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Miércoles, 19 de noviembre de 2008

TEATRO › ADRIáN CANALE Y LAS DESCENTRADAS, DE SALVADORA MEDINA ONRUBIA

“Para quienes están fuera de foco”

La obra, con aire a folletín romántico, cuela voces lunfardas y desarrolla una intriga de amores entre dos amigas.

 Por Cecilia Hopkins

Luego de realizar un relevamiento de los textos teatrales argentinos escritos a lo largo de las primeras décadas del siglo XX, el director Adrián Canale se decidió por Las descentradas, obra de Salvadora Medina Onrubia estrenada en 1929. Ya olvidada como autora, a pesar de que también cultivó la narrativa y la poesía, Salvadora pasó menos desapercibida en otros aspectos de su vida. Apodada “la Venus Roja” por su espíritu anarquista y su belleza, en 1915 se casó con el millonario director del diario Crítica, Natalio Botana (ver recuadro), sin abandonar su vida independiente y transgresora. La obra, escrita durante “la época más lúcida y fructífera de la dramaturgia argentina”, al decir de Canale, se presenta en la sala que el grupo Puerta Roja tiene en el barrio del Abasto, en Lavalle 3636, con un elenco integrado por Carolina Tisera, Martín Urbaneja, Silvina Katz, Corina Bitshman, Paula Jmelnitzky, Sergio Di Florio, Verónica Seara, Pablo Spigardi y Tian Brass.

Según afirma el director en la entrevista con PáginaI12, el nombre de la obra alude a quienes “están fuera de foco en sus relaciones sociales, culturales o amorosas, los que no entran en ninguna forma de encasillamiento”. Con un aire a folletín romántico en el que se cuelan voces lunfardas, Las descentradas desarrolla una intriga de amor y sacrificio que protagonizan dos amigas, la experimentada Elvira y la inocente Gracia, ambas enamoradas de Juan Carlos, un periodista interesado en develar casos de corrupción pero también en trabajar febrilmente por su lucimiento personal. La autora pone en la personalidad de Elvira rasgos de su propio carácter, retrato que completa al incluir el personaje de Gloria, la dramaturga que escribe una obra que se llama, precisamente, Las descentradas: “Mi heroína es hermana nuestra”, advierte. “En ella estamos todas nosotras... las que no pensamos, las que no sentimos, las que no vivimos como las demás... las que entre la gente burguesa somos ovejas negras y entre las ovejas negras somos inmaculadas.”

–¿Por qué le interesó rescatar del olvido a esta obra?

–Porque Salvadora reivindica distintas maneras de relacionarse entre hombres y mujeres. Esto se evidencia en lo que podríamos llamar sus dos alter–ego dramatúrgicos: los personajes de Elvira y Gloria. La primera se enamora del novio de su mejor amiga (más joven que ella), se separa de su marido e intenta armar una nueva vida. Por su parte, Gloria deja marido e hijos en el intento de llevar adelante su creación literaria. Ambos modelos, para la literatura de la época, eran enfoques nuevos y provocadores, desplazados de la creación habitual.

–¿Cuál es el modelo de felicidad que propone la protagonista?

–Es un modelo que no logra llevar adelante: el de entregarse enteramente a lo que uno ama, sin condicionantes y sin preconceptos. Ella intenta alejarse de todo comentario ruin, trantando de ser sincera con su propio deseo.

–¿Y cuáles son los deseos de Gloria?

–Gloria defiende un enfoque radical y certero sobre la creación. Destaca la importancia de dejar de lado las continuas estupideces que rodean al medio “artístico”: nominaciones, premios, reconocimientos falsos, ansias de estrellato. Desea volver a la creación pura, sin ornamentos innecesarios.

–¿Qué códigos maneja la autora?

–En cuanto a códigos estéticos o de estilo, la obra es un melodrama algo fuera de foco. Tiene un código de escritura “barroco”. Es, en algunos momentos, un texto de “ideas”, que se entremezcla con los tópicos clásicos del melodrama.

–¿Cuáles son los temas sobre los que más se evidencia una voluntad de crítica o denuncia?

–En principio, Elvira, la protagonista, denuncia a su propio marido, un senador, por coimas y arreglos políticos ya realizados. A partir de allí hay una velada crítica a la clase dirigente y sus manejos, que es la misma clase social que Elvira frecuenta y la que frecuentaba Salvadora, como mujer de Botana. Por otro lado, es clara la crítica al matrimonio y sus hipocresías, al amor que cambia de rumbo en cualquier momento y también al imperioso deseo de algunos de ocultar el amor sincero, con tal de resguardar las formas.

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Adrián Canale se nutre de “la dramaturgia más lúcida” argentina.
Imagen: Sandra Cartasso
 
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