SOCIEDAD › EVACUARON EL CASINO POR UN INCENDIO EN EL SUBSUELO

Las fichas se hicieron humo

Según cifras oficiales, había 10 mil personas ayer a las 2 de la madrugada cuando el humo comenzó a brotar por los equipos de aire acondicionado. Muchos apostadores abandonaron sus fichas y huyeron, y otros se llevaron las que no eran suyas.

 Por Carlos Rodríguez
Desde Mar del Plata

“Hagan fuego... señores.” La invitación piromaníaca nunca partió de empleado alguno del Casino Central, pero el fuego existió y terminó con el juego en forma abrupta. Pasadas las dos de la madrugada de ayer, cuando en el edificio de piedra se encontraban “unas diez mil personas”, según cifras oficiales, un cortocircuito en el tablero de control de la sala de máquinas provocó un incendio en el equipo de aire acondicionado. Una oscura columna de humo comenzó a subir desde el segundo subsuelo, que tiene una salida directa hacia la calle. La fumata negra corrió por los conductos de aire e invadió el salón principal, donde están los juegos de mesa –ruletas, black jack, punto y banca– y los anexos donde funcionan las máquinas tragamonedas. Un minuto después partió, desde los altoparlantes, la orden de evacuación, que se cumplió con el pánico lógico de la era post Cromañón. No hubo heridos ni intoxicados y después del susto, centenares de auténticos y falsos apostadores comenzaron a reclamar –la mayoría en tono festivo–, que la banca les devolviera las fichas, por supuestas cifras millonarias, que juraban haber perdido durante el desordenado escape. Se confirmó que los que huyeron tienen en su poder fichas por valor de 236.949 pesos, dinero efectivo que les será restituido.

El incendio estalló a las dos y cuarto de la madrugada de ayer, en el segundo subsuelo del Casino Central, donde está instalado un enorme equipo de aire acondicionado que tiene una potencia de 140 mil de frigorías. De inmediato comenzó a salir una gruesa columna de humo que se advertía desde la calle. La puerta del lugar donde ocurrió el siniestro puede verse desde la vereda del Boulevard Marítimo al 2200, a la altura del cruce con la calle Belgrano, porque tiene una abertura protegida con rejas. “El problema fue que el humo comenzó a salir por los conductos de aire y todos nos pusimos como locos. Cuando se dio la orden de evacuación, ya muchos habían salido disparados y hubo gente que se largaba corriendo por las (largas) escaleras” que llevan a la puerta principal del Casino Central.

El relato fue hecho a Página/12 por Rubén, un camarógrafo de Mar del Plata que está colaborando con la producción del programa de Mirtha Legrand, que se transmite desde el hotel Costa Galana, en Playa Grande. “Ahora todos se ríen, pero adentro hubo pánico. Yo salí por una puerta de emergencia lateral que estaba cerrada y que tuvimos que romperla.” Rubén, después de salir, se fue corriendo hasta su casa, a dos cuadras del Casino, y volvió con su arma: la cámara de TV. “Esa puerta estaba cerrada y ustedes tienen que responder por ello”, le decía Rubén, muy enojado y mientras lo filmaba, a un oficial de la policía marplatense de apellido Toleba y a varios miembros del personal de seguridad de la casa de juego.

Con posterioridad, en diálogo con este diario, el interventor en el Casino Central, Franco La Porta, comentó que las dos puertas de emergencia laterales fueron construidas “hace un mes, para dar mayor seguridad”, pero todavía no están habilitadas. “De todos modos no fue necesario porque la evacuación se hizo en siete minutos, por la salida principal, sobre Boulevard Marítimo, sin dificultades ni riesgos para las personas”, sostuvo el jefe de Seguridad del Casino, Salvador Locaso. En la madrugada, frente a la puerta de emergencia, que quedó destruida, Rubén y otros apostadores que tuvieron que salir a las disparadas aseguraron que “esto salió todo bien, pero podía haber sido una masacre, porque la gente se tiraba por las escaleras y muchos podríamos haber muerto. Después de la experiencia de Cromañón no se puede andar jugando con estas cosas”.

Gustavo, de Comodoro Rivadavia, que estaba en una de las mesas de ruleta, recordó que el empleado le respondió con un nervioso “andate”, cuando él quiso cobrar las fichas que tenía en la mano y las que había puesto sobre la mesa, en la que fue la prematura última jugada de la noche. En condiciones normales, el casino cierra a las 6 de la mañana. “Yo viajo hoy (por ayer) a mi provincia. ¿Cuándo me van a devolver el dinero en fichas?” Los reclamos recién comenzaron a ser atendidos a las 16 de ayer y la demanda era incesante. Gustavo también compartía el recelo de Rubén: “No pasó nada, es cierto, pero el salón principal está cubierto de alfombra y de madera. Podía haber sido una tragedia”.

Ezequiel Villarreal, otro de los apostadores que tuvo que salir a los apurones, aseguró que “el olor del humo te mataba, era insoportable”. Luis Francica, que hasta dio su número de DNI, preguntaba qué hacía con las fichas que tenía en el bolsillo y que para él eran “una pequeña fortuna de 300 pesos”. Las autoridades aseguraron ayer que el dinero a los poseedores de fichas les será restituido en su totalidad. Luis, un habitué del casino marplatense, le quitó dramatismo a la situación. “A la gente la aterró el humo, el olor, el fantasma de Cromañón, pero todo fue tranquilo. Salimos, el personal de seguridad actuó bien y los empleados nos ayudaron. No pasó nada. Lo único es que muchos apostadores se afanaron fichas a lo loco. Pero eso seguro que sale en las filmaciones, porque hay cámaras por todos lados. No se les escapa nada.”

Las autoridades del Casino Central estimaron que “no hubo robos de fichas”. La Porta sostuvo que los empleados “de inmediato tomaron el control de la situación y las fichas que no estaban en poder de los apostadores fueron resguardadas”. Una vez pasado el susto, los que estuvieron afuera y los cientos de curiosos que se acercaron, armaron un show. “Pagá las fichas, la puta que lo parió”, fue uno de los cánticos que ensayaron frente a los miembros de la policía y de la seguridad del casino que se quedaron custodiando la puerta de emergencia destruida y la entrada principal, que fue cerrada una vez que salieron los apostadores y los 600 empleados que tiene la casa de juego.

Todos decían tener fichas, en algunos casos por cifras millonarias, pero en la mayoría de los casos era evidente que sólo se trataba de una broma. Otros, como Natalia, una mujer mayor que vive en Lomas de Zamora, se lamentaban en serio: “Mañana (por hoy) me voy y no sé si voy a recuperar los 200 pesos en fichas que tengo. Y lo peor es que la última apuesta se la hice al 8, que en el libro de los sueños es ‘el incendio’. Seguro que salía”. En el Casino Central seguía presente el fuerte olor a humo y los bomberos hicieron estudios para saber si había gases dañinos. A las 19, finalmente, el salón fue habilitado y los apostadores volvieron a hacer juego.

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Después del susto, centenares de auténticos y falsos apostadores comenzaron a reclamar.
 
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