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Viernes, 12 de octubre de 2012

MUSICA › VICTOR HEREDIA PRESENTA SU NUEVA VERSION DE TAKI ONGOY

“Quise mostrar un orgullo, un sentido de pertenencia”

La obra que en 1986 le valió a Heredia un pedido de excomunión, hoy es propuesta como actividad conmemorativa por el Ministerio de Educación de la Nación, en el marco del Día de la Diversidad Cultural Americana. Habrá doscientos artistas en escena.

 Por Karina Micheletto

A más de veinticinco años de su estreno, Heredia recuerda cómo pensó esta obra y el particular impacto que tuvo en su carrera.
Imagen: Leandro Teysseire.

Hasta hace poco tiempo, el 12 de octubre se festejaba en el calendario como Día de la Raza, mientras los pueblos originarios recordaban todos los 11 de octubre el último día de libertad. Hoy se conmemora el Día de la Diversidad Cultural Americana, y no se trata sólo de un cambio nominal para los actos escolares. Tanto que una obra como Taki Ongoy, que al momento de su creación, en los ’80, hasta le valió a Víctor Heredia un pedido de excomunión, hoy es propuesta como actividad conmemorativa por el Ministerio de Educación de la Nación. El evento será hoy a partir de las 18, frente al ministerio (en Pizzurno 935), con un despliegue que convocará a unos doscientos artistas en escena, y además con un final acorde con la fecha: tras el gran concierto podrá verse el partido Argentina-Uruguay en pantallas gigantes. “Después de conmemorar el Día de la Diversidad, festejamos los goles de Messi”, invitan los organizadores.

Sobre el escenario, interpretando esta obra que canta la “conquista” en términos del genocidio que significó para todo un continente, no estarán sólo Víctor Heredia, su banda (Panchi Quesada, Babú Cerviño, Ricky Zielinsky, Gustavo López y Gabino Fernández) y los músicos invitados Rolando Goldman en charango y Víctor Carrión en quenas y aerófonos. Junto a ellos, unos 120 jóvenes artistas de todo el país, integrantes de la Orquesta y Coro Juvenil del Bicentenario, sonarán con arreglos y dirección de Popi Spatocco y con la dirección y preparación del coro de Angela Burgoa Owen (ver aparte). Y además, participarán diversas agrupaciones y coros de pueblos originarios, recreando el registro en vivo que acaba de reeditarse (ver aparte).

Taki Ongoy significa, en quechua, “canto enfermo”, y así se llamó el movimiento de resistencia que lideró Túpac Amaru, que reivindicaba el regreso a las fuentes culturales incas. Esta historia está contada y cantada en esta obra integral, que abarca también las rebeliones de los Valles Calchaquíes y el devenir de alguno de sus líderes, como Juan Chelemín –“un héroe olvidado”, advierte Heredia–, quien fuera muerto descuartizado. A más de 25 años de su estreno, el cantautor recuerda en diálogo con Página/12 cómo pensó esta obra y el particular impacto que tuvo en su carrera. Cuenta que en su afán por contar bien esa “otra historia” llegó hasta el recordado antropólogo y arqueólogo Alberto Rex González, mostrándole, no sin cierto orgullo entusiasta, lo que tenía hecho hasta el momento. “¿Qué le parece, maestro?”, dice que le preguntó. “Me parece que vamos a tener que estudiar”, fue la respuesta que recibió, lapidaria. Rex González le marcó lo que todavía faltaba “descubrir” en el relato histórico que implicaba Taki Ongoy. “Así que volví a ser un estudiante universitario, leí mucho, busqué fuentes, llegué hasta los archivos de la Universidad Complutense de Madrid, hasta los escritos de los propios escribas españoles que llegaron con Cortés. El me tomaba examen, me seguía muy de cerca. Le pregunté: ‘¿Y por qué se preocupa tanto por esto?’. Finalmente yo no era alumno suyo. ‘¡Porque lo van a querer matar! –me respondió–. Van a revisar cada línea buscando algún mínimo error.’ Y así fue”, cuenta Heredia.

Entre los descubrimientos de ese año y medio que pasó “estudiando”, el artista menciona la obra del antropólogo Nathan Wajtel, de donde surge, por ejemplo, la cifra mencionada en la canción “Potosí”: “Somos ocho millones los perdidos, nuestros huesos se pudren en la mina”. “Es una cifra pavorosa, que me cuesta pensar y sentir como cierta. Estamos hablando del etnocidio más grande de la historia de la humanidad”, reflexiona.

–¿Qué significa para usted volver a pensar, a sentir y finalmente a mostrar hoy esta obra?

–Para mí tiene un incentivo, un plus, que es la fecha y el lugar en que lo hacemos, eso es lo que me motiva sustancialmente: es la primera vez que un estamento tan importante como el Ministerio de Educación decide mostrar una obra como ésta para un 12 de octubre. Ese gesto me parece sustancial. Esta ha sido siempre una obra muy dolorosa para quienes defendemos la postura que detiene su mirada en los pueblos originarios. Y hoy, que ya tiene más de 25 años y se ha hecho “mayorcita” (risas), por fin la siento reconocida. Me da la sensación de que en alguna medida también se está reconociendo toda una línea de pensamiento con la que esta obra colaboró en su aparición, en 1986, la posibilidad de pensar que hay otra historia y que no es la mitrista.

–¿Y qué significaba para usted Taki Ongoy cuando la pensó?

–Cuando lo propuse venía a dar respuesta a una serie de cuestiones que me había planteado en la cabeza durante cientos de viajes al continente americano. En esos viajes yo me había encontrado con una propuesta artística y cultural que de verdad me impresionó. Porque no coincidía para nada con lo que me habían dicho en la escuela. Empecé a indagar y me di cuenta de la enorme falencia de esa educación, del absurdo y la mentira que nos habían fabricado sobre la conquista española al continente americano. Así que dije: tengo que hacer algo, desde mi lugar, para dar lugar a este arte desconocido. Lo que intenté fue dar señales de que había otra historia, esperando un reconocimiento que no sólo no llegó nunca, sino que provocó en mi vida artística prácticamente una suspensión.

–Hasta pidieron su excomunión en ese entonces... ¿Qué otras suspensiones pagó?

–Es cierto: monseñor (Desiderio) Collino, el obispo de Lomas de Zamora, pidió mi excomunión, y con él una cantidad de curitas que tenían una visión tradición, familia y propiedad me denostaron públicamente. El embajador de España le pidió a Alfonsín que parara las actuaciones en el Luna Park. Digamos que, antes que un saludo cordial, la obra recibió insultos. Y lo que hicieron los grandes medios, directamente, fue negarla. Así desaparecí junto con la obra, dejé de sonar en las radios, fue un momento duro para mi carrera, por mucho tiempo. Después de las presentaciones en el Luna Park hice una gira por el interior. ¡Y en algunos lugares pensaban que Taki Ongoy era un japonés! No existía la más mínima difusión.

–¿Había imaginado tanta reacción?

–Uno sabe que cuando se opone a una mirada “oficial”, obviamente algo va a pasar, y yo me sentía preparado para afrontarlo. Pero no me imaginé que iba a pasar tanto. La idea era que la obra trascendiera, para que trascendiera el tema que abordaba. Por suerte, algunos docentes la tomaron como propia, tuvo cierta circulación a nivel pedagógico. Y además, lo que no pudieron evitar fue que el disco se vendiera, y mucho: Taki Ongoy fue doble platino, a pesar de ser un disco doble, siempre más caro y de venta más limitada.

–¿Pudo detectar qué era lo que molestaba tanto?

–Taki Ongoy venía a mostrar un orgullo, un sentido de pertenencia que no era el hispanista, eso molestó muchísimo. Piense de dónde veníamos: a mí en la primaria, una escuela rural de Paso del Rey, la maestra me decía en la clase: “Los argentinos tenemos la suerte de que en este país no haya negros ni indios”. Y mi mamá, pobrecita, para que no me confundieran con un indio, se la pasaba aplastándome el pelo con gomina. Una identidad borrada, ocultada, por vergonzosa, día tras día, hasta con el peine.

–En la versión original participaron Mercedes Sosa, Baglie-tto y Jorge Fandermole. ¿Qué recuerdo guarda de aquella experiencia compartida en 1986?

–Anécdotas entrañables. Una muy linda con Mercedes: yo le pasé el tema (“Aya Marcay Quilla”) en un demo, y como buen porteño que soy, todo lo decía marcando la “erre”. Mercedes era muy, muy estudiosa, no hacía nada sin saberlo perfectamente antes. Cuando comenzó la grabación, ella empezó a cantar: “Nunca pierrdas a tu niño en tus brrazos, nunca sufrras tal dolor...”. Con mucho temor suspendimos la grabación: “¿Qué pasa, Mercedes, por qué estás cantando así, impostando el acento?”. “Ah, vos me lo pasaste así, con mucha erre, yo estudié para sacarlo igual.” ¡Era el colmo de lo puntillosa! Fueron jornadas de mucho trabajo para todos, pasamos días y noches enteros trabajando en el estudio.

–Hoy ha cambiado la mirada y el contexto desde su estreno. ¿El impacto de la obra es otro, quizá más analítico?

–Totalmente. Mi hijo más chico, que tiene 10 años, tiene una mirada absolutamente distinta de la que tuvieron sus hermanos de 20 y 36 años, los conceptos que recibió desde la escuela son otros. Aun así, siempre me dio la sensación de que esta famosa historia de la educación bilingüe no cerraba del todo, porque nosotros, los que vivimos en Buenos Aires, los chicos que viven en las grandes capitales, no tienen mucha idea sobre los pueblos originarios, creo que no imaginan que hay gente en su país que habla en mapuche, por ejemplo. La idea de sumar coros de pueblos originarios, cantando en sus lenguas, tiene que ver con eso: que los pibes tengan a mano, por lo menos, la idea de lo que estamos hablando. La emoción que despertaron estos grupos cuando hicimos las presentaciones de 2006 fue impresionante, y estoy seguro de que volverá a ser así. Sobre el cambio de contexto, por otra parte, es cierto que se ha avanzado muchísimo en este terreno, que hoy la mirada del Gobierno es otra en relación con los pueblos originarios y sus reclamos históricos. Pero creo que hasta ahora lo que se han dado son paliativos; en algún momento hay que intentar dar soluciones de fondo.

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