SOCIEDAD

En Mar de las Pampas hay mar de fondo entre vecinos y shoppings

Los habitantes de Mar de las Pampas se debaten entre fomentar una invasión turística que favorezca a los comerciantes o mantener la exclusividad del sosiego.

 Por Carlos Rodríguez
Desde Mar de las Pampas

El ruido del motor del cuatriciclo, que pasa a toda marcha por la calle que lleva al centro comercial Aldea Hippie, interrumpe la charla con Luis Ma-zzoni y Eduardo Straforini, presidente saliente uno y actual el otro de la Asociación de Emprendedores Turísticos de Mar de las Pampas, que sigue alimentando el sueño de consolidarse como Slow City, la primera Ciudad Lenta del continente. Para no desentonar con el objetivo, los avances se van dando a paso de tortuga. En un año, a pesar de la aprobación de un Código de Edificación que restringe, aún más, el total de metros cuadrados permitidos para las nuevas viviendas o locales comerciales, es notorio el crecimiento de la ciudad que, por suerte para los defensores del proyecto original, todavía sigue perdida en el bosque. Claro que son varios los que temen que se convierta en una nueva Cariló. Hoy viven en Mar de las Pampas, en forma permanente, unas 600 personas que conforman entre 150 o 200 familias, mientras que la capacidad hotelera llega a las tres mil plazas. “El problema no es el turista, que cuando hace su elección busca en Mar de las Pampas la tranquilidad de la que carecen otros lugares. El problema está en nosotros mismos”, asegura Straforini, en alusión a la población fija de Mar de las Pampas.

“Esto creció y creció mal. Tenemos que discutir mucho, para cambiar el rumbo si no queremos que esto deje de ser el lugar tranquilo que queremos y que buscan los turistas”, le dice a Página/12 otro de los “históricos”, que prefiere mantener su nombre en reserva. La eliminación de los ruidos –de motores, de alarmas de automóviles– es una guerra que tiene algunas batallas ganadas y otras perdidas. “Como la ciudad creció y gusta mucho, desde lo estético, se han organizado (desde Villa Gesell) visitas guiadas, lo que significa el arribo de muchas personas que, a veces, rompen la tranquilidad que todos buscamos. Claro que la presencia de contingentes importantes, potenciales compradores, resulta atractiva para los dueños de algunos locales comerciales y eso marca diferencias de opinión, entre nosotros, que vamos salvando de a poco”, comenta Mazzoni.

El proyecto que alientan, tanto Straforini como Mazzoni, es el de una ciudad sin autos circulando por sus calles, que siguen sin ser asfaltadas. Imaginan la construcción de una gran playa de estacionamiento, en la entrada a la ciudad, donde los turistas “dejen sus vehículos y los vayan a buscar el día en que decidan regresar a sus hogares”. La idea no cuenta con el apoyo decidido de los dueños de locales comerciales a los cuales “les encanta que la puerta de sus negocios se llenen de autos con gente ávida de comprar, como en las grandes ciudades”, se queja una vez más el “histórico”, que insiste en su oposición a que Mar de las Pampas “se convierta en un shopping”. La tendencia, considerada negativa por la mayoría de los consultados, dio lugar a una dura controversia con uno de los nuevos centros comerciales.

Se trata del llamado Plaza del Lucero, que provocó movilizaciones de sectores de la población y reclamos de la Sociedad de Fomento de Mar de las Pampas. Las quejas se debieron a que los propietarios del centro comercial invadieron con la construcción espacios verdes comunes a turistas y pobladores estables. “Las dimensiones de la construcción lesionan las normas vigentes y por ese motivo se solicitó la intervención de la Municipalidad de Villa Gesell, pero de todos modos la construcción siguió adelante”, explica Pedro Lanteri, titular de la Sociedad de Fomento. Los propietarios alegaron que “no sabían” de la existencia de esas restricciones, algo que nadie consideró una excusa válida.

La lucha por mantener la ciudad lenta es permanente. Mazzoni recuerda que el año pasado hubo una gran actividad para impedir la instalación, en el corazón de Mar de las Pampas, de una antena para facilitar el uso de celulares en las 300 hectáreas que ocupa la ciudad balnearia. La tecnología que agobia en las grandes urbes es mala palabra en Mar de las Pampas. “El instalador quedó rodeado cuando estaba en las alturas, listo para terminar su trabajo. No hubo violencia, no es nuestro estilo, pero le dijimos que si ponía la antena, no bajaba.” El empleado de la empresa telefónica hizo consultas, por su celular. Luego de algunos cabildeos, recibió la contraorden y se fue sin instalar la antena. Como premio, lo invitaron a una comida con todos los chiches y la cosa terminó en paz. La firma igual instaló la antena, a ruta abierta, fuera de los límites de la ciudad. “No tiene el mismo alcance que pretendían y le salió mucho más caro”, afirma Mazzoni, mientras sonríe por la anécdota.

El intendente de Villa Gesell, Luis Baldo, le dijo a este diario que está en marcha el plan para dotar de cloacas, gas natural, un cuerpo de bomberos y un destacamento policial a Mar de las Pampas, entre otras demandas que se vienen haciendo desde hace unos años. Las obras estarían concluidas en tres años. La discusión es ahora por los costos. Straforini consideró que “lo más importante son las cloacas, porque nosotros queremos evitar un problema de contaminación que no se ha dado todavía y que no se tiene que dar en un lugar como el que pretendemos”. Es cierto que el gas es carísimo (de 100 a 200 pesos diarios por día en invierno), pero “ése es un problema económico que nos impide ofrecer costos más baratos. En cambio, el de las cloacas es un problema central”, insiste Straforini.

Este año, a diferencia de los anteriores, las playas de Mar de las Pampas y de sus vecinas Las Gaviotas y Mar Azul estuvieron llenas como nunca en su historia. El mismo fenómeno se vivió en las playas más alejadas de Villa Gesell, porque la afluencia de turistas en toda la zona superó las expectativas. Para los vecinos “sensibles” de Mar de las Pampas el tema es mucho más que una anécdota de un verano “exitoso” en lo económico. “Lo que corre peligro es la ciudad que queremos y que tiene, como tope, una población estable de dos mil personas y cuando mucho, siete mil visitantes”, afirma el “histórico” quejoso. El tema preocupó tanto como algunas notas periodísticas sobre la supuesta “inseguridad” de vivir en estas tierras. “Hubo un solo robo a mano armada. Después fueron dos o tres hurtos a personas que olvidaron cerrar la casa o que dejaron dos tablas de surf en el jardín”, aseguran Straforini y Mazzoni.

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La tranquilidad, opuesta al vértigo urbano, es una de las características que se intenta mantener.
 
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