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Jueves, 10 de septiembre de 2009

TEATRO › CRISTINA FRIDMAN, LUIS RIVERA LOPEZ Y LA ACTUALIDAD DE TEATRO X LA IDENTIDAD

“Todos parecen tener claro que es una causa humanitaria”

Los integrantes de la comisión de TXI analizan el cúmulo de experiencias que significa la difusión de la tarea de Abuelas de Plaza de Mayo en obras del circuito comercial e independiente. Y prefieren no entrar en polémicas por la falta de subsidios.

 Por Hilda Cabrera

Una singular experiencia escénica que nació en 2000 con el semimontado A propósito de la duda y pudo sostenerse hasta hoy, ha tomado este año otra modalidad. Sorprendió en estos días que Teatro X la Identidad, proyecto que impulsó Abuelas de Plaza de Mayo en aquel año –y fue y es apuntalado por la comunidad teatral–, no presentara su ciclo anual de obras que apuntan a reflexionar sobre la identidad con libertad y amplitud de criterio. Es cierto que en aquel montaje pionero de A propósito... –con dramaturgia de Patricia Zangaro y dirección de Daniel Fanego– no hubo metáfora, pues la intención primera de ese teatro-documento era concientizar de modo directo sobre la apropiación de niños, hijos de desaparecidos y asesinados durante la última dictadura militar que viven con la identidad falseada. Pasado el tiempo, y con la organización de nuevos ciclos, quedó claro que los organizadores de TXI buscaban crecer ampliando formatos y diversificando estilos, e incluso logrando presentar en 2008 un encuentro internacional en el Teatro Nacional Cervantes. Ese crecimiento y permanencia tomó este año otro carácter, sobre el cual se explayan en esta nota dos integrantes de la comisión, la actriz Cristina Fridman y el actor, director y autor Luis Rivera López.

En principio no se presentarán obras: esta vez la difusión parte de los elencos y productores de teatro con obras en cartel, tanto del circuito comercial como independiente o alternativo. Para ello se ha implementado al final de cada función la lectura de una carta en la que se informa sobre “la causa de Abuelas” (así la denominan Fridman y Rivera López). TXI hizo ya su entrada en una función de Agosto (Teatro Lola Membrives), donde la lectura estuvo a cargo del actor Juan Manuel Tenuta; otra de Baraka (Metropolitan), una más de Frankie y Johnny (Picadilly), y continuará en la función de hoy del grupo Los Macocos (Centro Cultural Ricardo Rojas) y en las del sábado de los espectáculos Aires y Aguas, de Marcelo Katz, que se ofrecen en el Centro Cultural Konex.

–¿A qué se debe este cambio?

Luis Rivera López: –Organizar los ciclos implica un esfuerzo enorme y no podíamos superar lo que habíamos logrado el año pasado con las puestas en el Teatro Nacional Cervantes. Decidimos entonces empezar a trabajar para el 2010, año del Bicentenario y de los diez años de TXI, pero con la conciencia de que no debíamos desaparecer de la escena. Pedimos entonces apoyo a los elencos y productores.

Cristina Fridman: –Se nos presentó el problema de la búsqueda de financiación. Este año no recibimos ningún subsidio, y siendo como es esto, un trabajo a pulmón, autogestivo y ad honorem, se nos complicaba. A pesar de eso mantenemos nuestra sede: un departamento de dos ambientes, con una computadora y un teléfono. Salimos a pedir apoyo y recibimos una respuesta maravillosa, y no sólo de los actores –que han sido solidarios siempre– sino también de los dueños y productores de los teatros que tienen un público masivo que quizás no sepa qué es TXI.

L. R. L.: –Comprobamos que tampoco desapareció la solidaridad con la causa de Abuelas. En un momento como éste, en que los políticos se enfrentan de manera extrema y se agudizan las rivalidades entre distintos sectores, nos preocupaba que esta causa perdiera adhesión. Y la verdad es que esto no ocurre. No nos preguntan si estamos con el Gobierno o con la oposición. Todos parecen tener claro que ésta es una causa humanitaria.

–¿Por qué no obtuvieron subsidios?

L. R. L.: –Los gestionamos, pero hay que tener en cuenta que los subsidios del Instituto Nacional del Teatro y Proteatro se dan a la producción y TXI es una asociación civil sin fines de lucro que necesita un apoyo diferente. El año pasado logramos el de Cultura de la Ciudad, que nos sirvió para sostener en parte la asociación, pero este año nuestro pedido no salió de Legislatura. No quiero decir con esto que se trate de una cuestión política: sencillamente, no salió.

C. F.: –Tanto el Instituto como Proteatro han mostrado voluntad de ayudar, pero tropiezan con el carácter atípico de la asociación: no encajamos en lo que normalmente se exige para obtener un subsidio; no tenemos sala, y si bien realizamos una actividad teatral, ésta es ad honorem. Con las instituciones pasan estas cosas: no saben cómo enmarcarnos.

–¿Cuáles son los elencos y teatros dispuestos a colaborar?

C. F.: –Los confirmamos semanalmente. La experiencia que tuvimos con el público de Agosto y Baraka fue muy interesante. Estamos acostumbrados al espectador de TXI, que en general tiene una actitud distinta al de esos teatros. Al final de la función un actor o una actriz lee la adhesión y explica la problemática de Abuelas: qué es TXI, que todavía hay cuatrocientos jóvenes que no saben cuál es su verdadera identidad... Ahí se invita al que tiene alguna duda a consultar con quienes estamos en el hall, donde sobre una mesa colocamos tarjetas para obsequiar y el diario de Abuelas.

–¿Cómo reacciona el público?

C. F.: –Alguna gente recibe la tarjeta y otra no. En la función de Agosto, un hombre la rompió delante de nosotros. La podría haber tirado, pero quiso provocarnos y nos la devolvió rota. Le dijimos “gracias”. Con Baraka nos pasó que algunos no quisieron recibir el material, rechazándolo con un gesto de asco. Esto es para nosotros un entrenamiento maravilloso. Como dice Estela de Carlotto, hay poca práctica democrática en nuestro país. Desde ese punto de vista, hablar y ofrecer y observar cómo se acepta o rechaza nuestro material es una práctica democrática; también comprobar que algunos se enteran recién entonces de que existe TXI y piden más información.

L. R. L.: –Esta posibilidad de tener contacto directo con gente que va al teatro para ver la obra que eligió y no para encontrarse con nuestra propuesta es movilizadora. Sabemos que en nuestros ciclos el público llegaba a priori con la intención de solidarizarse. Esa gente en cambio no tiene ese interés y quizá no le importe el destino de los chicos apropiados. ¿Por qué entonces no atraerla, si quizá sepa algo de esos muchachos y muchachas que aún falta encontrar? La causa de Abuelas es una buena forma de llegar a esa gente, porque es tan transparente, tan clara, que son cada vez menos los que se atreven a rechazarla.

–Más allá del empuje de TXI, ¿son conscientes de que el odio y el enfrentamiento no desaparecieron?

C. F.: –Agosto fue para nosotros la prueba de fuego. En esa función se encontraba en la sala Estela de Carlotto. Algunos le sonreían o se acercaban a besarla y otros la miraban con odio. También estaba en un palco de la sala el jefe de gobierno, Mauricio Macri. No fue invitado, había sacado su entrada pero no escuchó la lectura de la carta de TXI. Se fue apenas terminó la obra.

L. R. L.: –Es común que los funcionarios sean los primeros en retirarse de una sala de teatro. Salvo excepciones, no quieren el contacto con la gente. El texto que elaboramos tiene relación con los puentes que tiende el teatro. Un paralelo con lo que para un actor es la verdad arriba del escenario y para una sociedad, una verdad expuesta en su mismo seno. El texto quiere ser una apelación y una declaración que el propio elenco toma como suya, porque sus integrantes son también hacedores de un teatro por la identidad.

–O sea que una situación aparentemente negativa, como la dificultad de armar un ciclo de obras para este año, se ha convertido en descubrimiento...

C. F.: –Cuando analizamos que de una sala de 700 personas se fueron al final, respetuosamente, entre treinta o veinte, podemos decir que algo hemos descubierto. Esto en la función de Agosto. De Baraka no se fue nadie y algunos aplaudieron de pie. Decidí después caminar por Corrientes para comprobar cuántas tarjetas habían sido tiradas al suelo. Levanté dos diarios de Abuelas y seis tarjetas, y de Baraka, ninguna. También es cierto que en el hall de Baraka habíamos dispuesto una mesa con los banners de TXI antes de la función y que en Agosto nos instalamos recién cuando la gente se retiraba.

L. R. L.: –Me sigue sorprendiendo el apoyo sin restricciones de los productores. Ellos no ganan nada con esto y hasta pueden generar rechazo de alguna parte del público.

–Sucedió también cuando se produjo el incendio intencional de la sala Del Picadero, destinada a Teatro Abierto 1981...

L. R. L.: –Aquélla fue una época bravísima, pero se sabía claramente quién era quién. Ahora todo es más gris, más complejo. Lo que aclara ese gris es la causa de Abuelas, que tamiza miedos y expone hechos y situaciones en forma clara.

–¿Se debe a que trata del robo de chicos?

C. F.: –Y de las circunstancias en las que se los robó, con tortura y muerte de las madres.

L. R. L.: –Aun aquella persona que justifica la represión no puede dar una respuesta válida a ese robo planeado y reglamentado. Esos chicos están entre nosotros, algunos recuperaron su identidad y otros no la conocen, pero cada uno de ellos está presente y lleva encima un muerto; ellos son la punta de un iceberg que no podemos desconocer. La historia de esos chicos arrancados de sus padres legítimos no pasó, como quieren hacernos creer algunos en sus discursos.

C. F.: –Quiero aclarar que este año tomamos esta forma de comunicar la causa de Abuelas, pero eso no significa haber suspendido una actividad que realizamos desde siempre dirigida a otro sector. Es una labor itinerante. Recorremos el país con obras de temática directa que han participado en nuestros ciclos. Todas las semanas ofrecemos una función en alguna escuela, club, centro cultural o centro de estudiantes.

–¿Cuál es el apoyo para el proyecto de los diez años de TXI?

L. R. L.: –Lo estamos gestionando con Cultura de la Nación y de la ciudad. No queremos figurar: éste es un proyecto de Abuelas. Estamos armando un evento que probablemente contenga obras seleccionadas por concurso y otras de encargo para ofrecerlas en un espacio importante, como lo merecen los diez años de trabajo junto a Abuelas.

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“El texto que elaboramos tiene relación con los puentes que tiende el teatro”, dice el dúo sobre la carta que se lee en cada función.
Imagen: Arnaldo Pampilión
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