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Sábado, 16 de junio de 2007

COMENZO LA FERIA DEL LIBRO DE CIPOLLETTI, CADA VEZ MAS POPULAR

Una celebración para la lectura

Gente de toda la región del Alto Valle se acerca a este evento cultural que les permite conocer la producción de pequeñas editoriales sólo una vez al año. “Tenemos que capitalizar el entusiasmo que este tipo de encuentros generan”, se proponen los libreros.

 Por Silvina Friera
desde Cipolletti

Es la hora de la Patagonia. El primer capítulo de la creación de un nuevo polo cultural comenzó a escribirse ayer por la tarde. En un galpón con techos de chapas, que funcionó como depósito de cajones de manzanas –icono por excelencia de los cipoleños–, Mirta Carattoli, dueña de Si-

ddhartha, la primera librería de Cipolletti, abre cajas, saca ejemplares de Madame Bovary, La princesa de Clèves y El amante de Lady Chatterley, entre otros clásicos que ofrecerá a 10 pesos, y los va acomodando en el stand. Acaricia los libros, los acuna con tanta delicadeza que la peor imprudencia sería interrumpirla. Da gusto observarla. Pero el movimiento y los murmullos la distraen, saluda, sonríe y dice: “Empezó la fiesta”, mientras las familias de la región del Alto Valle (que incluye a las provincias de Neuquén y Río Negro) recorren el predio de la Feria del Libro de Cipolletti.

“Espero que esta fiesta sea cada vez más popular, que la gente se enamore para siempre de la lectura, que los niños tengan la oportunidad de tener un contacto más frecuente con los libros, y también quiero vender mucho”, agrega, bajando un poco el tono de su voz convincente, el único resabio de pudor que esta mujer se atreve a mostrar. Los recuerdos de su bautismo como librera contrastan con el espíritu festivo de este encuentro. Cuando inauguró la librería, en 1979, en plena dictadura militar, la amenaza del Falcon estacionado en la puerta o rondando la cuadra se convirtió en parte del paisaje, una postal de la vida cotidiana congelada en el pasado. “El momento más duro lo viví cuando invitamos a Adolfo Pérez Esquivel”, recuerda. “Había pegado unos afiches en la vidriera, que anunciaban su llegada, y entró un policía y me dijo: ‘Mire señora, le sugerimos que saque ese cartel’. Ah, no, yo no lo saqué. Cada vez que aparecía un policía, me acercaba, lo saludaba y le preguntaba qué estaba haciendo y así, tratando de darle charla, creo que me olvidaba del miedo”, cuenta Carattoli a Página/12.

La librera de la ciudad, especie de título honorífico similar al de ciudadano ilustre, es de las que recomiendan libros según los intereses de sus clientes. “Mi librería la hizo la gente”, señala. “Yo no estaba capacitada en todos los rubros, manejaba sólo filosofía y psicología, pero me faltaba mucho entrenamiento en literatura, así que cuando un lector me pedía un autor que no conocía, le hacía preguntas y me incitaba a investigar y aprender.” Carattoli esboza una tipología de lectores de la región. Habría cinco grupos: los intelectuales de la Universidad de Comahue, una clase media que lee mucha autoayuda (especialmente Jorge Bucay y Paulo Coelho), los lectores que buscan a los personajes de la televisión, como Felipe Pigna; el lector progresista (en el menú ingresarían Jorge Lanata, Eduardo Galeano, Mario Benedetti) y el lector turista, que busca libros sobre la Patagonia. “A veces me encuentro con lectores muy cultos que me dan un paseo bárbaro, pero aprovecho para invitarlos a tomar mate y aprendo mucho escuchándolos”, agrega Carattoli. “Lo que percibo y me parece muy alentador es un despertar de la lectura en los chicos. Los padres y los maestros están tomando conciencia de la importancia del vínculo inicial con el libro, y ahora las escuelas tienen un plan de lectura de verano obligatoria. Les dan una cantidad equis de títulos para leer y cuando comienzan las clases evalúan lo que leyeron.”

Lucas Castro, de 21 años, es integrante del novísimo grupo de escritores Manzana y Pluma, junto con Hernán Riveiro, Martín Fernández, Germán Gorosito, Ayelén Sánchez y Elsa Filippazzo, la más veterana, que a los 82 años sigue haciendo teatro, cantando y escribiendo, aunque nunca se animó a publicar sus misteriosos papeles. El grupo se presenta por primera vez en la Feria con una charla-debate, “El arte en subida”. “El temor a publicar es uno de los principales obstáculos que tenemos que vencer”, plantea Castro, estudiante del profesorado de Letras de la Universidad de Comahue y autor aún inédito. “Nuestra generación está muy lastimada, venimos arrastrando dos triples crímenes que nos marcaron y nos pusieron en el papel de mediadores entre generaciones. Somos un grupo de escritores que buscamos comunicar lo que sentimos y expresarnos de la mejor manera posible.” Muchas ideas están circulando entre estos jóvenes: formar una editorial independiente, un blog en construcción y están tratando de armar un programa de radio. “La Feria es una oportunidad para darnos a conocer”, admite Castro. “Cuestionamos la soledad y el exceso de ego que atentan contra la posibilidad de que los escritores estemos unidos y seamos más fuertes. Sabemos que es difícil; es como juntar a siete argentinos para que tiren para un mismo lado. Parece imposible, pero queremos romper el cerco del individualismo y la dispersión.” Por ahora los integrantes de Manzana y Pluma se reúnen todos los sábados a las 17 en el bar Al Diablo. Castro calcula que el 70 por ciento de los cipoleños suelen repetir: “Uy, cuánto hace que no leo un libro”. Sabe que la feria es una oportunidad para establecer lazos más estables entre la comunidad y los libros. “Tenemos que capitalizar el entusiasmo que este tipo de encuentros generan.”

Todos están construyendo puentes: padres, maestros, jóvenes estudiantes, expositores, libreros y editores. Gustavo López, de Vox, una editorial independiente de poesía de Bahía Blanca, que publica una revista, plaquetas y esos maravillosos libros objetos de Timo Berger, Fabián Casas, Marina Mariasch, Martín Gambarotta, Alejo Steimberg, Pablo Cruz Aguirre, Clemente Padín y Damián Ríos, entre otros, señala que la editorial ha estado proyectando su trabajo hacia Buenos Aires, Rosario y Córdoba. “Queremos vincularnos más con la Patagonia”, reconoce el editor. “Para nosotros la feria es un lugar de cruce, de encuentros. La experiencia me dice que siempre aparece un escritor con un manuscrito interesante que podemos publicar.”

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“Empezó la fiesta”, aseguran los visitantes al predio.
 
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