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Jueves, 10 de septiembre de 2015

TEATRO › ENTREVISTA A PABLO ZIEGLER, QUE ESTA NOCHE ACTUARA EN BUENOS AIRES CON SU TRIO

“Yo toco el tango desde otro lugar”

El notable pianista radicado en Nueva York se presentará en el Centro Cultural Tasso con el New Tango Trío, que también integran Quique Sinesi y Walter Castro. “Jamás me permitiría perder la argentinidad”, señala sobre el crossover que atraviesa su música.

 Por Cristian Vitale

Hace quince años que Pablo Ziegler vive en Nueva York. Allí dedica casi todos los días, de todos los meses, de todos los años de su vida a estudiar, a componer, a arreglar –fechas, conciertos, temas– y a escribir mails. “Me levanto y automáticamente voy al piano. La vida allá es un flash, nunca tenés tiempo para nada, es el mundo de los papelitos, el apuro y los mails. Es el país del ahora y ya”, se ríe él, en un intento por describir su cotidiano hacer en la ciudad del jazz. Un día en la vida de un argentino en Nueva York, ciudad hiperurbana –además– en la que se respira poco del género que éste pianista nacido en 1944 empezó a amar hacia fines de la década del setenta, cuando anidó en el quinteto de Astor Piazzolla: el tango. “Salgo afuera y no... muy poco. El tango se respira sólo en los músicos clásicos, es en la música clásica donde está lo nuestro, y no en los jazzistas. Excepto Al Di Meola o Gary Burton, no veo jazzista que vayan a tocar ‘Libertango’. Por ahí Chick Corea se animó alguna vez, porque éramos muy amigos, pero le salió una porquería”, se ríe, Ziegler, que integró el conjunto de Piazzolla entre 1978 y 1989 y que, fruto de ese vínculo afortunado, pudo hacerse de un lugar –musical- en el mundo. Parte de esa trayectoria mostrará hoy a las 21.30 cuando, junto al New Tango Trío (él, más Quique Sinesi en guitarra y Walter Castro en bandoneón) se presente en el Tasso (Defensa 1575).

“Aproveché que vine a hacer una tocadas por Córdoba y, bueno, allí estaré con el trío con el que trabajo muchísimo en Europa, más un violinista que es impresionante: se llama Sami Merdinian”, anuncia Ziegler que, además de sus músicas, planea recurrir a lo recurrente: Piazzolla. “Cuando pasó lo que pasó con Astor, el único que estaba armado para tocar sus músicas era yo. Y es lo que vengo haciendo, en parte, hace casi treinta años”, explica el músico sobre determinadas versiones que planea hacer y que sintonizan claramente con su misión piazzolliana. En concreto, las emblemáticas “Libertango”, “Fuga y misterio” o “Michelángelo 70”, por caso, más otras gemitas como “Chin Chin” o “Introducción al ángel”, una de sus piezas preferidas: “Este es uno de los temas más lindos que compuso Astor de la serie de los tangos del ángel. Es un temón. Yo lo toco siempre y la gente muere. Siempre le digo a los músicos que este tema es tan lindo que, hasta mal tocado, gusta igual”, se ríe Ziegler. Siempre se ríe.

–¿Qué es el nuevo tango para usted, Ziegler? ¿Por qué le puso así al trío?

–Es lo que se conoce en inglés como crossover. O sea, la reunión de varias disciplinas metidas dentro de la impronta tanguera. Sin embargo, la música nuestra, uses el sistema que quieras para expresarte como compositor, tiene que tener la rítmica que represente a Buenos Aires. Eso es algo que aprendí con Astor y que me permite seguir trabajando en el mundo, porque interpreté eso y lo hago de la manera que lo siento. Siempre les digo a los músicos que si nos ponemos a improvisar, por favor improvisemos pensando en Buenos Aires, en el tango.

–¿Innovadora o tradicionalmente?

–No sé. Yo toco tango desde otro lugar. Y me sorprende la respuesta de la gente cuando toco lo que siento. Por ejemplo, cuando toco “La Cumparsita”, tal vez desde un lugar más contemporáneo pero muy tanguero. Y eso siempre funciona, porque la gente escucha algo distinto. O tocás “Libertango” y no te podés bajar del escenario (risas).

–¿Qué otros músicos de tango han influido sobre usted, más allá de Piazzolla? Por ejemplo un pianista...

–(Risas) Bueno, sí: Osvaldo Tarantino. Nos hicimos amigos cuando debuté con mi cuarteto acá en Buenos Aires, en el noventa y pico. Vino, me abrazó y me dijo “por fin alguien que se anima a improvisar en el tango”. Me dio músicas de él firmadas y se murió en seguida, pobrecito. Fue tremendo, porque era un tipo que admiraba... un rey, Taranta.

Osvaldo Tarantino se imbrica en una gran serie de músicos “universales” con los que Ziegler se topó en diferentes períodos de su extenso trayecto a bordo del piano. Aprendió de Gerardo Gandini y Francisco Kröplft; experimentó temprano en ese limbo de exploración que queda entre la música clásica y el jazz (Pablo Ziegler Terceto, por caso); se sumó –dicho fue– al quinteto de Piazzolla, y también a los talentos de la cantante italiana Milva, el vibrafonista estadounidense Gary Burton, el saxofonista –también estadounidense– Branford Marsalis, la violinista Regina Carter, el vientista cubano Paquito D`Rivera, el bandoneonista argentino Néstor Marconi, el bandoneonista japonés Satoshi Kitamura, el bailarín Julio Bocca, el cantor José Angel Trelles, o el poeta Horacio Ferrer, entre muchísimos otros. También fundó cuartetos, quintetos, tríos y dúos; publicó discos “cruzados” como La conexión porteña, Los tangueros (junto al pianista Emmanuel Ax), Asfalto, Tango romance, Places, Bajo cero (nominado a los Grammy latinos en el rubro Mejor álbum de tango), y Buenos Aires Report; y giró una y mil veces por el mundo dando conciertos o clases magistrales. “Viajé por todos lados, sí, pero jamás me permitiría perder la argentinidad”, sentencia el pianista. “Para mí es muy importante mantenerla porque de eso se trata la música que nosotros hacemos. A todo el mundo le mostramos que de ahí venimos, y que estamos tratando de darles un retrato musical de lo que nosotros sentimos por nuestro país”, extiende.

–Reciprocidad musical: ellos nos trajeron rock y jazz, nosotros le mandamos tango, y todo bien...

–Y los tipos se mueren, si. A propósito, yo durante diez, doce años he tenido un programa llamado Tango meets jazz, con un productor de allí enamorado de la música de Piazzolla, que había sido productor de Tony Bennett, y que me llevó a hacer muchas cosas con el piano, con muchos artistas y con orquestas

El Tango meets jazz no fue otra cosa que Ziegler y su grupo invitando jazzeros a sus conciertos, inspirados en la idea de Gary Burton de invitar a Astor, o del disco Reunión Cumbre, del mismo Piazzolla y Gerry Mulligan. “Estas fueron cosas de Tango meets jazz: invitamos a Branford Marsalis, por ejemplo. Es el día de hoy que lo llamo y me dice `¿cuándo tocamos?`, los tipos nos imitaban las frases y nosotros enloquecíamos ¡había que jazzear en argentino, ¿eh?! (risas). Una de las últimas fue Regina Carter: nosotros nos enamoramos de ella, y ella de nosotros. Es la mejor violinista de blues del mundo. Increíble el feeling que tiene esa mujer. Mágico”, cuenta Ziegler, que alguna vez fue nombrado ciudadano ilustre de Nueva Orleáns, y otra (2012) ganador del International Echo Award.

–¿Cómo se lleva con el blues?, ¿con las músicas de Otis Spann, o Art Tatum, por tomar dos casos directamente vinculados con su instrumento?

–El blues era un género que yo tocaba antes de llegar al quinteto de Astor. Era un enamorado del jazz y también del blues, que es como algo básico en el jazz, es la primera materia que tenés que aprobar. Más allá de los pianistas, el guitarrista de blues es extraordinario, es como un payador que está tocando su música y contando una historia. Todas esas cosas te van dando ideas, te van generando preguntas del tipo ¿cómo puedo yo hacer algo así, desde lo nuestro? Yo tengo un tema que se llama “Blues porteño”, y lo sigo tocando en todas partes. Es un tango con impronta de blues, o un blues con impronta de tango.

–Hay dos personajes clave e imposibles de soslayar en su trayecto musical: uno es Astor Piazzolla, y el otro Gary Burton. ¿Cuánto o qué hay de ambos en su New Tango Trío actual? ¿cómo se cruzan ambos en tal proyecto?

–Bueno, de alguna manera la reunión de Astor con Burton fue a raíz de la pasión que tenía Astor por el jazz. Usted piense que él estuvo dos veces viviendo en Nueva York, una vez de chico y otra siendo un teenager. El siempre tuvo una tremenda información de la música de allá. Me contaba que iba a escuchar a Cab Calloway, que no lo dejaban entrar, pero que lo escuchaba de afuera y se ponía a hacer tap, a pesar de que tenía una patita mal ¿no?... él había tenido una parálisis y tuvo diecisiete operaciones, pero manejaba su renguera como un rey, revoleaba la pata y no te dabas cuenta (risas). Eso por un lado lo marcó, pero por el otro le dio una fortaleza de supervivencia para luchar por lo que él creía, increíble. Así luchó y no se equivocó.

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“En Nueva York el tango se respira sólo en los músicos clásicos, y no en los jazzistas.”
Imagen: Pablo Piovano
 
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