SOCIEDAD › CADA VEZ MAS MUJERES SOLAS ACUDEN A BANCOS DE SEMEN PARA TENER UN HIJO

Papás de probeta

El reloj biológico les marca la hora: rondan los 40 años, no tienen pareja y deciden tener un hijo solas. Prefieren acudir a un banco de semen antes que tener un bebé en una relación ocasional. El acuerdo es que nunca conocerán al donante.

 Por Mariana Carbajal

Tuvieron pareja estable en los últimos años, pero actualmente se encuentran solas. Son profesionales, al borde de los 40, con una situación económica estable y una asignatura pendiente: ser madres. Corridas por su reloj biológico, antes que engañar a una pareja ocasional y quedar embarazadas sin decírselo o arriesgarse a contraer alguna enfermedad de transmisión sexual, prefieren recurrir a un banco de semen para concretar el anhelado deseo de tener un hijo. Ya no son casos aislados. El paulatino aumento de mujeres solteras que quieren procrear sin sexo es una realidad en distintas clínicas de fertilización asistida de la ciudad de Buenos Aires. Pagan entre 300 y 500 pesos y pueden elegir los rasgos físicos del donante anónimo que les aportará la semillita. Aunque aquí no hay legislación, el acuerdo es que nunca, ni ellas ni sus hijos podrán conocer al padre.
Hasta hace un año, en el CEGYR no aceptaban como pacientes a mujeres solas y únicamente practicaban procedimientos de fecundación asistida a parejas heterosexuales. “Tal vez evolucionamos en la medida en que vimos más casos. Puede parecer muy egoísta traer un hijo al mundo deliberadamente sin la presencia paterna, pero es muy difícil negarle a una mujer la posibilidad de tener un hijo”, explicó el cambio de postura del CEGYR su director médico, Claudio Chillik. En apenas un año atendieron a una veintena de pacientes con el mismo interés.
En Fecunditas empezaron a tener consultas de este tipo hace algunos años. Al principio fueron aisladas, pero el número fue creciendo en forma lenta, pero sostenida. “Efectivamente, hay casos de mujeres que no tienen pareja, que se acercan al instituto para consultar sobre la posibilidad de realizar un tratamiento para tener un hijo”, confirmó Azar, del Departamento de Psicología de Halitus, donde nunca les pusieron reparos.
La mayoría de los especialistas de la ciudad de Buenos Aires ha superado cuestionamientos éticos o morales –si alguna vez los tuvieron– para ayudar a estas mujeres a cumplir su deseo. Pero quedan todavía algunos que se resisten a atenderlas. Como Guillermo Marconi, director del Instituto de Ginecología y Fertilidad IFER: “La Medicina se debe utilizar para curar o tratar de corregir algo que está alterado. Una mujer sola no está enferma. En todo caso, lo que está alterado es su soledad. Por esa razón, de ninguna manera estoy de acuerdo con inseminarlas”, fundamentó ante Página/12.
Nuevas familias
Después de firmar los papeles del divorcio, un año atrás, Laura meditó la alternativa durante un mes. En estos días, a los 41 años, está por realizar un tratamiento de fertilización in vitro con semen de un banco en Halitus. “Mi deseo de tener un hijo es tan intenso...”, contó a este diario, como preámbulo para explicar su decisión (ver aparte). Más adelante, esta médica endocrinóloga que vive en un barrio porteño dirá que no le pesa criar un hijo sola. “Creo que hay tantas variedades de familias como cambios sociales se dan actualmente. No hay libretos ni guiones de vida como pasaba antes. Así como no hay un modelo único de pareja, tampoco haya un modelo único de familia.”
Aunque con ciertos matices, el perfil de las mujeres que optan por esta vía para ser madres coincide con el de Laura. Muchas postergaron la decisión de tener un hijo por priorizar su carrera laboral y profesional. Todas pasaron la barrera de los 37 años –cuando la capacidad reproductiva de la mujer comienza a decaer– y se encuentran solas. Las corre el reloj biológico y ésta es la razón principal para optar por un banco de semen. No son lo que el imaginario social reconoce como “solteronas”. Un estudio inédito sobre 50 pacientes realizado por una psiquiatra y una psicóloga argentinas y presentado en el Congreso de la Sociedad Americana de Fertilidad de 2001 encontró que apenas el 6 por ciento de ellas no tenía pareja estable en los cinco años anteriores a tomar la decisión de recurrir a esperma de un donante. “Un 30 por ciento era divorciada, un 20 por ciento estaba involucrada con hombres casados que no se iban a divorciar, un 36 por ciento se había separado de una relación de pareja importante y un 4 por ciento era viuda”, precisó Luisa Barón, psiquiatra de la Fundación IMPSI, una de las autoras del trabajo al que tuvo acceso Página/12.
“Ninguna dijo yo elijo tener un hijo de esta manera. Todas hubieran preferido la concepción en pareja, lo que tira por tierra el prejuicio de que se trataría de mujeres con un narcisismo enorme, que niegan el papel del hombre. La mayoría tenía la fantasía de formar una pareja después”, detalló Barón. Según Rut Willner, integrante del equipo psicológico de Fecunditas, estas mujeres “sienten que la maternidad es una asignatura pendiente y el hijo aparece como el deber ser, como un mandato”.
Tarea difícil
Lo curioso es que, en general, no tienen problemas de fertilidad. Es decir, podrían tener chances de quedar embarazadas en una relación sexual convencional. “Lo primero que les pregunté fue por qué no se acostaban con alguien y, como principal respuesta, me dijeron que no querían engañar ni mentir a una pareja ocasional ni forzar a alguien a una paternidad no deseada”, contó Barón. El banco de semen les ofrece ciertas ventajas adicionales. “Por un lado, evitan el riesgo del contagio de enfermedades de transmisión sexual y están tranquilas porque el donante voluntario no interferirá en su relación con un hijo”, destacó Leticia Urdapilleta, psicóloga del CEGYR.
En las clínicas reciben un acompañamiento terapéutico para enfrentar semejante desafío. Cuando los equipos de psicólogos detectan que una mujer no está preparada, tratan de disuadirla de que siga adelante. “No rechazamos pacientes, pero a raíz de sucesivas entrevistas algunas han desistido porque sintieron que su deseo obedecía a darle un hijo a su propia familia parental o se dieron cuenta de que les podía resultar muy conflictivo asumir finalmente su decisión”, precisó Willner, psicóloga de Fecunditas. “Este es un camino difícil. La mujer debe saber las consecuencias. Es importante que no esté muy sola, que tenga una red de amigos y en lo posible de familiares que lo sepan y la apoyen. Y también que tenga un buen pasar económico y sepa que esto va a implicar que tenga que enfrentar situaciones difíciles porque no es algo común, aceptado socialmente”, señaló Barón, quien lleva más de una década trabajando en la temática de fertilización asistida.
Superada la evaluación psicológica, el trámite es bastante sencillo. Salvo Fecunditas, que tiene su propio banco de semen, las demás clínicas recurren a la firma Criobank, representante local de uno de los principales bancos de esperma de los Estados Unidos, con sede en California. La interesada puede elegir las características físicas del donante: origen étnico, color de ojos, de cabello, de piel. “Puede conocer también su altura, su peso, sus hobbies, si le gustan los deportes y en cuáles se destaca, si trabaja y en qué actividad y cuál es su ideal de vida”, reveló Neuspiller, director de Fecunditas. Pero él, particularmente, no acepta pedidos. “Trato de que el semen pertenezca a un hombre con rasgos parecidos a la mujer. Si tiene ojos oscuros, voy a elegir que el donante también tenga ojos oscuros”, aclaró.
El costo de la muestra ronda los 300 pesos. Si la interesada no tiene problemas de esterilidad, el tratamiento será de baja complejidad, con una tarifa de alrededor de 500 más, y se realizará en el momento en que esté ovulando. El director médico del CEGYR explicó cómo se realiza el procedimiento. “Hay dos posibilidades: una, la inseminación intrauterina. Hay que procesar la muestra de semen y con una cánula se inyectan los espermatozoides dentro del útero. La otra es más sencilla. Se coloca el semen contra el cuello del útero. La mujer debe ponerse un capuchónsimilar a un diafragma y ahí dentro se inyecta el semen. Debe dejarse el capuchón durante 8 horas, pero mientras tanto puede hacer vida normal.” Tan normal que incluso puede jugar al tenis.

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El tubito: allí se guarda el semen, que luego se almacena en recipientes especiales.
 
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