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Miércoles, 12 de noviembre de 2014

CULTURA › SEGUNDO CONGRESO DE HISTORIA INTELECTUAL DE AMéRICA LATINA

Volver a pensar el continente

El encuentro se propone articular un diálogo entre los investigadores consagrados a un campo todavía muy abierto, sin contornos demasiado definidos, donde convergen filósofos, historiadores, críticos literarios y antropólogos.

 Por Silvina Friera

La expresión “historia de las ideas” la usó por primera vez el historiador Arthur O. Lovejoy (1873-1962) al iniciar el estudio sistemático del siglo XX. Mucha agua ha corrido por los ríos europeos y latinoamericanos desde el momento de aquella inscripción original. La programación del II Congreso de Historia Intelectual de América latina, que comienza hoy y se extenderá hasta el viernes en la Sociedad Científica Argentina y el Museo Roca, es literalmente apabullante; un esfuerzo descomunal por articular un diálogo continental entre los investigadores consagrados a la materia, un campo todavía muy abierto, sin contornos demasiado definidos, donde convergen filósofos, historiadores, críticos literarios, historiadores del arte y antropólogos.

Organizado por el Centro de Historia Intelectual de la Universidad de Quilmes (UNQ) y el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en Argentina (Cedinci-Unsam), el tema de esta edición es “la biografía colectiva en la historia intelectual latinoamericana”. Dos visitas suscitan especialmente un gran interés: la brasileña Heloisa Pontes y la mexicana Susana Quintanilla, que cerrarán este encuentro en una mesa redonda coordinada por Carlos Altamirano, integrante del comité académico junto con Dora Barrancos, Horacio Tarcus y Adrián Gorelik, entre otros.

“La vieja historia de las ideas, que era más filosófica y se centraba en las grandes obras y en las grandes figuras, está siendo cuestionada por nuevas perspectivas que ponen en discusión esa concatenación lógica de grandes figuras –plantea Tarcus a Página/12—. La historia intelectual implica una radical historización de las ideas; le interesan las tramas, las redes, no solamente las grandes figuras, sino aquellas aparentemente menores; no el gran filósofo de una época, sino los profesores, los divulgadores, los periodistas, los escritores, los ensayistas que son los que ponen en circulación, matizan y resignifican las ideas. Hay un descentramiento de la idea de autor con mayúsculas, un descentramiento de la idea de obra con mayúscula, un descentramiento de la idea de época; hay una crítica al gran esquema genealógico para una historia, valga la paradoja, más historizada, menos filosófica, más política y centrada en los circuitos intelectuales.”

¿Por qué poner el foco en los colectivos intelectuales? “La historia clásica de las ideas que se centraba en esta idea, todavía persistente, de que una obra sólo puede ser escrita por un individuo que es un genio creador, viene siendo erosionada por nuevas perspectivas que hacen hincapié en las duplas intelectuales. En el mundo europeo son conocidas las duplas de Marx y Engels, de Horkheimer y Adorno y de Deleuze y Guattari. Nosotros también tenemos nuestras duplas latinoamericanas como (Fernando H) Cardozo y (Enzo) Faletto y sin ir más lejos (Beatriz) Sarlo y (Carlos) Altamirano. Ningún intelectual está solo. La torre de marfil ha sido cuestionada con estudios que ponen de relevancia la inscripción del intelectual en redes y su inserción en grupos. Sus estrategias de legitimación tienen que ver con formaciones que a veces no son verdaderas instituciones. Son pequeños grupos que están en un punto de mediación entre el individuo creador y la gran institución. Una forma de estudiar a estos grupos es a través de las revistas, porque en general todo grupo intelectual tiende a estructurar una cierta institucionalización a través de revistas. La historia de América latina es una historia de la edición de revistas”, subraya el director del Cedinci (Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en Argentina), autor de El marxismo olvidado en Argentina: Silvio Frondizi y Milcíades Peña; Diccionario biográfico de la izquierda argentina y Cartas de una hermandad, entre otros títulos.

Tarcus cuenta que hay metodologías que se han orientado al estudio de las sociabilidades intelectuales. “La bohemia intelectual de fin de siglo, los cenáculos, los círculos literarios, los ateneos han funcionado como modos de reagrupamientos que a veces se estructuraban en revistas o en instituciones, pero otros se movían en estructuras mucho más lábiles; por lo tanto hace falta utilizar herramientas novedosas apelando a cierta antropología cultural, al periodismo, a la correspondencia, a los géneros menores, casi inconcebibles en la vieja historia de las ideas más filosófica, para reconstruir la trama de relaciones de los grupos intelectuales. Así como en la historia europea o en la historia intelectual de los Estados Unidos habían aparecido obras muy importantes que estudiaban grupos –pienso en Martin Jay y su historia de la escuela de Frankfurt o el estudio de una discípula de Bourdieu, Anna Boschetti, que hace un estudio ejemplar sobre la revista Les Temps Modernes–, en América latina cada vez estamos prestando más atención al estudio de las cofradías, las hermandades, las bohemias, las revistas. Los grupos de vanguardia son característicos por sus revistas, por sus reuniones, por sus manifiestos colectivos. Invitamos a Heloisa Pontes, una investigadora brasileña que en Destinos mistos trabajó el Grupo Clima que se reunió en la década del ’40 en San Pablo en torno de la revista Clima, una suerte de equivalente del Grupo Sur en Argentina”, compara el historiador.

El II Congreso de Historia Intelectual de América latina es el resultado de un trabajo en conjunto. “Los intelectuales que hicieron historia de las ideas en la década del ’40 y ’50 constituyeron una verdadera red. El mexicano Leopoldo Zea, a fines de la década del ’40, hizo una gira por América latina y tomó contacto con Arturo Ardao en Uruguay, con Raúl Roa en Cuba, con Francisco Romero en Argentina, y construyó una red al promover la publicación de una colección de libros de historia de las ideas latinoamericanas a través de Fondo de Cultura Económica. Zea logró estructurar una gran red intelectual. Nosotros mismos somos un ejemplo de red en construcción.”

* La programación completa del II Congreso de Historia Intelectual de América latina se puede consultar en http://www.cedinci.org/jornadas.htm

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“Hay un descentramiento de la idea de época”, dice Horacio Tarcus, participante del congreso.
 
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