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Miércoles, 4 de abril de 2007

DANZA › CECILIA FIGAREDO-HERNAN PIQUIN

“Queremos volver a la danza popular”

Formados en el Ballet Argentino, los bailarines van por la herencia de Bocca.

 Por Alina Mazzaferro

En los últimos quince años, la danza clásica argentina se ha desarrollado a imagen y semejanza de un Boca-River. De un lado del tablero, Julio Bocca; del otro, Maximiliano Guerra. En el medio, un montón de jóvenes talentos –Iñaki Urlezaga, Paloma Herrera, Herman Cornejo, Marianela Núñez– que han pasado, algunos más fugazmente que otros, por el podio del ballet local, pero que rápidamente se han refugiado en compañías extranjeras, volviendo a su patria natal tan sólo en calidad de visitantes esporádicos. La popular antinomia Bocca-Guerra dejó en la sombra, durante una década, a bailarines más jóvenes, pero con carreras prometedoras; hoy los dos bastiones de la danza argentina tienen cuarenta años y uno ya ha anunciado su retiro para finales de este año, lo cual confirma la inevitable apertura del juego y el comienzo de un nuevo panorama para el mundillo del ballet argentino.

Cecilia Figaredo y Hernán Piquín –que hasta el momento habían estructurado sus respectivas carreras de la mano de Bocca y su compañía– son algunos de los nombres que, si bien ya resonaban con fuerza entre balletómanos, comienzan a hacerlo también entre el gran público. Ellos han apostado por desarrollar sus carreras en Argentina y, durante abril, encabezarán dos espectáculos en el Teatro Opera (Corrientes 860), fusionando el clásico y el contemporáneo con géneros más populares como el tango y el jazz. Mañana, el viernes y el sábado próximos, podrá verse a la Figaredo en A tango y jazz, junto al Ballet Argentino, la Antigua Jazz Band, dirigida por Pablo Scenna, y la agrupación Octango, de Julián Vat, con coreografía de Margarita Fernández y Ana María Stekelman. Mientras tanto, Piquín regresará el 13 y 14 de este mes con Hernán Buenosayres (una creación de la misma Fernández y Laura Roatta), junto a su nueva compañía, las invitadas Miriam Cohelo y Natalia Pelayo (ambas integrantes del Ballet Estable del Colón) y los inolvidables tangazos de Astor Piazzolla, Osvaldo Pugliese, Mariano Mores y Julián Plaza.

Si bien ambos artistas se encuentran embarcados en proyectos diferentes, los une una escuela en común: la del Ballet Argentino, que dirige Bocca. Piquín ha pasado más de diez años dentro del mismo (aunque no consecutivos, ya que en 2000 ingresó al Smuin Ballets de San Francisco), mientras que Figaredo ya lleva allí 17 años ininterrumpidos. “Queremos continuar con el legado de Julio –explica la bailarina–, el de volver a la danza popular. Una danza a la que todo el mundo pueda acceder y que, a su vez, sea atractiva para todo el mundo, que proponga cosas nuevas.”

–¿El ballet de repertorio quedó restringido al público especializado?

Hernán Piquín: –Para mí todo el público es especializado. Está el que se fija si cerraste bien el tour en quinta posición o no, y está el que se emociona con lo que está viendo.

Cecilia Figaredo: –Hay cosas que gustan aunque uno no sea un entendido. Sino yo no podría ir a ver cine japonés, por ejemplo. Voy y lo miro, si me gusta repito. Con la danza sucede lo mismo.

Como herederos del bailarín de sangre más pura, esta dupla será la que encabezará los espectáculos de la compañía de Bocca cuando éste ya esté retirado. Esto significa no sólo una exposición mayor sino, sobre todo, una responsabilidad en cuanto a la elección de coreógrafos, música y repertorio. “No es la primera vez que asumimos semejante responsabilidad”, recuerda Figaredo. “Lo vivimos cuando hicimos Tangó, que fue creada especialmente por Ana María Stekelman para nosotros”, explica, haciendo referencia a la obra que protagonizaron en 2004 en el Centro Cultural Borges con motivo del quinceavo aniversario del Ballet Argentino.

“Estar trabajando con Julio te llena de responsabilidad, porque no estás al lado de cualquier bailarín, sino al lado de uno que es conocido en el mundo, y eso te obliga a mantener el nivel”, insiste Piquín. Su larga espera –luego de interpretar por años los papeles de coprotagonista, al lado de un Bocca siempre en el rol principal– no ha sido en vano: finalmente, en 2006, Lino Patalano (el representante de Bocca y su coproductor) vio en este virtuoso de 33 años al continuador del “legado Bocca” y le propuso formar su propia compañía, la cual inauguró con bailarines pertenecientes a los grupos de Margarita Fernández y Laura Roatta. También Leonardo Favio puso sus ojos en él y le ofreció nada menos que el rol principal en su nueva película Aniceto, cuyo estreno está previsto para junio de este año.

Con tanto camino recorrido, Piquín y Figaredo tienen una última meta: seguir bailando por mucho tiempo más, “y juntos”, aclaran. “El año que viene, quizás haya una unificación del Ballet Argentino con mi compañía”, anticipa el bailarín, que no puede esperar a que eso suceda y poder encabezar una obra completa al lado de Cecilia, su partenaire de siempre. Por ahora, ambos disfrutan de sus proyectos individuales. “Poder encabezar hoy un espectáculo para nosotros es una alegría y un agradecimiento tanto a Lino Patalano como a Julio, porque creen en nosotros y en este país”, subraya Piquín. Asimismo, ambos esperan aprovechar esta temporada al máximo, porque es la última en que podrán bailar junto a su mentor.

–¿Qué le dicen a Bocca respecto de su retiro?

H. P.: –Físicamente le queda margen para seguir bailando. Y si no puede con el ballet clásico, que es muy exigente, porque tiene su rodilla con tantas operaciones y está cansado, se puede dedicar perfectamente a otros géneros. Baryshnikov tiene su compañía, tiene 60 años y sigue bailando contemporáneo.

C. F.: –Uno lo observa desde dos ángulos, como bailarín y como amigo. Como amigo sabemos que es una decisión que Julio tiene tomada hace varios años, no al azar sino muy pensada. El se siente satisfecho con su carrera; es un bailarín absolutamente realizado, aunque sea joven, entonces lo vive con alegría y felicidad. Sin embargo, como amante de la danza y seguidores de Julio, es una tristeza. Va a ser una gran ausencia.

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Figaredo presentará desde mañana, en el Opera, A tango y jazz; Hernán Piquín hará Hernán Buenosayres.
 
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