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Sábado, 21 de marzo de 2015

MUSICA › JORGE FANDERMOLE ACTUARA HOY EN CIUDAD CULTURAL KONEX

El delicado arte de la canción compartida

El músico rosarino recorrerá canciones compuestas en estos últimos tiempos, entre ellas varias de las que integran su notable doble CD Fander. Pero el artista reivindica, más allá del producto final, la satisfacción de compartir su obra con sus músicos.

 Por Karina Micheletto

Un repaso por lo nuevo, y también por todo aquello que fue pasando en este tiempo y que, finalmente, da como resultado este fértil presente. Esa, dice Jorge Fandermole, es la idea del concierto que hoy lo traerá nuevamente a Buenos Aires, esta vez para presentarse en el escenario de Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131). Será a las 20.30, si el tiempo acompaña, en el patio de ese espacio del Abasto, con la buena compañía de los músicos que también forman este presente de Fander. Así, de ese modo familiar con que lo conocen los muchos que siguen y admiran su obra, llamó el rosarino a su último disco. Juancho Perone en percusión, Marcelo Stenta en guitarra y Fernando Silva en bajo y violoncello sonarán también en el concierto, y habrá más rosarinos en acción: la cantante, compositora, pianista y guitarrista Sandra Corizzo y el escritor y periodista Reynaldo Sietecase sumarán sus canciones y poemas como invitados.

De lo primero que habla Fander para contar cómo pensó este concierto es del sostén que significan los músicos que conforman su banda, quienes también concibieron junto a él los arreglos de su último disco. De lo que también habla enseguida, muy seriamente, es de su alegría. “Hay algo que va más allá del hecho artístico, y es la alegría que nos da juntarnos a tocar, y eso es lo que intentamos transmitir. Hay algo en esto de la interpretación, del toque, de la juntada, esa manera de vibrar que sólo se da cuando uno toca con músicos con los que se lleva muy bien. Bueno, en eso estamos”, define lo suyo,

–Su carrera siempre se ha caracterizado por eso de la juntada, por buscar la compañía de otros. ¿Es un modo de trabajo?

–Son grandes momentos que uno puede darse, de compartir y de mucho aprendizaje. Así fue con Raúl (Carnota) o con el Negro Aguirre, con quien hasta pudimos armar los repertorios de ambos en forma conjunta. Yo me siento muy cómodo haciéndolo, es lo mismo que me pasa con Juan Quintero o con Coqui Ortiz, son juntadas que a uno lo nutren y, en definitiva, lo refrescan. Si busco esa compañía de los otros músicos es porque me parece algo importante de verdad: no es la cuestión de los simples músicos de acompañamiento, es otra cosa. Y en esta forma de trabajo que solemos tener en las producciones independientes es muy importante la presencia de los otros, porque toman lo tuyo como proyectos propios y entonces lo que ponen va mucho más allá de lo que está escrito en los arreglos o lo que uno pueda acordar. Hay otra cosa ahí, mucho más valiosa, que es la que yo reconozco y busco.

–Repasando su carrera, es una forma de trabajo que mantuvo desde sus comienzos, desde Rosarinos...

–Esos son los momentos en que uno da saltos cualitativos, sobre todo porque se vincula en los hechos artísticos con la sensibilidad de los otros. Puede ser a través de sus creaciones, o en el modo en que los demás conciben los toques, o la forma de cantar, de arreglar. Son momentos de crecimiento únicos.

–Y de esos momentos con Carnota, ¿cuál es su recuerdo?

–Cuando uno tiene una cercanía afectiva con otro músico, las cosas se dan en ese doble carril donde interviene lo artístico y el afecto. Raúl siempre ha sido un tipo muy generoso en muchos sentidos, en el artístico, por supuesto, y en el afectivo fue un tipo entrañable. Desde el punto de vista de su creación musical, nos ha abierto los ojos y la cabeza a unos cuantos, por su forma de concebir el folklore, por los tratamientos que ha hecho de lo rítmico, de lo temático. Fue además un tipo que siempre estuvo dispuesto a compartir, con muy buena disposición para trabajar los proyectos, esas son cosas que a la distancia uno valora todavía más, porque sabe que allí aprendió. A muchos de nosotros Raúl nos marcó fuertemente, por su forma tan singular de tratamiento en la guitarra y en el fraseo vocal. Nos queda su producción, que es enorme, porque él empezó a componer hace muchísimo tiempo, y siguió haciéndolo hasta el final de sus días. Hay mucho de ahí para sacar.

–En todo este tiempo en que estuvo mostrando su nuevo disco, ¿qué recibió como devolución?

–Lo primero que aparece, obviamente, es la satisfacción de haberlo terminado, eso ya de por sí me pone feliz. Y a medida que lo fui mostrando las devoluciones fueron tan buenas que se me fueron borrando algunas dudas que tenía cuando lo terminé...

–¿Qué tipo de dudas?

–Es que finalizar un trabajo editorial siempre implica dar un corte que, en definitiva, uno nunca sabe si es el justo o no. Es la terminación de un proceso largo, que lleva años, tanto de conformación del repertorio como del modo en que se van arreglando los temas y van cambiando. Una vez terminado, ya está: ya no se puede modificar. Y a uno le aparece esta cuestión de la duda... ¿Tendrán ganas de escuchar esto, y de volver a escucharlo, de esa escucha reiterada en la que uno encuentra cosas nuevas? Si eso aparece, me doy por sastisfecho. Imposible saberlo de antemano.

–Desde hace años da clases en la Escuela Municipal de Música Juan Bautista Massa. ¿Qué significa para usted esa tarea docente?

–A mí me gusta mucho la docencia, y de verdad deseo que me dure el placer que encuentro en esta tarea, porque uno va teniendo momentos en que tiene más ganas y menos ganas de dar clases, eso es natural. Pero yo lo sostengo porque en todos estos años nunca dejé de sentir que era para mí otro espacio de crecimiento. En general, los que vienen a nuestras materias lo hacen porque realmente tienen muchas ganas, entonces aparece una particular dedicación y una buena actitud hacia la acción y hacia el trabajo. Y como se trata siempre de generaciones más jóvenes, que vienen con otras inquietudes, otras ideas, eso a uno lo refresca y además lo mantiene alerta y atento a los cambios que van apareciendo en la canción, que es un género de raigambre netamente popular. Por eso, para mí, la enseñanza es otro acto de aprendizaje.

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Fandermole, ya un clásico de la música popular argentina.
 
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