SOCIEDAD › ARGENTINA FUE GOLEADA EN EL TORNEO INTERCARCELARIO BONAERENSE

Eliminados del mundial carcelario

Los 32 penales provinciales representan a los equipos que juegan en Alemania. Argentina cayó 7 a 3 con Costa de Marfil.

 Por Carlos Rodríguez

La noticia tiene el carácter de tragedia nacional: en su debut en el Mundial de Fútbol, la selección argentina cayó derrotada por 7 goles a 3 frente a su similar de Costa de Marfil. El revés equivale a catástrofe porque con el resultado –por un capricho reglamentario–, el equipo que vistió la casaca celeste y blanca quedó afuera de la competencia. En un fútbol resultadista, adquiere una vigencia dramática la vieja sentencia sobre el abismo que separa el triunfo de la derrota. “La gloria o Devoto”, suele decirse. El conjunto derrotado seguirá en el mismo lugar en el que estaba antes del partido fatal: en la Unidad Penitenciaria 9 de La Plata. Los de la casaca nacional, a pesar del traspié, se retiraron aplaudidos. La hinchada les reconoció el esfuerzo. Los que lucían la remera naranja de Los Elefantes no contaron con su figura y goleador, Didier Drogba. Lo reemplazó Sergio Juárez Olguín, El Monito, un verdadero fenómeno. Los chicos de Costa de Marfil, a pesar del triunfo y de ser los grandes candidatos, volvieron a concentrarse en la Unidad 31 de Florencio Varela.

Ayer por la tarde, en el desparejo y desteñido césped de la canchita a cielo abierto –algo es algo– de la U-9, en la calle 76, entre 9 y 11, comenzó el Campeonato Mundial Interunidades 2006, del que participan 32 equipos, formados por los internos de las 32 cárceles de la provincia de Buenos Aires. Cada equipo representa a cada uno de los países que participarán, desde el 9 de junio, en el Campeonato Mundial de Fútbol de Alemania. Alguien hizo correr la voz de que el gobernador bonaerense, Felipe Solá, presente en el partido inaugural, iba a ser el arquero titular de los blanquicelestes. “Atajando es un preso”, comentó un irrespetuoso allegado al mandatario. Por ese motivo, o por algún otro que nunca fue aclarado por la oficina de prensa de la gobernación, Solá se quedó en el palco de autoridades, de pantalón largo y sobretodo.

Bajo un cielo gris, mientras los dos equipos hacían el precalentamiento, desde los pabellones, detrás de las rejas, varias decenas de internos espiaban el partido desde las ventanas con vidrios rotos. “Somos la barra brava”, comentó uno de ellos. Una autocrítica que nunca se le escuchó al Rafa Di Zeo, el más malo de los “barras” de Boca. Los lugares de observación estaban sobre las escaleras, separadas una de otra por casi cien metros. Esto significa que mientras uno de los grupos veía la mitad de la cancha, el otro observaba el 50 por ciento restante. “Cuando termine el partido nos juntamos y les contamos a los otros lo que no vieron. Y viceversa”, comentó otro detenido, con una sonrisa.

Sólo unos cincuenta presos, los que tienen “buena conducta”, dijo un guardia con voz metálica, siguieron el juego desde el borde de la cancha. Previo al inicio del partido, la ovación más genuina se la llevó Ricardo Bochini, que ante el reclamo general acarició varias veces el balón, agradecido por la deferencia. “El deseo mío es que estos piben salgan pronto y no vuelvan a caer. Ellos saben bien, y mucho más ahora, que la libertad es lo más importante que tiene el ser humano”, dijo el Bocha. En el comienzo del partido, los blanquicelestes inclinaron la cancha, empujados desde el fondo por el central Alfredo Villaverde y por el barullo que metía, en el área contraria, Jorge Ochipinti, el crédito de Fuerte Apache, que en la espalda tenía el número al revés: llevaba el 6, pero jugaba de 9.

Uno que aportaba su talento en cuenta gotas era el 10 de los locales, Ariel Ayala, un Riquelme con algunos kilos de más que participó en dos de los tres goles que hizo el equipo perdedor. Sobre el final, ofuscado por el resultado, pasó de la fineza de Juan Román a la plancha sin anestesia de Blas Giunta y se fue expulsado por el árbitro Angel Sánchez, el del eterno retiro. En el primer tiempo, los elefantes naranjas opusieron la resistencia de un arquero notable, Juan “El Chupa” González, oriundo de González Catán, que sacó todo lo que le tiraron, menos el penal convertido por Gustavo Quiroga, que hizo soñar con una victoria argentina.

Del cero uno inicial, Costa de Marfil pasó a ganar dos a uno antes de que finalizara el primer tiempo. En el segundo período apareció en todo su esplendor El Monito Juárez, imparable para la defensa argentina. Aunque los blanquicelestes estuvieron varias veces cerca del empate, la naranja mecánica los aplastó de contragolpe. El Monito fue jugador de fútbol antes de caer en cana. Desde los diez años estuvo en Ferro Carril Oeste y después, desacarriló. “Estoy bien, salgo pronto. No pienso volver. Es bueno tener un poco de fútbol entre rejas. Te sentís libre por un rato”, repitió Juárez varias veces ante las cámaras. Experto, hasta para las declaraciones. La hinchada terminó aplaudiendo a los dos equipos, mientras los de la “barra brava”, tras las rejas, dirigían sus cánticos hacia una rubia que, sin jugar al fútbol, fue figura.

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Detrás de las rejas, decenas de internos espiaban el partido desde las ventanas con vidrios rotos.
 
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