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Lunes, 4 de octubre de 2010

CULTURA › INAUGURACIóN DE REALIDAD Y UTOPíA EN LA ACADEMIA DE LAS ARTES DE BERLíN

Ensayo sobre la memoria visual

Pieza clave dentro del programa de actividades previas a la presentación argentina como invitada de honor en la Feria del Libro de Frankfurt, la exposición le permite al público alemán el acceso a la obra de setenta artistas visuales de nuestro país.

 Por Cristián Elena

Desde Frankfurt

Un funcionario participa de un acto protocolar y, una vez concluido, accede a contestar las preguntas de la prensa. Tiene entonces la posibilidad de meter la mano en el cajón de los lugares comunes y salpicar el diálogo con un puñado de frases para cumplir con el trámite.

No es el caso de la embajadora Magdalena Faillace, presidenta del Comité para la Participación Argentina en la Feria del Libro de Frankfurt 2010 (Cofra), quien acaba de inaugurar en la Academia de las Artes de Berlín la muestra Realidad y utopía y en diálogo con Página/12 le da rienda suelta a un entusiasmo que la desborda. “Hace minutos nos ha llamado el director de la Akademie der Künste para felicitarnos por las 1500 personas que visitaron la exposición en la noche de apertura al público, un hecho hasta ahora inédito para una jornada inaugural en esa sala”, comenta y así el tono exultante de su voz se carga de sentido.

Pieza clave dentro del variado programa de actividades en torno de la presentación de Argentina como invitado de honor en la Feria del Libro de Frankfurt, Realidad y utopía le permite al público alemán el acceso a las obras de setenta artistas visuales argentinos, en lo que constituye uno de los emprendimientos culturales de este tipo más ambiciosos realizados fuera del país; un proyecto que –según la propia Faillace– fue “concebido y preparado por un grupo relativamente pequeño de personas que trabajó concentradamente durante dos años y medio persiguiendo este fin”. Un rol central de ese grupo de trabajo es el que han desempeñado Diana B. Wechsler, como curadora, y Pelusa Borthwick, a cargo de la producción de la muestra.

La estructura que presenta la exhibición propone al público un encuentro inicial con el arte contemporáneo argentino, para luego llevarlo de la mano a hacer un recorrido histórico que lo depositará en los albores del siglo XX. Aún así, ese camino no está signado por la linealidad temporal sino que atraviesa un campo en estado de tensión permanente. La amplia selección de pinturas, instalaciones, fotografía y video echa un necesario haz de luz sobre la memoria visual argentina, asumiendo el influjo de la cultura occidental al tiempo que trata de liberarse de la misma a través del rescate de las culturas originarias.

En su alocución durante el acto inaugural de Realidad y utopía, Magdalena Faillace se vio obligada a corregir explícitamente aquello de que “los argentinos somos los europeos de Latinoamérica”, un mito que durante el último siglo parece haberse afianzado a ambos lados del Atlántico, a la vez que distorsiona las nociones de identidad y memoria, espina dorsal de la embajada itinerante que ella encabeza. “No es cierto que seamos los europeos de Latinoamérica, sino que somos profundamente latinoamericanos”, afirma con vehemencia. “Si bien nuestra historia y nuestra cultura están atravesadas por la influencia de la inmigración europea, compartimos definitivamente los contrastes socioculturales propios del subcontinente del cual formamos parte.”

–Búsqueda de identidad y preservación de la memoria son dos premisas claras. ¿Cómo se relacionan con la dualidad entre realidad y utopía propuesta desde el nombre de la muestra?

–En los doscientos años de historia argentina lo que nosotros mismos hemos generado política y culturalmente es una dialéctica entre la realidad y la utopía. En nuestro país existían culturas originarias con tradiciones muy vivas que fueron avasalladas, no por una invasión extranjera o algo parecido, sino como resultado de un proyecto político nacional en una época determinada. Algo similar sucedió durante la última dictadura: muchos de mi generación creíamos en utopías que finalmente fueron aniquiladas por la violencia instalada desde el poder.

Puesta a elegir una obra representativa de toda la exposición, Faillace se desmarca del compromiso con una argumentación no exenta de lógica: “No podría señalar una sola obra, porque la identidad argentina está plasmada precisamente en la diversidad de los núcleos temáticos que conforman la muestra”. Esa definición, sin embargo, no priva a quien se describe como “hija de un artista plástico, pero también madre de uno” de enumerar algunos de los que considera puntos culminantes de una selección en la que éstos abundan. Entre ellos está La conquista de un desierto, donde Leonel Luna interviene en el cuadro “La ocupación militar del Río Negro” (Juan Blanes, 1879), reemplazando las tropas de Roca por el ejército de desplazados sociales que dejó la fiesta neoliberal de los años ’90, y logrando una incómoda síntesis entre dos circunstancias históricas separadas por más de cien años.

Finalmente, Faillace prefiere detenerse en los denominadores comunes que dotan de trascendencia al arte y asegura que el compromiso de los artistas “no es sólo estético, sino también social y político”. Es comprensible entonces que no oculte su orgullo por haber podido incluir en la muestra dos originales del maestro Antonio Berni, a quien categóricamente define como “el gran pintor social y la figura más colosal de la pintura política argentina”.

Comenzando la nueva semana, la muestra en Berlín queda abierta para el deleite de sus visitantes, pero para Faillace y su comitiva toda la atención se centra en lo que sucederá a partir del próximo miércoles en el gigantesco predio de la Feria de Frankfurt, cuando la Argentina, el invitado de honor de la Feria del Libro, salga al ruedo buscando colmar las enormes expectativas que viene generando desde el anuncio de su participación. “Los preparativos no podrían marchar mejor. Nos llegan ecos de la repercusión que este hecho cultural produce no sólo en Europa, sino también en algunos de nuestros vecinos latinoamericanos, para los cuales nuestra presentación puede incluso tener un efecto multiplicador.” También sincera su beneplácito con la cobertura mediática y la consideración pública que el evento goza en el país: “No nos olvidemos de que esto no se trata de una iniciativa privada, sino de una política de Estado, llevada a cabo por este gobierno. Así que, en estos tiempos, donde ciertas disputas a través de los medios cobran un relieve especial, es destacable que este esfuerzo reciba la magnífica atención que está recibiendo por parte de todo el espectro mediático. Además, hay algo me pone particularmente feliz y es el haber percibido, antes de viajar a Alemania, el interés genuino de la gente, no sólo de lo que solemos llamar ‘el mundo de la cultura’, sino de los argentinos de a pie”.

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Realidad y utopía constituye uno de los emprendimientos culturales de este tipo más ambiciosos realizados fuera del país.
 
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