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Miércoles, 6 de junio de 2012

OPINIóN

La Felipe Varela

 Por Santiago Giordano

Felipe Varela, el caudillo federal, fue ascendido post mortem al grado de general de la Nación. A 142 años de su muerte, una presidenta elegida democráticamente le otorgó ese grado. Varela es una de las figuras más maltratadas por la historia. Había sido nombrado coronel de la Nación con despachos firmados por Urquiza y, más tarde, por unirse a la patriada de Chacho Peñaloza, se tuvo que exiliar en Chile. Desde allá seguía los sucesos de su país, de una Argentina que en 1867 estaba envuelta en la impopular guerra de la Triple Alianza, contra Paraguay. Acaso fue su espíritu americanista lo que lo hizo volver al país y rearmar sus montoneras, para actuar contra la guerra fratricida. Vendrían la derrota de Pozo de Vargas y, después, lo de Salta.

Cada uno de estos hechos tiene canciones que los relatan. Una es la tradicional “Zamba de Vargas”, que tiene una historia compleja y muchas letras, algunas contradictorias entre sí. La otra es “La Felipe Varela”, zamba compuesta por los salteños José Ríos y José Juan Botelli. En su discurso de reivindicación al caudillo, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner hizo el lunes alusión a esta zamba, escrita a fines de los ’50, y puso como ejemplo de la distorsión que refleja los últimos versos del estribillo, esos que dicen: “Porque Felipe Varela matando llega y se va”.

En el momento de mayor popularidad del folklore, cantaron esta zamba los grandes intérpretes del género, desde Horacio Guarany hasta Los Fronterizos. La zamba da a entender que Varela era una especie de Quijote perverso que llegaba matando por matar, una bala suelta. “Galopa en el horizonte, tras muerte y polvareda”, comienza el estribillo. “Ya se va la montonera, para Jujuy esta vez. Lo echarán a la frontera, de allá no podrá volver”, dice la última estrofa, con el odio correspondiente. Puro imaginario épico y cascarilla de orgullo localista. La zamba de Botelli y Ríos no tiene razón, es decir, no explica los motivos por los que Varela iba al norte. Más bien se apura en destacar, antes que nada, que el caudillo era feo, sucio y malo. En esa zamba, que cantaron y escucharon muchos, se concentra cierto principio de intolerancia, de incomprensión por lo distinto que, digámoslo, habita en parte del folklore como género.

El folklore le debe una disculpa al hoy general Varela. Una disculpa que pasa sobre todo por aceptar que la historia, como las buenas canciones, tiene sus razones.

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