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Domingo, 15 de septiembre de 2002

OPINIóN

“Cansados de demagogia”

Por Jorge Marchini
Profesor de Economía, UBA

En estos días ha comenzado a reflejarse una opinión casi generalizada indicando, aún en el marco de gravedad generado por el desmoronamiento financiero o los indicadores macroeconómicos y sociales del primer semestre del año, que el país habría entrando ahora en una meseta de tranquilidad: dólar y precios estables, equilibrio fiscal, impasse en la negociación externa, menores amparos de los ahorristas. Se afirma que, de sostenerse, podría hasta anticiparse el comienzo de la recuperación económica y tal vez, como ha asegurado repetidamente el presidente Duhalde, de los desastrosos indicadores sociales. De tal forma, entonces, podría suponerse también que el tiempo político vendría a desplazar al económico y social. Habría que comenzar a pensar sólo en el mediano y largo plazo y no en un duro, pero al menos “estable”, corto plazo.
¿Es correcta esta visión tan tranquilizadora? Desde ya no es posible hacer pronósticos precisos en un país que sufre una situación tan grave como Argentina. De todas formas, sí es necesario reconocer la existencia de una nutrida agenda de temas y presiones que no esperarán para manifestarse el cronograma electoral.
Entre las cuestiones más significativas, que irónicamente gozan de una consideración pública sólo superficial o lateral por parte de los principales precandidatos merecen mencionarse: la renegociación de tarifas de servicios públicos que puede impulsar por su significación una mayor carestía, la cada vez más deteriorada situación salarial, los problemas presupuestarios tanto a nivel nacional como provincial, las decisiones pendientes en torno a la puesta en marcha del CER, la postergación de compromisos financieros con organismos multilaterales, asumidos por el actual gobierno hacia el próximo gobierno para sumar vencimientos en el 2003 de 16.000 millones de dólares y aun la creciente “comprensión” respecto a la morosidad del sector privado endeudado en el exterior.
El país no tiene espacio para superficiales promesas “en campaña”. Por cierto, el verdadero debate político y económico debiera concentrarse en el fuerte cruce de propuestas y debates en relación a las verdaderas preguntas centrales: ¿cómo se sale de este desastre económico y social? Y sobre todo ¿quién y cómo pagará el costo de la crisis? No es hora para creer que la solución de los problemas del país pueda ponerse a cargo asesores de imagen y juegos de encuestas. Los desafíos hoy son mucho más contundentes e inmediatos y estamos cansados de promesas y gestos demagógicos.

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