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Domingo, 3 de abril de 2011

Evaluación de los resultados de la vigencia de la convertibilidad

Daniel Kostzer. Economista, FCE-UBA

“Regresivo y antipopular”

“La memoria colectiva de las hiperinflaciones y la inestabilidad en nuestro país permitió que lo que debería ser un plan antiinflacionario de coyuntura se convirtiese en la mayor transferencia de ingresos de la historia, así como la que generó los cambios estructurales más regresivos y antipopulares. ‘Colgados’ de una estabilidad de precios mañosa y antiproductiva, se completaron las reformas que la dictadura militar dejó inconclusas por la suma de errores, codicia y presión popular. La convertibilidad no sólo se nutrió ideológicamente de las ideas más estereotipadas del denominado Consenso de Washington, sino que también fue fuente empírica de inspiración de programas de otros países. Hoy hablar de los resultados es ocioso. Desempleo, marginalidad, destrucción del entramado productivo, regiones devastadas y una generación que no supo lo que es trabajar son los signos emergentes de un esquema llamado a insertar a la Argentina en un mundo que, pocos años después, demostró ser también inviable para los países centrales, tal como hoy atestiguan España, Italia, Portugal y hasta los Estados Unidos. Cuando un país deja de hacer esfuerzos por incluir a sus habitantes, los límites al modelo son sociales y políticos, y están más cerca de lo que muchos piensan mirando los ‘fundamentals’.”


Matias Kulfas. Economista y presidente de AEDA

“Destruyó empleos e industrias”

“Pensada inicialmente como un esquema de estabilización, la Convertibilidad terminó en un régimen macroeconómico de largo plazo y un emblema de la reconversión y achicamiento del aparato productivo y la regresividad social. Durante los 11 años que duró dicho régimen, el empleo industrial cayó a una tasa promedio del 4,2 por ciento anual y más de 9200 empresas industriales cerraron sus puertas. La reducción del empleo se produjo tanto por la propia desaparición de fábricas como por la reconversión productiva que llevó, en muchos casos, a reemplazar proveedores locales por importaciones, convirtiendo, de este modo, a muchas empresas en meras armadurías o maquiladoras de piezas importadas. Desde el discurso oficial se le llegó a encontrar el lado positivo a esta tendencia postulando que esa mayor integración al mundo (e incluso el pasaje al Primer Mundo) fortalecería a las empresas más competitivas e introduciría presiones para mejorar a las más débiles. La productividad industrial subía pero no debido a que estuviéramos viviendo una revolución tecnológica, sino al cierre de las empresas de menor productividad, en una suerte de perversa eutanasia manufacturera estimulada desde los ejecutores de la política económica. Sus resultados finales fueron niveles de desempleo, pobreza e inequidad distributiva como nunca antes había conocido la historia argentina y un nuevo ciclo de sobreendeudamiento.”

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SUBNOTAS
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  • Recuperar soberanía
    Por Mercedes Marco del Pont *
 
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