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Jueves, 10 de septiembre de 2009

CINE › LA PROGRAMACION DE UN CICLO DE CINE ISRAELI EN TORONTO GENERO RECHAZOS

El encuentro arranca con polémica

Parte de la prensa canadiense espera los chismes de figuras como George Clooney y Nicolas Cage, mientras se calcula que medio millón de personas acudirá a las salas. Pero la sección City to City provocó la queja de cincuenta figuras mundiales.

 Por Luciano Monteagudo

Desde Toronto

Los números siempre impresionan en el Festival de Toronto. Pero también los nombres propios, que no tienen nada que envidiarle a Berlín, Cannes o Venecia, con el que este año el festival canadiense se superpone en el calendario más que en otras temporadas, al punto que hace más ajustado que nunca el tráfico de películas e invitados entre la tradicional Mostra a orilla de los canales y esta ciudad bastante más prosaica. Pero no menos cinéfila, evidentemente, si se considera que a partir de hoy y hasta el domingo 20 casi medio millón de espectadores, entre público y profesionales de la industria, pasarán por sus salas, cubiertas o al aire libre.

Los paparazzi y los cazadores de autógrafos, que nunca faltan, tendrán con qué entretenerse en la alfombra roja del Roy Thompson Hall y del Elgin Theater, las dos salas mayores del festival, reservadas casi en su totalidad a las llamadas “Galas”, con las que Toronto se asegura el desembarco masivo de Hollywood y su sociedad del espectáculo. Un Hollywood que desde hace más de una década aprovecha al festival canadiense como plataforma de lanzamiento para su propio mercado estadounidense e incluso para las precandidaturas al Oscar, que en Toronto están a la orden del día. Según la oficina de prensa del festival, aquí estarán estos días George Clooney, Matt Damon, Nicolas Cage, Penélope Cruz, Colin Firth, Colin Farrell, Michael Douglas, Michael Sheen, Sir Michael Caine, Naomi Watts, Ellen Page, Woody Harrelson, Demi Moore, David Duchovny, Mariah Carey, Jennifer Connelly, Paul Bettany, Paul Dano, Eva Green y, last but not least, el azulgrana de exportación y ahora también editor de poesía argentina contemporánea Viggo Mortensen.

Mientras las columnas de chismes de los principales matutinos canadienses –que, de manera un poco provinciana, todavía tienen unas “plumas” equivalentes a lo alguna vez fueron en Hollywood Hedda Hopper y Louella Parsons– se hacen un festín con esa gente y se dedican a cubrir la noche de la ciudad, con sus fiestas y limusinas exclusivas, desde primera hora de la mañana el festival ofrece –a su público y al millar y medio de críticos y periodistas de cine de todo el mundo que desembarcan en la ciudad– un abanico de posibilidades que no es caprichoso comparar con el de un supermercado del cine, donde se pueden encontrar cortos y largometrajes, ficciones y documentales, instalaciones y clásicos.

La dificultad está, en todo caso, en orientarse en un festival semejante, que a diferencia de los grandes encuentros europeos no tiene una competencia oficial y que reparte su inmensa selección de estrenos y novedades en casi veinte secciones. En Masters, por ejemplo, están, como su nombre lo indica, las películas de los directores consagrados, como Air Doll, del japonés Hirokazu Kore-eda; Antichrist, del danés Lars von Trier; Carmel, del israelí Amos Gitaï; Singularidades de uma Rapariga Loura, de Manoel de Oliveira; Les Herbes folles, del francés Alain Resnais; Melody for a Street Organ, de la rusa Kira Muratova; Vincere, del italiano Marco Bellocchio; Vision, de la alemana Margarethe von Trotta; White Material, de la francesa Claire Denis, y Das weisse Band, del austríaco Michael Haneke.

En las secciones Visions y Vanguard, por su parte, se reparten las novedades de los directores de punta, por caso Visage, del taiwanés Tsai Ming-liang; Independencia, del filipino Raya Martin; Irène, de francés Alain Cavalier; Nymph, del tailandés Pen-ek Ratanaruang; Morrer Como Um Homem, del portugués Joao Pedro Rodrigues, y Trash Humpers, del indie estadounidense Harmony Korine, entre muchos otros bien conocidos por el público del Bafici. A su vez, los experimentales (Heinz Emigholz, Harun Farocki, Ernie Gehr, Michael Snow) se exponen en la vidriera de Wavelengths.

Y todo lo que no cabe aquí o allá va a parar a dos grandes cajones de sastre que son Special Presentations y World Contemporary Cinema, que este año incluyen Bad Lieutenant: Port of Call New Orleáns y My Son, My Son, What Have Ye Done, de Werner Herzog; Bright Star, de Jane Campion; Los abrazos rotos, de Pedro Almodóvar; Capitalism: A Love Story, el nuevo documental de Michael Moore; Hadewijch, de Bruno Dumont; The Hole, de Joe Dante; The Informant!, de Steven Soderbergh; Life During Wartime, de Todd Solondz, y el estreno mundial de A Serious Man, de los hermanos Joel y Ethan Coen, entre muchísimos otros.

La que no comenzó con buena estrella es la nueva sección City to City, dedicada a “la experiencia urbana contemporánea” de una ciudad determinada a través del cine. La primera homenajeada resultó ser Tel Aviv, que esta temporada celebra su centenario, y a la que el festival evoca con films de Niv Klainer, Uri Zohar y Eytan Fox, entre otros cineastas israelíes. Pero el director canadiense John Greyson, considerando que este homenaje a Tel Aviv no había nacido como una decisión artística independiente del festival sino como parte de una campaña promocional israelí para reparar su imagen internacional, retiró su cortometraje Covered de la programación de Toronto.

Y no sólo eso: en pocos días consiguió una carta de apoyo de cincuenta cineastas y figuras de todo el mundo que también condenan la decisión del festival. Entre ellos, se destacan los nombres de Ken Loach, David Byrne, Jane Fonda, Slavoj Zizek, Danny Glover y Naomi Klein. “No cuestionamos individualmente a los cineastas israelíes incluidos en la sección City to City”, afirma la carta. “Tampoco sugerimos, de ninguna manera, que el cine israelí no sea bienvenido al Toronto Internacional Film Festival. Sin embargo, y especialmente después del brutal ataque a Gaza de este año, objetamos el uso de tan importante festival internacional para montar una campaña de propaganda en nombre de lo que ha sido caracterizado, por el arzobispo sudafricano Desmond Tutu, por el ex presidente estadounidense Jimmy Carter y por el presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas Miguel D’Escoto Brockmann, como un régimen de apartheid.”

El codirector del festival, Cameron Bailey, salió inmediatamente a desmentir que la sección dedicada a homenajear a Tel Aviv hubiera sido patrocinada por el gobierno israelí, como menciona la carta de protesta, que incluye entre sus firmantes a varios cineastas israelíes, entre ellos Udi Aloni, Ra’anan Alexandrowicz y Eyal Sivan, además del director palestino Elia Suleiman, que tiene su película The Time That Remains en Toronto y que hasta el momento evitó retirarla. Pero al festival le juega en contra un artículo publicado en el portal Canadian Jewish News en el cual el cónsul general de Israel, Amir Gissin, describe como “la culminación” de la campaña denominada Brand Israel (Marca Israel), que algunas fuentes aseguran cuenta con un millón de dólares de presupuesto, a “una masiva presencia israelí en el próximo Festival de Toronto”. La polémica, seguramente, continuará.

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El secreto de sus ojos se verá en la sección Special Presentations del Festival de Toronto.
 
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