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Martes, 10 de marzo de 2015

MUSICA › MARTíN PALMERI Y SU MISATANGO

Rezos con bandoneón

Todo nació de la idea de escribir una obra para coro y una
orquesta de tango; Palmeri acaba de presentarla en el Carnegie Hall y se prepara para nuevas presentaciones por el mundo.

 Por Cristian Vitale

Lo primero que hay que descartar, por si acaso, es que su Misatango tenga algo que ver con la criolla de Ariel Ramírez. No es folklórica, por empezar. Ningún sacerdote arregló o tradujo textos bíblicos ni está dedicada a las monjas alemanas que resistieron al nazismo. Tampoco la grabaron Los Fronterizos, ni la versionaron Zamba Quipildor, José Carreras, Chabuca Granda o Mercedes Sosa. Y mucho menos se expuso en el Vaticano ante el mismísimo papa Francisco. La suya va por otro andén, claramente. Es tanguera y clásica. La mostró en otros lares (el Carnegie Hall, de Estados Unidos, o el Konzerthaus, de Viena, por nombrar dos), está escrita en latín y se espeja en musas diferentes: Mozart, Haydn y, claro, don Astor Pantaleón Piazzolla. “La Misa Criolla no me sirvió de ejemplo porque el texto es diferente y la estructura de esta pieza responde más a una arquitectura de música popular; la Misatango está inspirada en las formas típicas de la misa europea”, dice Martín Palmeri, tiempo después de haberla expuesto en la mítica sala de conciertos de Manhattan, junto a los bandoneonistas Daniel Binelli, Rodolfo Zanetti y Emmanuel Trifilio.

La Misatango es, entonces, una arriesgada alquimia entre las estructuras musicales “sacras” de Mozart y una orquesta de tango –más coro– como brazo ejecutor. “La escribí porque sentí que dentro del repertorio del tango la sonoridad del grupo coral no tenía un espacio. Intenté adaptar tangos tradicionales en versiones a cappella o con acompañamiento de instrumentos, pero siempre sentí que esos arreglos estaban afectados por algo difícil de explicar, que hacía que la música no funcionara. Por eso, creí que lo mejor era probar escribir una música original pensada para un coro y una orquesta de tango. Y apareció otro tema: ¿qué texto tenía que usar?”, explica Palmeri. “Por deformación profesional, creo, elegí el texto de la misa y, sin pensarlo, fui directamente al latín. Muchas veces me preguntaron por qué en latín y no en castellano, y la respuesta es que para los directores de coro el latín es una lengua cotidiana, para nada extraña. Por otro lado, creo que inconscientemente fue una decisión estética. Me parece que en latín suena mejor”, cuenta el hombre, nacido en Buenos Aires –donde se dedicó a la dirección coral hasta los 25 años– y mudado a Paraná, Entre Ríos.

“Desde luego que esto fue posible gracias a que durante mi actividad como director pude escribir una considerable cantidad de obras que me permitieron asociarme a Sacem (la Sadaic francesa) y publicar en la Editorial Tonos de Alemania”, informa el también pianista, sobre el lazo entre la vieja capital de la Confederación de Urquiza y Derqui, y el mundo. “Me introdujo en Europa, sobre todo Francia, Alemania y Suiza, donde se interesaron por la Misatango, que en principio se llamó Misa a Buenos Aires”, refiere el director, cuyo devenir encuentra paradas tanto en la música clásica como en la experimental, la folklórica y el tango. “En la música experimental nunca me sentí del todo cómodo a pesar de que mi maestro estaba dedicado a la música de vanguardia. Paralelamente, mi interés por la música popular argentina iba creciendo, primero indagando en el folklore y luego en el tango, y fue en este género en el que me sentí cómodo, en el que me moví con mayor soltura: esta música requiere mucho conocimiento técnico y pone en juego todo lo pasional y expresivo. Pude juntar estos dos aspectos fundamentales de la música y comenzar a escribir inspirado en el tango”, explica el compositor.

–¿Cómo tradujo el concepto clásico al tango y cuán funcional fue Piazzolla en este sentido? 

–No sólo Piazzolla fue influencia. Tuve la suerte de tomar clases con Rodolfo Mederos y que él me recomendara estudiar tango, tanto en la interpretación como en la confección de arreglos, siguiendo su evolución histórica. Así se llega a Piazzolla, sí, pero en la Misatango también se notan Pugliese y Troilo. Dejé rienda suelta a las influencias sin ningún tipo de complejo, ya que sentía que lo original en esta pieza estaba en lograr una obra que integre al coro con la sonoridad de una orquesta típica de tango. De igual manera, no tuve inconvenientes en usar todo el tipo de simbologías de las misas clásicas y románticas.

Fue lo que Palmeri expuso en el Carnegie Hall, en interacción con los bandoneonistas más una treintena de coreutas sudamericanos y europeos. “Juntar todos estos cantantes en un mismo escenario fue extraordinario. Por otro lado, la Dciny (Distinguished Concerts International of New York) hizo un trabajo impecable en la organización, bastante difícil por la gran cantidad de gente”, detalla, y le pega a tal entusiasmo el concierto organizado por la Fondazione Pro Musica e Arte Sacro en la iglesia de San Ignacio de Loyola de Roma, en octubre de 2013. “Allí, la Misatango fue interpretada en el concierto inaugural de ese festival dedicado al Papa, y el solo estuvo a cargo de la reconocidísima mezzosoprano Bernarda Fink”, finaliza Palmeri, que ya planea dos giras por Europa para el próximo verano de allí, y más presentaciones de su misa tanguera: una en el Carnegie, en abril de 2016; y otra en 2017, en el Musikverein de Viena.

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Palmeri nació en Buenos Aires y se radicó en Entre Ríos.
 
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