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Miércoles, 27 de enero de 2010

CINE › LA DIRECTORA MEXICANA MARIANA CHENILLO HABLA DE SU óPERA PRIMA CINCO DíAS SIN NORA

“El humor permite hablar del dolor”

Inspirada en su propia experiencia familiar, Chenillo elaboró una comedia que trata temas tan serios como la muerte, el duelo y los rituales en la cultura judía. “No estaba buscando el humor, sabía que si era rigurosa el humor me encontraría”, dice.

 Por Ana Bianco

¿Cómo se sostiene una trama que parte de un suicidio, sin desbarrancarse en un culebrón previsible y barato? Ese es el mayor acierto de la directora y guionista debutante Mariana Chenillo, quien a través de un tono de comedia negra imprime su sello a la película mexicana Cinco días sin Nora, basada en su historia familiar.

En el film, a los deudos –el ex marido y su hijo– les corresponde, como es de rigor, hacerse cargo del entierro de Nora. Pero también intervienen los rabinos de la comunidad y las partes implicadas deben flexibilizar sus pensamientos para poder darle sepultura, en contravención a la prohibición talmúdica de enterrar a una suicida en el panteón. La acción transcurre durante la festividad del Pésaj, presente en esa mesa que quedó tendida y en esos tupperware que esperan ser abiertos para la celebración. Chenillo acerca al espectador y lo hace partícipe de los rituales judíos, que conviven con el sincretismo mexicano.

La película de Chenillo llega en un buen momento para el cine mexicano. Conversaciones entre Shakespeare y Victor Hugo, de Yulene Olaizola, obtuvo el premio a la Mejor Película Internacional en el Bafici 2008, y Parque Vía, de Enrique Rivero, que recogió varios premios internacionales, fue exhibida en el Bafici 2009. Chenillo se suma a este oleaje con Cinco días sin Nora, que después de ganar el Astor de Oro a la Mejor película en el último Festival de Mar del Plata será uno de los estrenos en la cartelera porteña de esta semana.

En una charla telefónica con Página/12 desde México, Chenillo comparte detalles del film.

–¿Cómo fue el trabajo de guión, que consiguió dar con ese tono tan particular de comedia negra?

–La película está basada parcialmente en mi historia familiar. Como en la película, mis abuelos vivían casi balcón con balcón, en la misma calle. Y a pesar de que llevaban años divorciados, seguían siempre pendientes el uno del otro. Tanto, que después de la muerte de mi abuela, mi abuelo se mudó. Si ella no vivía enfrente, él ya no quería vivir ahí. La ficción permite acelerar los procesos y mostrarlos con más claridad: pero ese proceso de reconciliación que se ve en la película sucedió también en la vida, aunque durante un período mucho más largo. Esta historia rondaba en mi cabeza desde hacía años, hasta que encontré el tono de la película y me decidí a escribir el guión. Como si contar la historia con humor me diera el permiso de narrarla. A partir de que descubrí que quería hacer una comedia, todo comenzó a fluir y a tomar forma, tanto en el tono como en la estructura y en todos los demás elementos que la componen. Yo creo que el humor es una herramienta que nos permite hablar de temas dolorosos con mucha libertad. Y también permite que el espectador se abra y se exponga a la historia casi sin darse cuenta, por lo que también está abierto a conmoverse con mucha facilidad.

–¿Cuál es su vinculación con la cultura judía?

–Provengo de una familia judía. Incluir las costumbres judaicas alrededor de la muerte era algo natural dentro de la historia. El judaísmo, más que un tema en la película, provee un contexto. Por un lado, decidí hablar de lo que conozco. Y por otro lado, me parece que los rituales mortuorios judíos son de una gran sabiduría y están dirigidos a los deudos. Los rituales judíos cuidan también de la vida. Descubrí que la película también trata de aquellos que se quedan, más que de aquellos que se van.

–¿Qué temas subyacen en la historia?

–El tema principal de la película es la reconciliación, que va más allá del entendimiento. También se refiere a las diferencias que nos separan y que nos unen, así como a los secretos y situaciones emocionales que a veces no sabemos cómo compartir.

–El comportamiento de José, el ex marido, es lineal hasta que se quiebra. ¿Cómo trabajó con él?

–José tiene una postura muy inflexible al inicio: está dispuesto a todo para no cambiar de opinión. Pero, poco a poco, habrá pequeñas fracturas en esa caparazón aparentemente indestructible. Hay un secreto que guardaba Nora que lo tortura y le genera la necesidad de quedarse en el departamento. Y poco a poco, con la llegada de todos los miembros de la familia, se dará permiso de sentir y de darse cuenta de qué ha pasado. Por ello, creo que el proceso de quiebre se da gradualmente de forma muy sutil. El trabajo con Fernando Luján estuvo muy centrado en el presente de la historia. Ensayamos poco y hablamos aún menos. Sin embargo, discutimos cada detalle de la interpretación. Sobre el tono exacto del personaje teníamos puntos de vista distintos. El resultado final es la síntesis de los dos, lo cual enriqueció al personaje.

–¿Cómo fue su experiencia de trabajo con los actores argenmex y con Laura Imperiale, productora que ha trabajado con Arturo Ripstein y Carlos Carrera, entre otros directores?

–Los actores entendieron pronto la gran “seriedad” con la que debían interpretar los papeles. No estábamos buscando el humor y sabíamos que si éramos rigurosos, el humor nos encontraría a nosotros. Tuve la suerte de trabajar con dos grandes actores que son al mismo tiempo argentinos y mexicanos: Verónica Langer y Juan Carlos Colombo. A pesar de que ambos hablan con acento mexicano a la perfección, creo que una parte de su origen argentino les hizo entender el humor y la nostalgia de la película de una manera muy especial. También Laura, la productora, es de origen argentino, así como Nerio Barberis, el supervisor de la posproducción sonora. Esta presencia no es ninguna casualidad: en el medio cinematográfico mexicano hay una cantidad importante de cineastas y actores que vinieron de la Argentina en la década de los setenta y que, para fortuna nuestra, ya forman parte de nuestra comunidad cinematográfica. El trabajo de Laura Imperiale fue importante. Es una productora rigurosa e inteligente cuyos aportes en el trabajo de guión, en el set y en la edición fueron fundamentales para el resultado final.

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“El judaísmo, más que un tema en la película, provee un contexto”, afirma Chenillo.
 
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