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Miércoles, 11 de enero de 2012

CULTURA › HOY SE REALIZA UN FESTIVAL POR LAS JORNADAS DE PAZ Y DIGNIDAD

Un maratón sin espíritu deportivo

“En el tiempo de la unidad de los pueblos, América corre por el agua” es el lema de la sexta carrera continental de espíritu indigenista, cuyos participantes llegarán a la Argentina en marzo. Karamelo Santo, Arbolito y Mafalda Arnauth tocan en SHA para recaudar fondos.

 Por Sergio Sánchez

Cuando Cristóbal Colón y sus hombres llegaron a tierras americanas y se encontraron con los habitantes originarios, no imaginaron que ese hecho sería crucial para la historia mundial. Los españoles se convencieron de que aquellos “salvajes” necesitaban ser educados en la fe cristiana y los valores y costumbres occidentales. A los nativos les esperaba una dosis de civilización a fuerza de imposiciones y mucha sangre. Hoy, en tiempos de repensar la historia, se descubre que los pueblos originarios siempre tuvieron la clave para la continuidad de la especie humana. ¿Cuál es? La preservación de los recursos naturales y el respeto por la tierra, ideas que hoy en el mundo globalizado se conocen como “conciencia ecologista” o “medioambientalista”. ¿Hasta cuándo el agua, elemento fundamental para la vida, podrá seguir abasteciendo a los seres que habitan la Tierra? No para siempre. Y sobre eso intentan alertar las Jornadas de Paz y Dignidad, una iniciativa con espíritu indigenista que nació en 1992 en México y que cada cuatro años organiza una gran carrera continental que recorre 14 mil kilómetros para pedir por el resguardo de la naturaleza y la hermandad de las diversas culturas. “En el tiempo de la unidad de los pueblos, América corre por el agua” es el lema de esta sexta cruzada maratonista que llegará a la Argentina los primeros días de marzo. Para juntar los fondos necesarios para recibir a los corredores, hoy a las 20 se realizará en el teatro SHA (Sarmiento 2255) un festival en el que se presentarán Karamelo Santo, Arbolito y la fadista portuguesa Mafalda Arnauth, músicos cuya “lírica, espíritu y estética son afines” a la iniciativa.

La columna principal de corredores –que ahora se encuentra en Colombia– partió el 1º de diciembre del año pasado de Tamoanchán (Nayarit, norte de México) y llegará a su fin, se estima, el 21 de marzo en Kitralma (Chile), donde se celebrará una gran ceremonia. Una segunda columna (o “flecha humana”) partirá de Brasil y Uruguay para llegar a la Argentina el 5 de marzo y unirse a la línea chilena en el sur del continente. Pero no se trata de un evento deportivo, sino de un acto ritual, sagrado. “Para los pueblos indígenas, el correr es un acto ancestral, una ceremonia antiquísima”, enfatiza Mariano Losi, uno de los coordinadores del tramo argentino. Si bien se reconoce como un winka (hombre blanco), siente suyo el legado filosófico de los pueblos originarios: “Los abuelos nos enseñaron que correr con un propósito sagrado refuerza la unidad del ser humano con la naturaleza y el universo. Y ésta es una carrera por la unidad de los pueblos en paz y dignidad, que trasciende fronteras, etnias, clases, políticas, estados. A través de esta carrera se reconoce la sangre indígena y el conocimiento que se negó durante tanto tiempo. La primera se hizo en 1992 como contrapartida de los festejos de los 500 años de la conquista de América”. Por eso, el acto de correr –entienden sus impulsores– es una “forma de honrar el legado ancestral, representado por las naciones nativas del continente”, y evidenciar el “tiempo de la unidad, del regreso a la Madre Tierra”.

Marcos Adandía, otro de los organizadores argentinos, le explica a Página/12 el eje de esta edición. “Lo que motiva la carrera no es un espíritu maratónico o deportista, sino el reconocimiento del agua como lo que es, algo sagrado. Los ancianos nos dicen que pongamos atención al futuro del agua. Es más, la intención también es reconocer el aire, el fuego y la tierra como seres sagrados, vivos, que sostienen la vida.” Según un informe reciente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), más de mil millones de personas en el mundo carecen de instalaciones para abastecerse de agua y 2400 millones no poseen acceso a sistemas de saneamiento. A este ritmo, a mediados de siglo, siete mil millones de personas en sesenta países sufrirán la insuficiencia de este bien irremplazable. Escasez y contaminación son dos caras de la misma moneda. ¿El responsable (y el perjudicado)? El hombre. Expertos como el politólogo italiano Riccardo Petrella, autor de El manifiesto del agua, señalan que “los principales factores responsables del derroche y la ineficiencia general han sido y siguen siendo la sobreexplotación de la agricultura, la contaminación industrial y la falta de una visión a largo plazo que comporte una planificación y una gestión global integrada”.

–¿Cómo ven el tema indígena en la actualidad? ¿Hay un reconocimiento o no?

Marcos Adandía: –De alguna manera, todavía la sociedad occidental, la República y la política no tienen la conciencia necesaria para mirar con atención suficiente qué fue lo que sucedió en estas tierras. Desde la misma senda de los derechos humanos se podrían analizar las injusticias que se cometen contra ellos. Hay cuestiones pendientes muy serias. Hay destrato y marginación de parte del poder hacia las comunidades originarias. Pero, independientemente de eso, lo que sentimos es que verdaderamente es un tiempo especial, de cambio, en el que se están despertando el águila y el cóndor (una profecía ancestral). Evo Morales es una prueba de ello y también la restitución de derechos en los pueblos andinos. En la Argentina aún no le han puesto la atención necesaria. No le dan la profundidad y la delicadeza que el tema exige. Porque poner atención ahí sería inexorablemente poner atención en el agua, la tierra y el aire, y eso implicaría una ruptura económica. El telón de fondo son las mineras, la deforestación para cultivar soja, los alimentos transgénicos y las petroleras, por ejemplo. Todo un envenenamiento. Los más jóvenes están despiertos y distinguen dónde hay verdad y dónde no. Porque este sistema, con su mentira, está llegando a su límite, a su agotamiento.

Mariano Losi: –Los abuelos estaban esperando este momento. Nosotros somos el cumplimiento de esa profecía, lo que ellos estuvieron pidiendo. Es verdad, por un Osvaldo Bayer, tenés a miles de personas que están dormidos. Pero de a poco comienzan a aparecer los “Bayers”, se abre esa conciencia. Es un nuevo tiempo que está surgiendo y nosotros pertenecemos a él. Es un tiempo unido al conocimiento de esta tierra, que tiene que ver con el origen y el mantenimiento de la vida. Hacemos esto pensando en qué les dejamos a nuestros niños, a las nuevas generaciones, más allá de toneladas y toneladas de basura. La intención es enfocar en los cuatro elementos fundamentales: el agua, la tierra, el fuego y el aire. La totalidad. Y en todas las alianzas que hay entre los distintos pueblos nativos. Porque no son lo mismo los Dakota del Norte que los quechuas y los aymaras; sin embargo, a la hora de sentarse frente a un fuego se ve la similitud que tienen con la tierra.

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El maratón busca promover el resguardo de la naturaleza y la hermandad de las diversas culturas.
 
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