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Sábado, 23 de octubre de 2010

MUSICA › LAS RAMIFICACIONES DEL FENOMENO KLEZMER EN LA ARGENTINA

“Es una música que se toca con el alma y para el alma”

Varios músicos argentinos –judíos y no judíos– se “apropiaron” del género y lo fusionaron con sonidos balcánicos o con tango, milonga y chacarera. Todo sea para potenciar el espíritu bailable que los anima.

 Por Karina Micheletto

Que la cultura judía, a la hora de mostrarse, ha dado un salto de la tradición más rígida a la más festiva, de lo ritual conservador a lo públicamente liberador, es un dato tan concreto y comprobable, que ningún asesor de imagen podría haber planeado tan bien. Ahí está el Kosher Waters de Capusotto, “un varénike de rock que sacude tus oídos”, la síntesis perfecta de este fenómeno al ritmo de The Wall Mitzva. Ahí está el rapero judío neoyorquino Matisyahu, un rabino que, sin soltar su kipá y sus largos peies, lanza su hip hop religioso a escala planetaria. Y está entre nosotros el boom klezmer, que suma ingredientes judíos y de distintos pueblos de Europa, integrando de paso otro sonido multitudinario de los tiempos, el balkan. Que existan festivales como la Klezfiesta y el Sherbamate Klezmer Clú es un dato significativo al respecto. Pero que exista una productora íntegramente dedicada a números klezmer y jasídicos –SherBamate–, es toda una declaración de situación.

Tanto la Klezfiesta como Sherbamate Klezmer Clú pueden escucharse por estos días (ver aparte). El recital de cierre de la Klezfiesta, hoy en el Planetario, un encuentro de bandas que se prevé multitudinario –y que tendrá su simultáneo en la provincia de Tucumán–, resulta una buena oportunidad para aklezmezar los oídos. Y entre las criaturas de la productora SherBamate, la Gypsy, que actuará el próximo miércoles, da muestras sobradas de seducción. Si se entiende por seducción, claro, la capacidad de hacer que el seducido se largue inmediatamente a bailar. Si el fenómeno klezmer comenzó en Estados Unidos, varios músicos argentinos –judíos y de los otros– parecen haber tomado el klezmer no como “música del mundo”, sino que se la apropiaron, en fusiones que incluyen tango y milonga, zamba y chacarera, candombe y toda la música escuchada. Y que mantienen en común tanto el espíritu bailable como las formaciones grandes, con filas de caños que tiran la fiesta para arriba.

Desde su nombre, la productora SherBamate, que trabaja con la Gypsy, se declara “con el baile en la cabeza”, según la traducción aproximada: “sher”, la música que se baila en rondas en las fiestas; “ba”, “dentro de”; y el más lunfa mate. Todo comenzó con otra banda, la Kef, cuyos integrantes se declaran orgullosos precursores del boom klezmer en la Argentina. “Al principio éramos una especie de Decadentes de la música judía. El país estaba en plena crisis, no se celebraban muchas fiestas, ni había mucha gente dispuesta a contratar una banda grande”, rememora Ariel Liberczuk. “Tocábamos en la calle, en fiestas chicas. De a poco empezaron a aparecer shows, fechas en el interior del país, viajes. Terminamos tocando en lugares que jamás hubiera imaginado, en una gira con el Chango Spasiuk recorrimos América, fuimos a San Antonio, Texas, donde hasta Manu Ginóbili se interesó por nosotros”, se entusiasma el músico, que además es arquitecto y profesor de estudios judaicos.

La receta para el boom estaba hecha de una base tradicional judía transformada por una banda que corría por el escenario, saltaba y cantaba con actitud rock, o tal vez punk. Música religiosa, en yiddish, canciones de instituciones judías fusionadas con zamba, merengue, ska, rock, tecno, candombe. Una vez lanzada la ruptura, surgió la idea de formar otra banda, que en un principio se llamó Gypsyiddishe Brass Band, para poder hacer música exclusivamente instrumental, con otro estilo más definidamente klezmer y gitano. Ambas bandas compartían algunos integrantes y, casi naturalmente, fueron surgiendo otras propuestas. Y, también, una productora que manejara todas estas formaciones.

“Empezamos a notar que había otras necesidades y mucha data de cada músico –sigue contando Gastón Mohadeb, uno de los responsables de SherBamate–. “Una de nuestras misiones es tocar música judía y compartirla dentro y fuera del judaísmo. Así que teníamos que lograr que se entendiera lo que hacemos sin necesidad de información previa. Fuimos viendo que había mucha conexión con la música balcánica y con todo lo que escuchamos de Europa del este, lo que fueron las primeras películas de Kusturica, por ejemplo. Ahí apareció la Gypsy.” Y así lo klezmer se fue diversificando: está el Trío Darfainer, con sus “klezmer & yiddish melodies”. Está la banda Fiesta del Pueblo, “cachengue de múltiples colectividades”. Y Parnose, el “ensamble kosher”; y Gentlement, un cuarteto vocal “a capella”, suerte de Take Six judío, y de cuatro. Y hasta una banda que parece creada por Capusotto, pero va en serio: Se llaman The Blintzes, prometen “twist and shoin”, y traducen y adaptan las canciones de Los Beatles, alguna vez prohibidas en Israel, consideradas mala influencia.

Otra banda de la productora es Linetzky Trip, el trío formado por los hermanos Linetkzy (Bruno, que integra la Gypsy, Matías, de Kef, Andrés, pianista y compositor de tango), que interpretan el cancionero judío heredado de su abuelo por tradición oral, y que ya tienen grabado un disco, a la espera del sello ideal para editarlo. Está además Segundo Mundo-Pequeña Orquesta Klezmer, también dedicada a temas tradicionales del folklore judío y balcánico, pero, como su nombre lo indica, “achicada” al formato de cuarteto. Y hay también algunos números extra-klezmer: Cocktail Inn, liderada por un vibrafonista y centrada en el jazz de los ’50, La Zandanga, de corte bizarro, que versiona a Xuxa, Johnny Tolengo y Ricky Martin.

Rafael Surijon, otro director de la productora y bajista de Kef, grafica la amplitud musical de las bandas, cuyos integrantes provienen de influencias muy diferentes (hay un trompetista estable del Colón y cultores del folklore argentino, por ejemplo): “Los debates musicales que hay entre nosotros son aguerridos, a veces terminan en guerra. Eso le da riqueza a lo que hacemos y también hace que no nos cansemos. Tenemos un ritmo de trabajo bastante intenso, hacemos un mínimo de 150 shows por año. Necesariamente, tiene que haber rotación de material, de ideas. ¡Si no, enseguida entran a saltar los tapones!”.

Bandas como la Gypsy participaron en años anteriores de la Klezfiesta, que va por su tercera edición y ha convocado en Buenos Aires a importantes representantes y renovadores de la música klezmer del mundo. Este festival empezó casi de causalidad, cuando el ingeniero químico Pedro Banchik, descendiente de una familia de colonos judíos de Entre Ríos, tuvo la idea de hacer un pequeño documento fílmico para una reunión familiar, que terminó en el documental De Bessarabia a Entre Ríos, y promoviendo la inquietud por la música judía. En todo este tiempo, las klezfiestas ratificaron lo que sus participantes ya sabían: la capacidad integradora de una música que enseguida invita a todos a bailar.

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Músicos que cultivan distintas expresiones genéricas confluyen en esta celebración judía.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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