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Viernes, 25 de febrero de 2011

MUSICA › LCD SOUNDSYSTEM SE DESPIDIO CON UN SHOW INOLVIDABLE

El fin de la Ley de Murphy

La cuarta visita de la banda a Buenos Aires fue también la última, porque el líder James Murphy piensa dedicarse a otros proyectos. “Son el mejor público que tuvimos”, dijo el cantante, y hubo que creerle: el concierto fue vibrante arriba y abajo del escenario.

 Por Roque Casciero

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LCD SOUNDSYSTEM

Músicos: James Murphy (voz, percusión y teclados), Nancy Whang (teclados y coros), Pat Mahoney (batería), Tyler Pope (bajo, guitarra, teclados), David Scott Stone (guitarra), Gavin Russom (teclados y coros), Al Doyle (guitarra, bajo, teclados y percusión).
Lugar: Groove, miércoles 23 de febrero.
Duración: 1 hora 40 minutos.
Público: 1600 personas.

Murphy no quería que LCD Soundsystem se hiciera tan grande como para absorberlo.
Imagen: Lucía Baraglí.

James Murphy pensaba celebrar el pase a retiro de su criatura más notable, LCD Soundsystem, con un show final en el Madison Square Garden de Nueva York, el próximo 2 de abril. Pero la cosa se puso agria: cuando las entradas salieron a la venta, los revendedores se ocuparon de que se agotaran en minutos; al rato, como es norma en estos tiempos, aparecían online con el precio multiplicado por diez. Entonces Murphy se calentó y, después de putear, agregó más shows con un estricto control sobre la forma en que se despachan los tickets (igual el del MSG será el último concierto). Es una actitud inusual, pero, bueno, lo inusual es la norma para Murphy y sus muchachos. ¿Qué otro tipo se convirtió en estrella después de los 30 años? ¿Y a qué otros se les ocurre dar los hurras después de tres discos notables, cuando todo indica que tienen más nafta en el tanque que la mayoría de sus colegas? La disolución de LCD Soundsystem puede ser vista, además, como el fin de una era: fue el sello DFA, propiedad de Murphy, el que motorizó durante la década pasada el ascenso al mainstream del punk funk, dance punk o nu rave (el nombre es lo de menos, lo importante es el inteligente vértigo que impuso). Y el propio cantante, compositor y multiinstrumentista se sacó las ganas de hacer bailar a rockeros y ravers por igual, con canciones en las que se cruzan la maravillosa monotonía de los ritmos del krautrock con los drones anfetamínicos que Velvet Underground generaba cuando John Cale todavía estaba en sus filas.

Pero, ¿por qué el fin de una era, si la nu rave ya había obtenido hace rato su certificado de defunción? Porque LCD Soundsystem siempre fue más que lo que indicaba el rótulo de moda y lo demostró en sus tres visitas previas a Buenos Aires. Murphy, que graba todos los instrumentos en los discos y que en vivo se concentra casi todo el tiempo en la voz, es un melómano consumado y un productor de excepción, capaz de pelar el recurso más insólito en el contexto expresivo en el que trabaja en un momento en particular. Las canciones pueden arrancar con mínima percusión, un riff simplísimo de teclado y la garganta de Murphy en segundo plano, y en la mitad hacer explotar cualquier sitio con una electrónica modernísima de tan vintage. Eso fue, exactamente, lo que sucedió el miércoles en el comienzo del show en un Groove atestado de energía y sudor: “Dance Yrself Clean” desató la fiebre, una suerte de pogo mezclado con baile, tan intenso como relajado. La canción es la que abre This is Happening, el disco más reciente de LCD Soundsystem, y tanto en el álbum como en los shows la banda le pega “Drunk Girls”, un corte de difusión casi calcado del “White Light White Heat” de Velvet Underground, que en el local de Palermo completó el trabajo de ignición.

Lo que siguió fue un repaso por toda la carrera de Murphy y sus acólitos (ningún tonto para elegir compañía, el grandote: se agenció músicos de Hot Chip, !!! y The Juan MacLean), desde “Get Inocuous!” hasta la imbatible “Daft Punk is Playing at my House”. Y todo sin que la calentura disminuyera ni cuando bajaban los beats, como en buena parte de “You Wanted a Hit” o, en el final, con la morrisseyana “New York, I Love you but You’re Bringing me Down” (“triste, como debe ser una canción de amor”, le había dicho Murphy al Suplemento NO de este diario en su visita anterior). Lo único para lamentar fue que el sonido de Groove no haya dejado demasiado espacio para las sutilezas que alimentan la música de LCD Soundsystem, todas esas mínimas percusiones y arreglitos que ornamentan canciones como “Home”, más allá de que lo central siempre pase por el ritmo y la melodía. En la Ley de (James) Murphy entran mantras como “Yeah” o infecciosos temas bailables como “Tribulations” (ambos del debut epónimo de la banda, de 2005), diatribas humorísticas como “Losing my Edge” y también irresistibles construcciones sonoras como la ya citada “Get Inocuous!” o “Someone Great” (Sound of Silver, de 2007), en las que cada ladrillo se coloca en el lugar justo con paciencia artesanal.

Murphy ha dicho que nunca planeó que LCD Soundsystem se convirtiera en algo tan grande y que necesita más tiempo para otros proyectos. Por ejemplo, debió dejar pasar dos oportunidades de producir a Arcade Fire, nada menos, y también resignarse a no trabajar con gente como Devo o John Cale. “El plan era que esta banda fuera parte de mi vida, pero se convirtió en toda mi vida”, le dijo a la revista Spin. Así que ya no habrá más LCD Soundsystem. No habrá melancolía, oscuridad post punk, fiesta descontrolada, alcantarilla y terciopelo conjugados en una sola banda, ni conciertos vibrantes e inolvidables como el del miércoles pasado. “Ustedes son el mejor público que tuvimos”, dijo el morrudo Murphy en Groove, y... ¿por qué no creerle? Si hubo pogo, baile y cada garganta ardió cantando hasta las líneas melódicas de los temas... En definitiva, fue una de esas noches perfectas en las que todo se pone en juego porque, se sabe, no habrá otra oportunidad. Una lástima, claro. Pero también un placer único e irrepetible.

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