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Viernes, 13 de junio de 2008

TEATRO › ENTREVISTA A ETELVINO VAZQUEZ, DIRECTOR DE PASAJERO DE LAS SOMBRAS

“Aquí todavía importa la ideología”

El dramaturgo e investigador asturiano, invitado al Festival de Teatro Argonáutico que empieza hoy, destaca el estado de la escena porteña respecto de la española, “donde lo primero que un actor pregunta es cuánto va a ganar”.

 Por Hilda Cabrera

El primer espectáculo que presentó el actor, dramaturgo, director e investigador asturiano Etelvino Vázquez con su Teatro del Norte (en Lugones, Oviedo) llevaba un título inquietante: Malas noticias acerca de mí mismo (1985). Un enfoque muy personal sobre la vida y el arte que, aunque con variantes, no abandonó. Lo demuestra el repertorio de la compañía, hoy con algo más de cuarenta obras, entre propias y ajenas. Invitado al Festival Internacional de Teatro Argonáutico (FAT 5) –que se realiza en Mendoza desde hoy hasta el lunes 16– ofrecerá allí dos espectáculos: Federico García Lorca (hoy), donde repasa la producción teatral del poeta granadino asesinado en el barranco de Viznar el 19 de agosto de 1936, y Pasajero de las sombras (el domingo).

Será además uno de los especialistas del foro ¡A por el vellocino!, dedicado a la gestión teatral. Mientras tanto, en Buenos Aires, se ha ocupado de la dirección de Emma, pieza experimental, ideada e interpretada por Cecilia Hopkins (actriz de Milonga desierta y La recaída y periodista de PáginaI12) que se estrenará el 2 de noviembre en Asturias, en una muestra internacional organizada por Teatro del Norte. Esta obra participa del programa Iberescena, que impulsa el intercambio escénico entre España y los países americanos de lengua española. El equipo se completa con el actor Leonel Cisneros (Viejos hospitales, de Alejandro Finzi) y el dramaturgo español Maxi Rodríguez. Finalizadas las jornadas en Mendoza, Vázquez, también régisseur (dirigió, entre otras óperas, Macbeth, de Verdi, en Oviedo y La Coruña), regresará a España, donde en los próximos días estrena una pieza del fallecido actor, autor y director gallego Roberto Vidal Bolaño, junto al Teatro de Ningures (de ninguna parte). Una última presentación de Vázquez (como actor y dramaturgista) en Buenos Aires se dio en 2005, y con una singular versión de Doña Rosita la soltera, de García Lorca. Cuenta que Pasajero de las sombras (desde 1997 llevada en gira por Italia, Portugal, Francia, Holanda, Estados Unidos, Venezuela, República de Moldavia y Egipto) es parte de una trilogía que algún día acabará. La segunda pieza fue Iberia (2005) y la tercera, Libertad no conozco, está aún en camino.

–¿Por qué se inclina por los espectáculos autorreferenciales?

–Es que mi vida está en el teatro y Pasajero ... habla de esa relación; Iberia va más allá, abarca a la historia y el contexto social que me tocó vivir, y Libertad... es mi conexión con el amor. Tomé el título de un verso de Luis Cernuda, que dice “Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien/ cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;/ alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina...”.

–En el repertorio del Teatro del Norte aparecen obras inspiradas en autores clásicos españoles. ¿Se los aprecia?

–No. El teatro está muy mal en España, y a veces tienes que pensar en lo que puedes vender. Los que hacemos teatro experimental lo vemos difícil. De Pasajero de las sombras hice más funciones en el exterior que en España, y de Iberia mucho menos en mi país.

–¿Quién es el pasajero?

–Un actor que recuerda su vida, y siente, como el protagonista de El canto del cisne, de Antón Chéjov, “que todo es quimera y engaño”, que ha perdido la vida dedicándose por entero al teatro.

–Lo siente así, realmente.

–¡Bueno!, no todos los días.

–¿Opina que es un síntoma de época?

–No sé, quizás esta impresión es más fuerte en España que en otros países europeos, porque no hay buena consideración social por el teatro. Y si no se gana dinero y la consideración es baja, uno se pregunta para qué. En Italia, aunque es un quilombo y hay muy malas ayudas, el actor tiene mayor prestigio. Los Ayuntamientos dan espacio a las compañías. En España estamos muy lejos de eso todavía. Ahora parece que quieren hacer algo. El PSOE reconoce, en privado, que no hizo nada por el teatro.

–¿Y qué quedó del teatro de nuevas tendencias?

–Fue un empuje, pero se acabó. Tuvimos varios ministros de Cultura, también una ministra a la que hubo que mandar a casa, y sin embargo no se ha creado una ley de teatro. Ahora nos dicen que van a facilitar salas a las pequeñas compañías. El Ministerio de Cultura español no da dinero para crear espectáculos, porque se supone que su tarea es interrelacionar las diferentes autonomías. Por lo tanto, quien tiene que dar es la Autonomía que corresponda a la residencia de cada grupo.

–¿Cómo es en Asturias?

–La Consejería de Cultura patrocina espectáculos, pero Asturias cuenta con una población envejecida y pobre. El Gobierno Autónomo no tiene los recursos de Cataluña. Entre los que se ocupan desde hace décadas del teatro soy el de más edad y el más conocido de Asturias, sin embargo tengo que seguir peleando. Parece que mi responsabilidad histórica es darles caña a los funcionarios y exigir que se pongan las pilas. En Asturias hay veintidós compañías profesionales de teatro, pero los funcionarios y políticos siguen mirando para otro lado.

–¿Qué tiene de particular la actividad en España y Argentina?

–Aquí descubrí una entrega que en España no existe. Por eso cuando uno viene siente el contagio y le apetece quedarse. Encuentra gente que piensa parecido a uno. En España, lo primero que pregunta un actor o un director cuando se le ofrece algo es cuánto va a ganar. Diría que aquí lo ideológico es todavía importante: el teatro tiene valor ideológico, la gente está más politizada. Y esto no se enseña en España, ni siquiera se conversa.

–¿Existe un acercamiento a la comunidad?

–Nada que ver con lo que se hace en Argentina. Soy una persona mayor, trabajo en teatro desde 1968, y tengo que seguir empujando cuando debiera haber gente joven que me empujara a mí. Es que los jóvenes están, en general, en otra cosa. Y si la familia tiene medios, se marchan a Madrid, donde esperan hacer un casting y trabajar en lo que venga, y enamorarse, tener hijos y olvidarse del teatro. Porque en España después de los treinta años es difícil hacer teatro.

–¿Critica el pase de los actores y directores a la televisión o el teatro comercial?

–Me ha extrañado mucho que un autor y director argentino, al que en España tenemos en un pedestal por su trabajo de experimentación, dirija acá un espectáculo comercial que a mí me parece burdo. Esto sigue siendo difícil de digerir. En general a los actores se los discute menos, aunque choca un poco verlos bastardearse con productoras que manejan mucho dinero y les arman giras. Las obras no duran mucho en una ciudad, porque hay pocas salas o poco público. El teatro da poco, por eso los muy conocidos compensan con la televisión y los demás compensamos con cursillos.

–Aún así se produce.

–Sí, pero el cincuenta por ciento de lo que se hace no vale nada. Cada autonomía tiende a proteger sus espectáculos. En Cataluña casi no hay teatro en castellano, salvo en Barcelona. En los años ‘80, las figuras tenían su espacio y no se mezclaban, ahora da lo mismo. Concha Velasco (actriz, cantante y presentadora de televisión) no tiene ningún problema en ir a una modesta Casa de Cultura de un pueblo. Si le pagan, claro. Mientras tanto, el Estado se lava las manos y nos dice que no nos preocupemos porque el mercado regulará. Un engaño: sabemos que el mercado no regula solo y que cuando lo hace es a favor de los grandes.

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Etelvino Vázquez ofrece Federico García Lorca y Pasajero de las sombras en el festival.
Imagen: Pablo Piovano
 
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