SOCIEDAD › DOS POLICIAS ABSUELTOS POR LA MUERTE DE UN JOVEN

La Bonaerense, nada que ver

 Por Horacio Cecchi

El sargento Roberto Sandroni respiró profundo. El oficial Julio Morinigo, también. Podría decirse que el propio Ezequiel Grecco hizo lo mismo, aunque en su caso la sentencia de los jueces no fue la absolución, como les tocó a los dos ex policías, sino que recibió la ejemplarizadora condena de 3 años por el homicidio preterintencional, es decir que no se figuró que los golpes dados con un palo de madera provocarían la muerte de Martín Suárez, como efectivamente ocurrió. Ayer, el fallo del Tribunal Oral Nº 4 de San Isidro se leyó en un tiempo demasiado record: tres minutos. Tan rápido fue que el padre de la víctima llegó cuando todo había terminado y ya no quedaba nadie en la sala. Ni siquiera la justicia.
A Martín Suárez lo mataron el 30 de agosto de 2002, en Munro. De una camioneta bajaron dos estudiantes, uno de ellos Grecco, y señalaron a Martín como el que les habría robado momentos antes. Martín y otros jóvenes fueron detenidos por una patrulla de la comisaría 3ª de Munro, entre cuyos integrantes figuraba el sargento Roberto Sandroni y el oficial Julio Morinigo. Según los testimonios de los otros jóvenes que permanecieron contra la pared, de la novia de Martín –que vivía muy cerca y acudió en su ayuda– y del padre de la chica, Grecco golpeó a Martín con un palo mientras los policías lo contenían (a Suárez). Según los jueces Federico Ecke, Osvaldo Rossi y Carlos Santillán, del TOC 4 de San Isidro, la fiscalía no aportó la prueba suficiente. Tampoco tuvo efecto ante el celoso tribunal la declaración de un muchacho, preso en la actualidad, que declaró como testigo. El joven se declaró responsable de aquel robo por el que había sido preterintencionalmente asesinado Suárez, pero no hubo caso.
Así se llegó a la fecha, cuando la ya deteriorada imagen de los tribunales sanisidrenses fue escenario del imprevisto más preterintencional de todos: los jueces Ecke, Rossi y Santillán llegaron puntualmente –cosa que no habían hecho en el resto de las audiencias–, se sentaron puntualmente en el estrado, ordenaron cerrar las puertas de la sala y dieron lectura a la sentencia en tres minutos. Después se fueron. Ecke, Rossi, Santillán, Sandroni, Morinigo, incluso Grecco. Todos. No quedaba nadie cuando llegó Oscar Suárez para no escuchar la sentencia.

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