SOCIEDAD › COMO SE RECICLARON Y RENACIERON LOS LOCALES TRAS LA DEVALUACION

Una nueva era a todo por dos pesos

Reemplazaron los productos importados por fabricaciones nacionales. Así lograron sobrevivir a la estampida del dólar y permitieron el nacimiento de pymes y emprendimientos de artesanos. Aunque no todo cuesta 2 pesos, los clientes se adaptaron a sus nuevas tarifas.

Por Paula Carri

“Después de la estampida del dólar, hubo un momento en que parecía que el negocio de los ‘todo x 2 pesos’ terminaba. Y mal. Que todos nosotros íbamos a ir a pedir un plan trabajar”, dice Mónica, encargada de un local en Colegiales. Contrariamente a sus oscuros pronósticos, los comercios del rubro supieron reemplazar el enorme caudal de productos importados –principalmente de China y de Brasil– que ingresaban en el país antes de la devaluación, con un amplio abanico de productos argentinos que abarca desde velas decorativas, ramos florales artificiales, lapiceros, pisapapeles y adornos varios hasta productos de cosmética. La incorporación de productos nacionales y artesanales les permitió a los comerciantes de los “todo x 2 pesos” mantener la diversidad de ofertas y un bajo precio, dos de sus pilares principales.
Los artesanos y pequeños fabricantes –que en su mayoría elaboran los productos en sus hogares y luego ellos mismos distribuyen– ocuparon el espacio que los grandes proveedores de productos importados dejaron vacante. “Por este local pasaba siempre un chico que hacía figuras de cerámica –relata Julio, del local Maxi 2 en el barrio de Once–. Nunca le comprábamos. Pero después del quilombo, léase devaluación y disparada del dólar, lo probamos. Hoy son prácticamente nuestros productos más vendidos, algo que no sucedía cuando importábamos otras figuras y adornos de polirresina y cerámica.” Los exhibidores situados en la entrada del local –una posición de privilegio–, abarrotados de enanitos de jardín, pequeñas figuras pensativas y floreros de todo tipo, parecen confirmar sus dichos.
El recambio de mercadería no fue el único inconveniente que atravesaron los comerciantes de los “todo x 2 pesos”. Ana, titular de un local en Caballito, coincide con Julio y Mónica en que “se necesitó tiempo para que los clientes asuman que en los negocios de dos pesos no todo tenía ese precio”. “Al principio miraban y se iban sin comprar. Hasta que aceptaron que los valores habían aumentado y comenzaron a consumir de nuevo”, comenta Mónica. “Lo que rescato –agrega Julio– es que los clientes están muy conformes con la mercadería nacional que les ofrecemos. Prefieren productos hechos en el país, salvo alguna que otra persona mayor que lo único que mira es la etiqueta del precio, sin importarle de dónde provenga.”
Para poder mantener un pequeño lugar dentro de las ofertas de los “todo x 2 pesos”, los productos importados son ofrecidos en consignación por las importadoras. Los comerciantes sólo pagan lo que se vende. Y hay mercadería que no subió al ritmo del dólar. “Los sahumerios de la India, por ejemplo, antes de la devaluación los vendíamos a $ 1,50. Ahora los vendo a $ 2. El importador no los aumentó al triple. Entonces me pregunto: ¿cuánto ganaba antes, si ahora que los subió un tercio, todavía le conviene?”, se queja Mónica. Otro producto importado que sigue vendiéndose son los cubiertos brasileños: “Para poder traerlos el importador y nosotros dejamos de ganar como antes”, dice un comerciante. No sucede lo mismo con los artículos de vidrio, “en un 60% son nacionales. Al menos en mi local”, informa Julio.
El origen de los productos y sus marcas es un tema que “dejó de ser importante para mí –cuenta Silvia, clienta de un local de ofertas de la avenida Santa Fe–. Era prioritario hace unos años, cuando usaba cosméticos franceses de primera línea, esos que venían con nécessaire y miniaturas de regalo. Ahora sé que sólo puedo comprar las cremas y los maquillajes más baratos que encuentre, que por lo general son los de este tipo de comercios”, agrega mientras carga un esmalte para uñas en el canasto de compras. En otro local, Alejandra compra sombras para ojos y gel para el cabello: “No conozco las marcas, pero me gustan los colores de los maquillajes”, dice.
La encargada del local de Barrio Norte cuenta: “A nosotros nos proveen dos empresas que resurgieron con la incorporación de la cosmética en nuestros negocios. Antes existían, pero distribuían en el interior del país. Ahora llegaron a la avenida Santa Fe”. Julio, del Maxi 2, coincide en que “la mitad de sus proveedores son empresas que se recompusieron en los últimos meses y la otra mitad son pymes que nacieron y crecieron pese a la crisis”.
Del rebusque a la pyme
Irene Raskovsky comenzó por hobby a hacer flores en porcelana fría. La necesidad de trabajar la impulsó a ofrecer sus creaciones en pequeños locales. Al principio trabajaba con dos personas, hasta que le encargaron piezas en un local del complejo Buenos Aires Design. Ahora siete mujeres –desde sus casas– y dos personas fijas la ayudan a elaborar los 160 ramos mensuales que entrega. “El crecimiento fue muy rápido para mí, en un año pude formar una pyme. Yo creo que hoy si ofrecés un producto que es personal competís desde la originalidad. Aunque las flores de tela china se siguen importando, porque son un producto barato comparado con nuestros costos de producción, igual la competencia es menor y la innovación en la mercadería la hace atractiva. Yo trabajo la porcelana fría y alterno, por ejemplo, las varas de mimbre que sostienen la flor”, dice Irene. Pero acota: “Aunque es un buen momento para este tipo de emprendimiento, la discontinuidad de la actividad retrasa los proyectos y esto se percibe no sólo entre los artesanos sino hasta en el isleño que te provee la caña”.
Con la esperanza de lograr su propia pyme, como Irene, hay clientes que concurren al negocio de Julio para comprar figuras de cerámica y las pinturas necesarias para darles un acabado y revenderlas. ¿Dónde las vuelven a comercializar? ¿En otro “todo x 2 pesos”? Ni los compradores ni los comerciantes lo admiten. Sugieren, en cambio, que luego se revenden en ferias barriales. En cualquier caso, los pequeños proveedores son recibidos con entusiasmo por los comerciantes porque les permiten desembolsar dinero de a poco y les aseguran diversidad de mercadería y originalidad.
Alejandro no pretende dedicarse a la reventa, pero recorre con regularidad el negocio que está próximo a la estación del tren que lo lleva de regreso a su hogar. Busca comprar “algún regalito” para su esposa. “Estoy casado hace unos meses y nunca le puedo hacer un regalo importante. Acá siempre hay algo para comprarle. Antes, más que nada vendían cosas de cocina, pero ahora hay anillos, anotadores, sales perfumadas.”
Los polirrubros chinos, eventuales competidores de los “todo x 2 pesos”, parecían haber quedado fuera de carrera por el excesivo aumento de precios en sus productos. Pero algunos de sus propietarios cuentan con entusiasmo que están siendo beneficiados por el incipiente auge de la moda oriental. Aunque la mercadería, especialmente en el rubro indumentaria, aumentó al ritmo del dólar o mucho más aún, estos comercios cuentan en la actualidad con una clientela que concurre atraída por la “tendencia oriental” y que tiene un alto poder adquisitivo, a juzgar, por ejemplo, por los $ 118 que cuestan en algunos de esos locales las blusas chinas de seda, muy lejos, por cierto, del “todo por 2 pesos”.

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Los pocos productos importados están en consignación: los comerciantes pagan lo que venden.
“Lo que rescato es que los clientes están muy conformes con la mercadería nacional que ofrecemos.”
 
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