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Sábado, 18 de octubre de 2014

TEATRO › UNA NUEVA VERSION DE ALICIA, EN EL GALPON DE CATALINAS

Hipnótico relato visual para un clásico

Alicia. Ensueño de maravilla prescinde de palabras y combina diversos lenguajes y técnicas, desde la acrobacia hasta la danza, pasando por el teatro de sombras, dibujos y música original.

 Por Carolina Prieto

Muchísimos artistas se han sentido atraídos por el mundo onírico de Alicia en el País de las Maravillas. El cine, el teatro, la danza, la plástica y la música dieron cuenta de esta inspiración y, desde mañana, la cartelera porteña ofrecerá una nueva propuesta que promete potenciar el mundo fantástico de la historia de Lewis Carroll. Los responsables son el artista visual, escenógrafo y titiritero Alejandro Bustos y la actriz, bailarina y acróbata aérea Tristana Muraro. Durante dos años y medio pergeñaron este espectáculo que prescinde de palabras y combina lenguajes y técnicas como la acrobacia, la danza, el teatro de sombras, los títeres, proyecciones audiovisuales, dibujos y música original. Lo hicieron sin apuro y tomándose el tiempo necesario para probar ideas y trabajar como en un laboratorio, desechando, puliendo y encontrando aquello que mejor servía para hilvanar un relato visual. Sin texto y con la potencia de imágenes de distinta naturaleza, la dupla propone con Alicia. Ensueño de maravilla envolver al espectador en un universo de imágenes hipnóticas en cuatro únicas funciones en el Galpón de Catalinas (Benito Pérez Galdós 93), además de mañana, el domingo 26 de octubre a las 19.30 horas, el 31 de octubre a las 21.30 y el 2 de noviembre a las 19.30.

“Iniciamos una búsqueda evitando los lugares que son familiares a cada uno, con la intención de encontrar algo nuevo. Yo me bajé de la altura y empecé a improvisar más desde mi lugar de bailarina, y Alejandro a experimentar con luces y sombras, con figuras de acetato proyectadas en pantallas. Así empezamos a generar imágenes que nos resultaron interesantes, incluimos títeres y fuimos dando forma a un lenguaje hecho de una combinación de técnicas”, comenta Muraro a Página/12. Durante el proceso de experimentación grababan todo el material que iban generando para poder visualizarlo. Y se encontraron con una imagen que los atrapó profundamente. “Estábamos trabajando con la distorsión de las dimensiones: las sombras te permiten hacer crecer mucho un objeto o achicarlo. Y nos llamó la atención un juego que probamos con una silla cuya sombra crecía enormemente al punto que Tristana quedaba muy chiquita y parecía que podía meterse dentro de ella. Ahí apareció la idea del personaje de Alicia, hasta ese momento no lo teníamos en mente. Y a partir de ese disparador empezamos a desarrollar a través de la improvisación más imágenes e ideas relacionadas con el mundo de este personaje”, agrega Bustos.

Durante cincuenta minutos, la obra despliega las fantasías que surgen de la imaginación de la protagonista y los cruces entre la realidad y su mundo interno. En ese viaje, Alicia se encuentra con ella misma y le sucederán cosas que la modificarán. Aparecerá reducida, multiplicada, desdoblada en otros personajes, vinculándose con objetos cotidianos que se transforman en animales o con libros que vuelan. “Es un desafío muy divertido que todo funcione y suceda. Además de Tristana, la única intérprete que está a la vista del público, hay tres manipuladores de títeres y objetos que permanecerán en la oscuridad como yo. Y hacemos de todo operando linternas y lámparas que crean el mundo de sombras sobre las pantallas”, anticipa Bustos.

Un elemento central para esta aventura es la música original, compuesta principalmente por el violinista Gato Urbansky, quien integró la Camerata Bariloche, tocó con Seru Giran, creó un método de aprendizaje de instrumentos de cuerdas y formó el grupo Acqualáctica, entre muchas otras cosas. “Tiene momentos clásicos, otros incidentales y hasta de terror, con una sonoridad impresionante”, destacan. Si bien aparecerán figuras icónicas del texto como la liebre y el sombrerero, esta versión se permite volar hacia otras zonas, desprenderse del relato de Carroll y ser lo suficientemente abierta para que cada espectador haga su propia lectura. “No intento hacer de una niña, más bien de una mujer que se deja llevar por su imaginación”, aclara la protagonista. Pensado para un público amplio a partir de los seis años, apuestan a atraer a grandes y chicos. “El lenguaje de las sombras produce un efecto hipnótico. Te lleva a un lugar primitivo”, coinciden. Bustos fue uno de los responsables de Bambolenat, ese espectáculo que combinaba músicos en vivo con un trabajo de sombras proyectadas a partir de cuerpos, títeres y dibujos en arena. Esta vez, junto al despliegue físico e interpretativo de Muraro, y a Natalia Carrot, Rubén Caffieri y Daniel Turen en la manipulación de objetos, se disponen a seguir sorprendiendo.

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La obra tendrá, desde mañana, cuatro únicas funciones.
 
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