SOCIEDAD › MURIó ELíAS MORALES, PADRE DE MARíA SOLEDAD, LA ESTUDIANTE CATAMARQUEñA ASESINADA EN 1990

Un símbolo de la lucha contra la impunidad

Junto a su esposa, Ada Rizzardo, encabezó las marchas del silencio, un hito en los reclamos de justicia. Las protestas terminaron con el poder de los Saadi en la provincia. Aunque hubo dos condenados, nunca prosperó su pedido de castigo para cómplices y encubridores.

 Por Andrés Osojnik

Era el padre de María Soledad, la chica que el 8 de septiembre de 1990 desapareció en la ciudad de Catamarca y fue encontrada dos días después entre unos matorrales, violada, muerta y desfigurada. El hombre tenía entonces 45 años. Era de postura humilde y andar sencillo. Pero de un coraje que hizo época. Elías Morales, junto a su esposa, Ada Rizzardo, cargó al hombro el reclamo de justicia y enfrentó el poder en su provincia, que resultó implicado en el crimen. Ambos se pusieron al frente de las marchas de silencio y caminaron semana a semana junto a miles de catamarqueños en una protesta que hizo caer el gobierno de los Saadi. Ayer, Elías Morales murió a los 71 años, víctima de un segundo ACV del que ya no se pudo recuperar.

Su hija tenía 17 años e iba al Colegio del Carmen y San José, una escuela tradicional de la ciudad, conducida por monjas. Ese día había ido a bailar y no volvió. El 10 de septiembre apareció en la entrada del Parque Daza, a unos seis kilómetros del centro. Como suele ocurrir, la policía hizo todo mal. No cuidó el lugar, estropeó las pruebas, desvió la investigación. Pronto los rumores ganaron la provincia. Entre los implicados había “hijos del poder”.

Y el caso cambió para siempre. Las compañeras de María Soledad decidieron salir a la calle a reclamar justicia. La directora de la escuela, la hermana Martha Pelloni, las autorizó, pero con la orden de que fuera en silencio, para evitar posibles provocaciones.

Habían nacido las marchas de silencio, una herramienta de lucha que luego se expandiría por todo el país. Gobernaba el justicialista Ramón Saadi, hijo del legendario Vicente Leónidas y parte del clan que manejaba Catamarca desde la década del 40.

Las protestas originaron una crisis en la provincia que al poco tiempo obligó al presidente Carlos Menem, socio político de los Saadi, a intervenirla. “Ramoncito” perdió en las elecciones siguientes a manos del Frente Cívico y Social. Terminaba así el poder del clan, pero no las irregularidades en una causa que llegó a tener siete jueces y pocos avances. Uno de los investigadores especiales enviados por el gobierno de Menem fue Luis Patti, ahora preso por crímenes durante la dictadura.

Recién en 1996 el caso llegó a juicio. Estaban acusados Guillermo Luque, hijo de quien había sido un diputado nacional y parte del esquema saadista de poder local, y Luis Tula, un ex novio de la chica. Aquel juicio fue transmitido en vivo y en directo a todo el país y la televisación terminó por hundirlo: un gesto entre dos jueces que demostró parcialidad derivó en su anulación. Al año siguiente volvió a hacerse todo de nuevo y el 27 de febrero de 1998 Luque fue condenado a prisión perpetua y Tula a 9 años. La sentencia también ordenó investigar el encubrimiento que rodeó al caso.

Hoy, ambos están en libertad. Tula tiene la pena cumplida. Estudió derecho en la cárcel y ahora es abogado en el fuero penal. Luque estuvo preso 14 años y, al llegar a los dos tercios, logró la condicional. Lleva una vida de bajísimo perfil.

Elías Morales nunca dejó de reclamar justicia. Cuando se cumplían diez años del asesinato, en septiembre de 2000, recibía a Página/12 una vez más en el patio de tierra de su casa en Valle Viejo, en los bordes de la ciudad. “Nosotros dijimos que el 27 de febrero de 1998 era el nacimiento de una nueva justicia, decíamos que el tren se pone en marcha para que en el país no haya más casos impunes”, explicaba entonces, pero reconocía su frustración porque “sólo está esclarecida una parte. Falta el castigo a los otros que participaron y falta el castigo a todos los que encubrieron y mintieron”.

Elías Morales murió sin ver ese castigo.

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Elías Morales y Ada Rizzardo, cuando se cumplían 20 años de la muerte de María Soledad.
Imagen: Arnaldo Pampillón
 
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