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Martes, 23 de diciembre de 2008

La muerte de Gallardo

El sábado, en un accidente automovilístico, murió a los 65 años el artista plástico Carlos Gallardo (en la foto), como informó ayer este diario. Gallardo era escenógrafo y vestuarista del Teatro San Martín y entre otras obras realizó las puestas y vestuarios de los ballets Un tranvía llamado deseo, Carmina Burana, Medea, Travesías, El mesías y Luz distante, esta última en cartel en Buenos Aires hasta la semana pasada. A mediados de 2007 había sido galardonado con un prestigioso premio por el vestuario diseñado para la coreografía de la obra La tempestad, presentada en el Teatro Bolshoi de Moscú. Como artista plástico, Gallardo expuso su trabajo en las Ferias de Chicago, Nueva York, Basilea, Bruselas y FIAC de París. En 1997 representó al país en la Bienal de La Habana, Cuba. Su última gran muestra en la Argentina fue en 2004, en el Museo Nacional de Bellas Artes. Allí, el artista desplegaba teatralmente varias series de obras sobre la memoria y el cuerpo. Gallardo reunía ambas miradas –la del escenógrafo y el artista plástico– en una sola. Todo su trabajo implica una puesta en escena, más allá de las cuestiones de escala. A su mirada escenográfica y sus decorados teatrales, el propio artista los llamaba “Instalaciones en escena”. Gallardo realizaba escenografías para ballets desde fines de los años ochenta. De allí que el aspecto teatral, el artificio “dramático”, resultara central en cada una de sus exposiciones. Siguiendo esta idea, tenía especial cuidado en la iluminación de cada una de sus exposiciones, en las que usaba efectos teatrales sobre las piezas y el ambiente. Para eso buscaba precisamente iluminadores de teatro como colaboradores en las puestas de sus exposiciones. La crítica de arte neoyorquina Dore Ashton, que en 2004 viajó especialmente a Buenos Aires con motivo de aquella exposición en el Museo Nacional de Bellas Artes, dijo de Gallardo: “Mi generación se formó en el existencialismo y creo que en este sentido uno de los legados existencialistas, que también veo en la obra de Gallardo, es que debemos tomar responsabilidades. Y Gallardo lo hace, en todo sentido; desde el montaje –realizado por él mismo, sin curadores–, hasta la imagen, que revela autenticidad... No asocio particularmente la obra de Gallardo con la Argentina ni con Buenos Aires; pero veo que se trata de una obra que está hecha en un lugar donde han pasado cosas terribles. Pienso que los artistas siempre mantienen vivo para nosotros el recuerdo del temor y de la tragedia”. Gallardo decía: “Siempre estoy atento a la aparición de elementos opuestos; a la energía de algo que fue o que está por irse”.

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