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Domingo, 31 de enero de 2010

EDUARDO CALVO Y NESTOR MONTALBANO EN EL AUDITORIUM DE MAR DEL PLATA

“Tenemos mil cosas en común”

El actor y el director presentan en la temporada marplatense Alan Jeffer, el gran creador, un unipersonal de humor inspirado tanto por el Hollywood clásico como por la realidad nacional. “La mayoría de los personajes son tipos que no pueden con su alma”, dicen.

 Por Facundo García

Desde Mar del Plata

Eduardo Calvo, el hombre detrás del heavy rejodido que saltó a la fama con el programa de Tinelli, no es un cómico del montón. De formación clásica, hace espectáculos de humor desde los 19 años y lleva más de dos décadas itinerando por espacios que van del off a las grandes producciones del Teatro San Martín. Aclara, por las dudas, que sigue buscándose a través de la actuación, y el haber ensamblado ideas con Néstor Montalbano –el director de Todo x 2 pesos– lo muestra dando un paso más en ese recorrido. La obra Alan Je-ffer, el gran creador está los viernes y sábados a las 23.30 en el Teatro Auditorium (Bulevar Marítimo 2280) y es, por encima de todo, un experimento que utiliza el sketch como escalón para la risa y para hacer exploraciones estéticas. En la pieza, una especie de predicador mesiánico promete la salvación, y su discurso tensa la cuerda sobre la que van colgándose personajes que tiran chistes sin dejar de lado la pincelada siniestra.

“Con Montalbano nos hicimos amigos en una película que no llegó a estrenarse. Después grabamos un piloto de TV que anda dando vueltas. Sin embargo éste es el primer laburo que presentamos en público”, cuenta Calvo. El actor resalta la ventaja que significa compartir gustos con su compañero. “Producimos mucho porque tenemos mil cosas en común, sobre todo en lo que se refiere al fanatismo por el humor de la década del setenta”, destaca. Por su parte, Montalbano no ahorra elogios: “Apenas conocí a Eduardo, me llamó la atención la forma de expresarse que tiene. Se mueve raro y no se parece a nadie; un poco a la manera de aquellos humoristas de hace un par de décadas, que actuaban cada uno desde una identidad inconfundible”.

Alan Jeffer se gestó luego de que Montalbano –que ya hizo temporadas dirigiendo Una noche en Carlos Paz y ¡Qué noche, Bariloche!– le recomendara a Calvo ver la película Elmer Gantry (Richard Brooks, 1960), la historia de un vendedor un poco chanta y bastante alcohólico que se convierte en predicador y promete la salvación a quienes lo sigan. “Entonces –repasa Calvo– nos convencimos de que estaría bueno darle vida a un loco más o menos así, y nació Jeffer. En función de él empezaron a acoplarse las otras partes.” La serie incluye al gaucho Horacio Guaraná –que llama a “defender lo nuestro” pero no puede disimular su fanatismo por Led Zeppelin–, a un colectivero quemadísimo que comenta lo que le ocurre mientras pasa los días al volante, y a varias adaptaciones en clave delirante de películas de Hitchcock. “La mayoría de mis invenciones –-confiesa el intérprete– son tipos que no pueden con su alma”.

–Ustedes producen Alan Je-ffer artesanalmente, ocupándose de los detalles y manteniendo el aire under. ¿Es una decisión a conciencia?

Calvo: –He venido muchas veces a Mar del Plata, y sinceramente nunca me obsesioné con el dinero que ganara o perdiera, sino con las ganas de ofrecer algo que vaya más allá de la inmediatez. En una temporada donde hay personas que llegan al escenario sólo porque tienen guita, está bueno mantener esta forma independiente. Nos da toda la libertad, aunque a veces es un poco estresante...

Montalbano: –Hoy los medios fabrican sus propios monstruos, para poder utilizarlos a piacere. Nosotros no somos eso, y no nos importa que el reality se haya vuelto rey. Nuestra brújula es otra. Al humor le toca vivir tiempos complicados: en tele yo te diría que el único que ha quedado más o menos en pie es Capusotto, y es virtualmente imposible vender a cualquier canal un programa humorístico. Ya lo era antes de Todo x 2 pesos. Aparte, el bizarro de hoy la mayoría de las veces no es bizarro, es carencia de ideas disfrazada de bizarrez. Por eso valoramos esta forma de producir, que nos habilita a salirnos de eso.

–El teatro, entonces, es una suerte de bunker.

Calvo: –Es un lugar para algo distinto. De hecho, el heavy mismo nació en Muchas pelucas para un solo calvo, un laburo que estrené en el ’89.

Montalbano: –Y es un refugio hasta ahí, porque da un poco de bronca ver cómo ciertas propuestas, como las revistas más famosas, siguen choreando con los mismos chistes que hacían en los noventa. No es honesto, la gente está poniendo su guita para ir a verlos y ellos repiten siempre lo mismo ¡Es cuestión de pensar un poquito, nada más!

El tándem se reconoce parte de un linaje en vías de extinción, el de los artistas que pretenden ser populares sin sacrificar la calidad. “Se está produciendo una despopularización del teatro –analiza Calvo–. El arte tiene que movilizar al pueblo, y sin embargo ya desde los precios que se cobran por las entradas te das cuenta de que hay una negación de la realidad que vive tanta gente. Habría que retomar conceptos que han sido un poco desvalorizados. Más allá de las críticas que se le han hecho, los personajes de Olmedo, por ejemplo, eran de composición. En su programa había un cadete superexplotado, un Manosanta, un tímido. Llegaba a todos, pero con ideas muy interesantes. Olmedo, Benny Hill, los Monthy Python; ésos son maestros que seguimos.”

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Calvo practica el humor con pinceladas siniestras.
 
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