SOCIEDAD › EL PSIQUIATRA Y LOS MEDICOS DE JUAN CASTRO

Sin mérito para ser acusados

La jueza dictó la “falta de mérito” a seis profesionales que atendieron al periodista. Sostuvo que por ahora no hay pruebas para inculparlos, pero que la investigación debe continuar.

El psiquiatra personal del periodista Juan Castro, el jefe médico de la clínica en la que estaba internado y otros cuatro profesionales fueron ayer beneficiados con una “falta de mérito” dictada por la Justicia, lo que significa que no hay elementos para procesarlos, en algún caso por homicidio culposo o abandono de persona, aunque tampoco fueron sobreseídos definitivamente. La jueza Susana Castañeda señaló en su resolución que el caso debe seguir investigándose, entre otras cosas para esclarecer las declaraciones contrapuestas de los profesionales. La familia de Castro acusa a los psiquiatras de haberle permitido al periodista salir de la clínica y seguir trabajando, cuando sabían que eso era altamente peligroso por su nivel de consumo de cocaína, lo que podría derivar –tal como ocurrió– en un episodio de alucinaciones que lo llevaron a tirarse por el balcón de su departamento. La jueza, por su parte, dice que no se puede pronunciar porque no está claro cuál de los médicos tiene razón y, además, debe establecerse si cuando salió de la clínica el periodista estaba tan mal o su situación se agravó por el consumo de gran cantidad de cocaína en los días siguientes.

Juan Castro murió el 5 de marzo de 2004. Poco después se inició una causa judicial que tiene relevancia y puede sentar precedentes respecto de la actuación de psiquiatras en casos que terminan en muerte o suicidio. En concreto, la familia del periodista sostiene que a Castro lo dejaron salir de la clínica psiquiátrica Santa Rosa cuando no estaba en condiciones de volver a una vida normal y corría serios peligros. Al director de la clínica se lo acusa de “abandono de persona”, un delito grave que tiene penas de cinco a quince años de prisión. Respecto del psiquiatra personal de Castro, Rubén Lescano, la imputación que le hizo la familia, representada por los doctores Pablo Jacoby y Pablo Slominsqui, es por “homicidio culposo”, es decir producir la muerte de otra persona por negligencia.

Los médicos fueron citados a declaración indagatoria y mientras el titular de la clínica dijo que dejó ir a Castro porque confiaba en el seguimiento que hacía el psiquiatra personal, éste sostuvo que le avisó a la clínica que ya había dejado de asistir profesionalmente a Castro. La controversia se complica todavía más porque los allegados al periodista afirman que el psiquiatra Lescano se fue de vacaciones, dejando a Castro librado a su suerte, que en algún momento lo puso en manos de una acompañante terapéutica, Carolina Coppoli, que no se manejó con profesionalidad, e incluso se plantean cuestionamientos sobre relaciones personales inadecuadas entre los psiquiatras y el paciente.

En las 40 fojas del fallo de ayer, la jueza Castañeda afirma que “falta acreditar los asertos vertidos por los encausados”. Traducido: aclarar quién dice la verdad, si la clínica que confiaba en el seguimiento que haría el psiquiatra personal o el psiquiatra personal, que dice haberle informado a la clínica que ya no atendía a Castro. También la magistrada afirma que las compañías telefónicas le mandaron el listado de llamadas que hicieron y recibieron los profesionales, el propio Juan Castro y su pareja de entonces, pero que falta hacer un entrecruzamiento para ver cuál de los médicos dice la verdad y cuál no. Como la jueza manifiesta que sin esos elementos no puede pronunciarse definitivamente, dicta la falta de mérito, que significa que ni procesa ni absuelve a los profesionales, sino que va a continuar la investigación.

Hay otro elemento decisivo que no se aclara. La jueza dice literalmente “está el enigma, aún no resuelto, de las condiciones en que egresó Castro de la Clínica Santa Rosa y si el cuadro ameritaba un traslado sin obligación de regreso”. En realidad, la Clínica Santa Rosa trasladó a Castro a otra clínica, pero por una afección no psiquiátrica –un control cardíaco– y el enigma del que habla la magistrada es en qué condiciones salió de allí: si debió ser obligatoriamente reenviado a la institución psiquiátrica, si su psiquiatra personal tenía que hacerse cargo o si estaban dadas las condiciones para que retornara a su vida habitual, aunque luego todo derivara en tres días de consumo de cocaína, las alucinaciones y una huida demencial de esos bichos con los que alucinaba y que lo llevaron a la caída mortal. Se supone que el análisis de más pruebas le permitirán a la jueza tomar una decisión más de fondo dentro de algunos meses: si existe o no responsabilidad de los médicos en la muerte de Castro.

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Juan Castro se suicidó el 5 de marzo de 2004, tras sufrir una serie de alucinaciones.
Imagen: Adrián Pérez
 
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