques más bien académicos, ahora se adaptan a una perspectiva más social, que es brindar un servicio.

El batacazo es un sueño eterno

Todo empezó en 2001. “Hay dos grandes momentos en la génesis de esto y coinciden temporalmente ese año: la llegada del libro Padre rico, padre pobre (best seller global de Robert Kiyosaki y Sharon Lecter), que explotó en ese momento, y el corralito”, repasa el coaching financiero, gurú de inversiones y docente Mariano Pantanetti.

–En pleno uno a uno, era más o menos libre tener una cuenta en el exterior. Todos los bancos comercializaban la posibilidad de que Pirulo o Doña Rosa tuvieran una. Había transferencia libre de divisas, y un bono del Tesoro de Estados Unidos o algún título a grandes rasgos asimilable, como los de Fanny Mae, rendía un 6, un 7 por ciento anual. En dólares. Acá no había inflación, con lo cual una persona que tenía 200 mil dólares ahorrados podía hacerse mil más por mes cruzándose de brazos, y con eso vivía. Entonces no había necesidad de mayor conocimiento; ocurría un cóctel en el cual con un poco de dinero ahorrado vivías bien.

Pero después todas las condiciones cambiaron y, con ellas, las posibilidades o recursos a la hora de invertir y hasta inventarse ahorros. Con la autoridad de haber basado todo un libro en la idea de contar qué hacen con los dividendos del éxito los exitosos (el volumen se llama En qué invierten los que ganan, ed. Debate), Pantanetti observa que desde hace más de diez años no queda otra que “ponerse creativo con las inversiones”. “Ahí es donde aparecen los cursos.”

–¿Cuál es actualmente el público?

–Se acercan de todo. Muchas personas jóvenes de entre 18 y 25 años que estudian ciencias económicas, pero que buscan remediar la falta de materias relacionadas con el mercado de inversiones. Cosas como evaluación de proyectos de inversión lo ves muy tangencialmente en los estudios de grado. Economistas, ingenieros, contadores vienen a los cursos porque no encuentran las herramientas en el grado.

–¿Qué buscan?

–Buscan herramientas concretas. Yo trato de generar conocimiento teórico porque me parece fundamental. Pero la gente demanda recetas y prácticas. Y podés darle una receta, claro, pero esos ingredientes mañana cambian y hay que empezar todo de nuevo. El problema de las recetas es que son estáticas y el mercado es dinámico, entonces quedan obsoletas rápidamente. Pero es curioso: a la gente le interesa, pero no dedica el tiempo suficiente, como en cualquier actividad. ¡Doy tarea y no siempre resuelven los ejercicios!

–¿Solamente ese público joven se acerca entonces?

–No, también viene gente de más de 60 años. Hay una generación que tal vez se retiró del trabajo y no sabe qué hacer, o tiene unos mangos de alguna indemnización y quiere invertir, o fue próspero y quiere dejar la actividad para relajarse, pero antes quiere saber cómo manejar el dinero. Mucho profesional, generalmente empresario pequeño y mediano, que juntó un dinero. También hay quienes no tienen intención de manejar el dinero, sino que buscan entender a su asesor y controlarlo. Está repartido todo entre hombres y mujeres. Y han venido padres con hijos también: tal vez hay padres que quieren pasar la pyme a su hijo, o formarlo, que tenga conocimientos, y los veo codo a codo. De todos modos, creo que esto cualquiera tendría que estudiarlo ya desde la escuela secundaria.

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