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Martes, 23 de julio de 2013

CHICOS › EL DISFRUTE DE ENCUENTROS CERCANOS CON ESCRITORES

La Biblioteca Nacional, otro refugio para las vacaciones

Ana María Shua, Adela Basch y Diego Paszkowski repasan la experiencia que significa estar una tarde en el edificio de Las Heras. No es la única actividad que ofrece la Biblioteca, una opción altamente recomendable y, además, con entrada gratuita.

 Por Karina Micheletto

La Biblioteca Nacional tiene algunas de las propuestas gratuitas que se destacan en estas vacaciones de invierno. Allí transcurre un ciclo de películas especiales por diferentes motivos, de esas que no están a mano (ver aparte), y otro de “lecturas para niños curiosos”, que los acerca a los autores de sus cuentos favoritos, ¡también en carne y hueso! Ya compartieron sus lecturas Ana María Shua y Ricardo Mariño. Hoy a las 16 será el turno de Diego Paszkowski, y el jueves, a la misma hora, de Adela Basch. El ciclo se destaca porque, además de la lectura de los autores, y las preguntas que los chicos pueden hacer después, se suman sorteos de libros y distintas actividades recreativas que toman la literatura como puente para el juego y el arte. En diálogo con Página/12, los escritores protagonistas de este ciclo relatan sus experiencias frente a los chicos, y revisan también su propio lugar en la literatura infantil.

“Es una experiencia maravillosa poder dar vida a mis libros con mi propia voz y mi propio cuerpo. También es maravilloso percibir que los chicos se vuelven protagonistas de lo que escuchan leer con dedicación y respeto por ellos”, destaca Adela Basch sobre este tipo de encuentros cercanos con los chicos, como la que ya imagina para este viernes. “Es frecuente que me pregunten por qué escribo con rima. Pero una vez, una nena de ocho años me preguntó por qué mis textos eran “ritmados”. Me sorprendió el modo en que logró sintetizar en una palabra la noción de la rima, y, al mismo tiempo, la del ritmo”, recuerda.

Basch, que además de escribir hermosos cuentos, poesías, rimas y obras de teatro para niños, creó Ediciones Abran Cancha, donde publica hermosos libros propios y ajenos, tuvo motivos muy concretos para zambullirse en este mundo: “Cuando empecé a dedicarme a la literatura infantil hacía poco tiempo que había terminado la carrera de Letras”, recuerda. “Mientras la cursaba, sentía que se valoraba más la erudición por la erudición misma que la literatura como hecho vivo y, al recibirme, terminar con el mundo académico, que me parecía bastante estéril y aburrido, me proporcionó un gran alivio. Creo que me dediqué a la literatura para chicos porque sabía que era una zona muy poco o nada apreciada por los académicos, los eruditos y los críticos, que era subestimada y considerada a lo sumo un género menor. Me llenaba de entusiasmo dedicarme a algo con lo que las ‘personas serias y sabihondas’ no se meterían. Sentía que eso me daba una gran libertad y, también, que los chicos eran lectores o interlocutores mucho más abiertos, ricos e interesantes que la mayoría de los adultos. No sé si quería lograr algo particular.”

“Me gusta mucho leer en voz alta, lo hice mucho con mis hijas. Y es muy lindo cuando uno se da cuenta de que el público lo disfruta. A veces sucede y a veces no, depende mucho de la situación. Parece obvio, pero hay que recordar que es imprescindible un buen equipo de sonido, que los chicos estén cómodos, y que no sean de edades muy diferentes”, advierte Ana María Shua sobre la tarea que ya realizó en la Biblioteca Nacional, y relata su experiencia: “Siempre son interesantes (y raras) las preguntas que tienen que ver con el texto. En general, los chicos hacen preguntas muy generales, las que les ven hacer a los periodistas de la tele: cuándo empezaste a escribir, cuántos libros escribiste, cuánto tiempo te lleva escribir un libro... La pregunta más inesperada, y la que más me gustó, fue la de un chico que me preguntó: ‘¿Qué escribiste esta mañana?’”.

“La literatura es una y única. Me da tanto placer leer buena literatura para adultos como buena literatura para chicos”, puntualiza Shua. “Lo que quería y quiero lograr es escribir textos que me gustaría leer hoy si fuera chica (y que tal vez no son exactamente los mismos que me hubiera gustado leer en los ’50): un verdadero escritor siempre duda. También quería lograr vivir de la literatura y lo logré, en buena parte, gracias a la literatura infantil.”

Diego Paszkowski, quien será protagonista del encuentro de hoy, es también autor de literatura “para grandes”, como la novela que dio origen a la reciente película Tesis sobre un homicidio, protagonizada por Ricardo Darín. Su incursión en el mundo “de los chicos”, relata, fue hasta el momento breve pero intensa: “Tuve una gratísima experiencia con chicos de primer grado, que habían leído El día en que los animales quisieron comer otra cosa. Respondí sus preguntas, luego hicieron una simpática representación teatral de mi cuento, me entregaron un montón de dibujos y cartas de agradecimiento, y al fin firmé todos sus ejemplares. Fue una de las experiencias más satisfactorias que tuve, y por suerte me anuncian que la repetiré en agosto en otros dos colegios, ahora para hablar de mi novela Te espero en Sofía, para chicos a partir de diez años”. Paszkowski puede establecer puntos de conexión entre sus trabajos “para chicos” y “para grandes”: “En uno y otro caso, siempre trato de dar, como se dice, lo mejor de mí”, explica. También puede puntualizar diferencias: “Desde luego están en el lenguaje y en las temáticas que abordo. Creo que cada cuento, cada novela o poesía, tiene que buscar su propio ritmo, su propio lenguaje, su propia respiración”.

Paszkowski dicta talleres de escritura en el Centro Cultural Ricardo Rojas, para “jóvenes de entre 15 y 30 años”. “Lo que más me sorprende en ellos es el interés, la capacidad de comprensión y la pasión con la que cumplen las consignas que les propongo en cada clase”, se entusiasma sobre su trabajo. “Me gusta también el momento de responder preguntas: luego de evacuadas las básicas, como por ejemplo si escribo de mañana, de tarde o de noche, pueden surgir cosas más interesantes, como si algún personaje de mi novela está tomado de la vida real (lo que en el caso de Te espero en Sofía resulta cierto, ya que cuento, en clave de ficción, cosas que me pasaron cuando cursaba el séptimo grado de la escuela Petronila Rodríguez, en el barrio de Parque Chas)”. Paszkowski sabe bien por qué elige trabajar con jóvenes: “Creo que los jóvenes tienen la mente abierta como para jugar y experimentar con las palabras. Algo que, supongo, mucha gente pierde con la edad. Por eso es un placer trabajar con ellos”.


Estas son las próximas proyecciones de cine para los chicos, en la Biblioteca Nacional (Las Heras 2555), gratis:
- Mañana a las 15: Cuentos tradicionales rusos y europeos. “Una maravilla de animación no tradicional para divertirnos, charlar, asombrarnos.”
- A las 17: Película sorpresa a elección del público.
- Viernes a las 15: Fiesta del cine: proyección de cortos animados de todos los tiempos. “Tom y Jerry, El correcaminos, Bugs Bunny, ¡como nunca los viste!”

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Shua: “Me da tanto placer leer buena literatura para adultos como buena literatura para chicos”.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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