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Miércoles, 27 de enero de 2010

TEATRO › FACUNDO ARANA, NICOLáS SCARPINO, LA ACTUACIóN Y LA ACCIóN

“Aunque no seamos Superman, podemos brindar lo nuestro”

En Poder... se puede, de los hermanos Dayub, los dos actores relativizan los roles clásicos con dos personajes que revelarán fortalezas y debilidades inesperadas. El dúo decidió donar diez pesos de cada entrada a la Fundación para combatir la Leucemia.

 Por Facundo García

Desde Mar del Plata

Cuántas mujeres querrían estar en ese camarín. Facundo Arana sale de la ducha a medio vestir y con el pelo mojado. Su voz gruesa retumba en los pasillos por los que también anda Nicolás Scarpino, su compañero de escenario. Juntos hacen Poder... se puede, una pieza de fuerte impronta solidaria que se presenta los viernes a las 22 y los sábados y domingos a las 21.15 en el teatro Güemes (Güemes 2855). No podrían ser dos actores más diferentes. Uno es petiso, el otro alto. Uno tiene rasgos extraños, el otro se ha convertido en sex symbol. Por eso la entrevista se torna contrapuntística, con pensamientos sobre qué significa ser un hombre y un artista íntegro. Y, sobre todo, con la presencia permanente de un mensaje que la dupla no se cansa de repetir: la sociedad necesita tomar conciencia de las vidas que pueden salvarse donando sangre y previniendo enfermedades. “Para nosotros, el arte puede ser una forma de medicina”, afirman. Basta mirar cómo echan carcajadas al aire para sospechar que, al menos con ellos, el tratamiento está dando resultados.

Arana se mete en la charla sin rodeos. “Hacemos esto porque creemos que debe ser hecho y porque gracias a Dios ya pasamos esa barrera de los treinta y pico y no aguantamos que alguien desde arriba nos dé directivas con un dedo. A esta altura, al que me señala con el dedo yo se lo corto. Y sé que Scarpino me avala. Hemos hecho un camino y sentimos la necesidad de decir ‘che, paremos la pelota y generemos algo que nos movilice a fondo’”, afirma.

–Muchos ponen pruritos frente al “arte con mensaje”.

Facundo Arana: –¿Qué pasa si tenés un mensaje? ¿Sos “poco cool”? Mirá, yo te digo una cosa: ¿ves mi mano? (cierra el puño y se señala los nudillos uno por uno) Acá, en cada dedo, tengo escrito “c-o-o-l”. ¡Que vengan!

Poder... se puede es, en definitiva, una campaña que pone al servicio de la salud las herramientas del arte escénico. Se desprendió de un proyecto más ambicioso, que buscaba nada menos que dar la vuelta al mundo. “En 2006 –recuerda Arana– nos enteramos de que para principios de la nueva década el cáncer iba a convertirse en la primera causa de muerte a nivel global. Todas esas personas iban a necesitar millones de donantes de sangre. En el caso de los pacientes hematooncológicos, por ejemplo, pueden llegar a precisarse más de trescientos dadores para el tratamiento. Entonces, como yo ya estaba listo para pilotear aviones, se nos ocurrió que valía la pena armar un proyecto para contarles a espectadores de distintos rincones del planeta por qué era importante salir de la apatía.” La crisis internacional alteró los planes y obligó a rehacer los números, aunque no anuló el empuje inicial. “No nos iba a alcanzar para dar ir a otros continentes, pero nada iba a impedirnos recorrer la Argentina”, detalla el galán.

En vistas a ese objetivo se gestaron dos personajes que atraviesan aventuras entreteniendo a los que van a ver teatro y sorprendiendo al público más cholulo. Scarpino es Damián, un chico inseguro que sueña en grande y tiene miedo de lo que pueda ocurrirle si se lanza a cumplir sus ilusiones. En la búsqueda encuentra a Müller, aventurero que recubre a un Arana con ganas de salirse de los cercos interpretativos que le impone la tevé. La relación entre el inexperto y el héroe redunda en un reflejo bastante acertado del espíritu humano: donde hay inseguridad puede nacer la fortaleza y el gigante más musculoso puede temer a las cucarachas. La gente aplaude de pie y sale emocionada por lo que la obra muestra y fundamentalmente por la convicción de los que están sobre las tablas. “Esta es la historia más linda que nos ha tocado contar”, insisten ellos.

Originalmente iban a utilizar como texto El amateur, de Mauricio Dayub. Luego le pidieron al dramaturgo que se animara con algo nuevo. Dice Arana: “Mauricio y su hermano Raúl tenían muy pocos días para completar el libreto, y cuando les pregunté si iban a llegar, me respondieron ‘y... poder... se puede’. Fue bárbaro, ya teníamos el título”. Facundo bromea y paralelamente sabe de qué habla cuando se refiere a los problemas de salud y al sentido de mantener la esperanza. A los diecisiete le diagnosticaron un linfoma y debió pasar muchos meses en tratamiento. “Cuando decimos ‘cáncer’ –especifica– nos estamos refiriendo a más de cien enfermedades. Lo loco es que el 50 por ciento de estas enfermedades pueden curarse si se detectan a tiempo y el 40 por ciento pueden prevenirse con sólo aplicar un par de pautas básicas.” Ante la necesidad de seguir difundiendo esos datos, del valor de cada entrada a Poder... se destinan 10 pesos para Fundaleu (Fundación para combatir la Leucemia) y para organizaciones que combaten y previenen el cáncer.

–Y ustedes dos, ¿dónde se conocieron?

Nicolás Scarpino: –Ya ni me acuerdo. Cada uno fue haciendo su carrera independientemente. Sin embargo, yo siempre tuve la intención de armar algo con Facu. Una vez un periodista puso como título que yo era un “caprichoso del universo”. Es un poco cierto. Esperé la oportunidad y tras mucho esperar se dio. Cuando me llamaron, yo estaba en dos proyectos de cine, e hice lo imposible para no colgar nada y prenderme. Es un poco lo que transmitimos en la obra, la idea de que si uno quiere las cosas con el corazón, es mucho más probable que sucedan.

F. A.: –Tengo fotos con Nicolás que son del año ’93 o ’94, cuando íbamos a ver espectáculos súper under. Conozco a su familia, sé de qué madera es. Al encarar Poder... se puede la única persona con la que contemplé laburar era él.

–Eso de que “basta desear sinceramente para que ocurra lo que uno quiere”, ¿no se salta el problema de la desigualdad? La calle está repleta de aquellos que, aunque quieran, no pueden.

F. A.: –Existen desigualdades atroces, es cierto. Por respeto a los que la están pasando mal y en honor a ellos es que estamos acá. Los que vienen al teatro pueden pagar una entrada, y si pueden pagar una entrada es muy probable que tengan obra social. ¿Cuál es nuestro mensaje hacia ellos? Que los que estén en condiciones de influir rápidamente sobre la realidad deben ponerse las pilas, cuidarse y entender que hay que tomar conciencia de las necesidades de los que no están bien. Ya tenemos quien denuncie la cruda realidad. Deben existir, además, historias que muestren que se puede salir adelante. Nos hace falta sumar metáforas y proposiciones; volver a aquello de mirarte a los ojos y contarte una historia con sinceridad. A eso vamos.

El dúo ya giró por varias provincias, e incluso estuvo en localidades donde nunca antes se habían dado funciones de teatro. Arana comparte un par de recuerdos. “Estuvimos en Abrapampa y ahí la pobreza está muy presente. Pero ahí el pueblo pudo. Pudo porque hay una señora que se llama Rosario de Quispe, una de las llamadas Mujeres Perseverantes, que vio que muchas hermanas de la Puna morían de cáncer de cuello de útero. Empezó a llevar a esas mujeres a San Salvador de Jujuy y a traer médicos desde la ciudad. Hoy la comunidad logró bajar drásticamente la tasa de mortalidad a partir de la prevención. Confiamos en que algo de lo que contamos pueda remar en esa dirección”, subraya.

–Los personajes de la puesta son antagónicos, aunque al final se aproximan mucho. Es como si se corrieran de los modelos de “ganadores” o “perdedores”. O –lo que en esta época viene a ser casi lo mismo– como si invitara a repensar el sentido profundo de ser hombre.

F. A.: –El que parece debilucho es el que termina enfrentando lo más peligroso, mientras el que se ve invencible se vuelve tan vulnerable como cualquiera. Así es la vida. Cuando antes te das cuenta de eso, mejor. No te podés avivar muy temprano porque hacés cagadas, y si lo descubrís tarde te perdés un montón de experiencias lindas. Hay que hacerlo en el instante preciso.

–Por otra parte, esta vez los dos cantan. A Scarpino se lo ha visto en musicales. A Arana, en cambio, no lo tenía nadie...

N. S.: –Ahí hay gran mérito de Javier López del Carril, que nos dirigió musicalmente y armó una banda sonora con instrumentos no eléctricos y sonidos reales. Se usó hielo aplastado y pisadas de zapatos, un experimento rarísimo. Un golazo.

“Voy con paso de anciano y llego joven”, reza la letra de uno de los tracks. Enmarcados por el ruido rítmico de las pisadas en la nieve, se ve a los viajeros enfrentarse a tempestades y cumbres infinitas. Siempre con la meta de compartir el optimismo, hasta el punto de robarles lágrimas a los que están en las butacas. Y la labor de los dos amigos podrá gustar más o menos, pero nadie puede negar que ponen todo y lo hacen sin concesiones a lo superficial.

–En la situación de ustedes –sobre todo en el caso de Facundo, que es una celebridad– debe ser complicado no caer en la pavada. El mundo del espectáculo está lleno de distracciones...

N. S.: –Es muy fácil marearse. Es un laburo en el que el ego tiende a ir mucho más adelante que la persona, y a veces le tiende trampas. Para contrarrestar eso yo siempre me visualizo como si fuese un árbol. Ese árbol tiene una raíz, y si logra afirmarse, al crecer da flores y frutos. Cuidar sólo las hojas más vistosas que aparecen por arriba de la copa sería un error. Si no regás las raíces, tarde o temprano muere la planta entera. Estoy atento a mis raíces.

F. A.: –Elegimos ser artistas. Lo nuestro es expresar. No somos médicos ni cirujanos. No estamos metidos entre los escombros de alguna ciudad devastada sacando heridos. A pesar de eso, esta obra nos muestra que aún sin ser Superman nosotros podemos brindar lo nuestro a la sociedad. Como gozamos de cierta popularidad, nos ponen alrededor una cantidad enorme de cámaras y micrófonos. Se nos convierte en opinólogos y frecuentemente desperdiciamos la posibilidad de planificar y pensar lo que estamos diciendo. Por eso esta vez decidimos aprovechar tanta conferencia de prensa para tirar algunas informaciones fundamentales.

–Menos mal, porque en los últimos meses varios famosos dijeron algunas boberías...

F. A.: –Ojo, que tampoco hay que quedarse con la primera impresión. Yo creo que hay muchos artistas que tienen opiniones interesantes. Lo que pasa es que cuesta ordenarlas y darles una orientación. Además, lograr que alguien levante la oreja y te preste atención –atención verdadera, profunda– requiere que te prepares. Si un chabón que anda diciendo pelotudeces todo el día viene a querer contarte algo en serio, te lo vas a tomar como de quien viene. Por eso uno se propone mantener la coherencia a lo largo de su carrera, o por lo menos se esfuerza por no dar pasos en falso.

–Lástima que algunos medios no tienen criterio razonable sobre los discursos que difunden...

F. A.: –El otro día veía cómo la tele, muy temprano, mostraba a los muertos de Haití como si fueran un objeto más. Eran imágenes tremendas y no estamos preparados para verlo todo. Eso hace que las personas empiecen a endurecerse. Lleva a que muchos papás estén pensando “voy a tener hijos, pero no sé cuánto durará la felicidad”. Estamos soportando innecesariamente esta carrera de los que muestran por el mero hecho de mostrar.

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“Yo creo que hay muchos artistas que tienen opiniones interesantes. Lo que pasa es que cuesta ordenarlas.”
Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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