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Jueves, 14 de agosto de 2008

MUSICA › PINCHAS ZUKERMAN, EN UNA NUEVA VISITA A LA ARGENTINA

Cuando el virtuosismo no es excesivo

Junto a los Zukerman Chamber Players, el violinista mostrará en el auditorio Amijai un repertorio que garantiza un banquete.

 Por Diego Fischerman

Desde Paganini y, desde antes, con Biber o Tartini, si hay una figura en la música llamada clásica que suele asociarse con el virtuosismo paralizante y el divismo exasperante es la del violinista. Y si hay alguien capaz de contradecir precisamente esa imagen, a pesar de ser uno de los grandes virtuosos de las últimas cuatro décadas, es el israelí Pinchas Zukerman. Es que más allá de los brillos de cierto repertorio solista, su nueva visita a Buenos Aires tiene que ver con la música de cámara. Ya el año pasado había llegado para actuar junto a los Zukerman Chamber Players, en el ciclo de la Asociación Amijai. Y hoy volverá a hacerlo, también en el Auditorio de esa asociación, en Arribeños 2355, después de haberse presentado ayer en el Coliseo para el abono de Nuova Harmonia.

Parte del atractivo del concierto de hoy a las 20.30 es, desde ya, la presencia del gran músico que llegó por primera vez a Buenos Aires en 1982, junto a la St. Paul Chamber Orchestra. Pero el repertorio que harán está lejos de ser un dato menor. El grupo que junto a él integran Jessica Linnebach en violín, Jethro Marks y Ashan Pillai en violas y su esposa, Amanda Forsyth, en cello, interpretará el bellísimo Trío en Do Mayor Op. 74, para violín, viola y cello, de Antonin Dvorak, el genial Quinteto en Sol menor, K 516 de Wolfgang Amadeus Mozart y una composición de expresividad densa y concentrada que rara vez se oye en vivo, el Quinteto en Fa Mayor de Anton Bruckner. El concierto es el primero de un ciclo dedicado a grandes violinistas, que contará con la actuación de Gidon Kremer y el grupo Kremerata Musica, el 6 de noviembre, y, el 18 de ese mes, con la de Schlomo Mintz, acompañado al piano por Torlef Torgersen e interpretando obras de Bohuslav Martinú, Ernö Dohnányi y Johannes Brahms entre otros autores.

El perfil de músico, más que de virtuoso, y el interés por la música de cámara tienen, para Zukerman, un referente inevitable: Isaac Stern. Como él, el israelí siempre compartió el trabajo como solista con la tarea pedagógica y con el juntarse con amigos a hacer música. Sus versiones de las Sonatas de Brahms junto a Daniel Barenboim son, en ese sentido, una prueba de cómo puede construirse una interpretación en equipo y cómo los papeles de solista y acompañante pueden ser mucho más que compartimientos estancos. Y entre las particularidades del grupo con el que está actuando en Buenos Aires y que conforma con su esposa y algunos ex alumnos está el hecho de que él no cobra cachet, por considerar que es parte de su misión como artista y como maestro llevar al grupo a todos los escenarios posibles. Nacido en 1948 en Tel Aviv y formado en la Escuela Julliard de Nueva York, Zukerman fue, a fines de la década de 1960 y principios de la siguiente, uno de los principales actores de la escena musical israelí, junto a Daniel Barenboim y la cellista Jacqueline Du Pré. Su debut en ese país fue en 1962 y en Nueva York el año siguiente. Entre otros premios ha ganado el Grammy por su grabación junto a Itzhak Perlman de obras para dos violines, el King Solomon Award y la National Medal of Arts.

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Zukerman escapa a esa asociación del violín con un divismo que puede ser exasperante.
 
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