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Martes, 29 de septiembre de 2015

MUSICA › FLAVIO CIANCIARULO Y SU “OPERA ROCK LO-FI ATLANTICA EN SEIS ACTOS”

“Esta no es una obra autobiográfica”

A pesar de algunas líneas que unen a la ficción con su autor, el bajista, guitarrista y cantante apela en su nuevo disco a un pleno ejercicio de libertad. “Alejandro Jodorowsky dice que después de los 40 todos entramos en un lugar de aprender”, señala.

 Por Gloria Guerrero

@Otra vez el agua. Después de Nueva ola (2011) y Nada especial: próxima ola (2013), Flavio Cianciarulo vuelve a tirar las redes al mar.

Y otra vez, siempre, el Sur.

–Tengo una obsesión con el Sur ya desde mi disco con Ricardo Iorio (Peso argento, 1997), cuando escribí “Nacido y criado en el sur”. Llevo el Sur tatuado en uno de mis brazos... –sonríe El Artista Inmensamente Tatuado.

Esta vez, al retirar las redes del agua, Flavio encontró una sardina.

Y esa sardina tuvo una epifanía mirando la Cruz del Sur.

Sardinista es hijo de Mar del Plata y en 1988 tenía 20 años; hoy no se sabe: su destino resulta incierto. Un día el chico escuchaba Sandinista!, el disco de The Clash (1980), cuando su padre –un tosco pescador– lo increpó por aquel ruido diabólico que le inflamaba las orejas y terminó cambiando una consonante e inventándole ese irónico apodo que borró para siempre su verdadero nombre del DNI.

Flavio Cianciarulo (se apoda Sr. Flavio, o SRF) es hijo de Mar del Plata y en 1988 tenía 24; hoy tiene 51. Hace treinta años construyó los Fabulosos Cadillacs (una de las bandas más famosas de Hispanoamérica).

En 1988, luego de que su viejo y su hermano mayor murieran al naufragar su bote de pesca, Sardinista y su campera de cuero habrían de sumergirse (y hundirse, y reflotar) en una aventura épica e iniciática en una cueva de los acantilados de Chapadmalal.

En 2015, ahora, luego de nadar entre tantos laureles (Grammy, Konex, Gardeles, MTV, todo) y de quince años de surfear (nunca mejor empleado el término: el hombre es surfista) a través de más de una veintena de trabajos personales como músico y cantante, escritor o productor, Sr. Flavio acaba de editar una ópera rock.

Sardinista! es una ópera rock lo-fi atlántica en seis actos “que no es una obra autobiográfica para nada”, según su autor. Eso se irá viendo.

–¿Cómo se le ocurrió concebir una “ópera rock” en este milenio, cuando cosas así parecen obsoletas? Hay que tener cierto coraje.

–Tuve en cuenta lo de “lo obsoleto”, sí, ¡y me encantó! Si hablamos de arte, nadie te dice qué cosa es obsoleta: (el crítico musical inglés) Simon Reynolds y su Retromanía hablan de “reflotar lo obsoleto” y, entonces, ¿ahora resulta que puedo ser el tipo más moderno del mundo? ¡Qué sé yo! ¡Franz Ferdinand suena a AC/DC! (Se ríe) Y me acuerdo de un tanguero que falleció hace poco; Juan Carlos Cáceres decía: “La modernidad está en los inicios...” ¿entendés? Tengo en cuenta esos valores y los usé a propósito, redoblando una apuesta: ¿quién dice que una ópera rock, que hoy parece obsoleta, el día de mañana, ambiciosamente, pueda ser guau? En cuanto al coraje... Bueno, no me considero el hombre más valiente del mundo, por cierto, pero hay un personaje en Sardinista!, que se llama El Cobarde, que contendrá muchas cosas de mí”

(“Pero no es una obra autobiográfica, para nada”, insiste. “Yo no me iría a vivir a una cueva”, aclara.)

–Hace mucho que en mi cabeza rondaba el deseo absoluto de escribir un disco conceptual, explícitamente conceptual. Creo que todo disco tiene algo de conceptual, claro, pero implícito, sutil, sin que el artista lo provoque. En este caso, yo quería ir por más. Para no meterme en terrenos que después me resulten en contra, investigué qué es una ópera rock y qué no lo es; qué cosa es un disco conceptual... ¿dónde está el límite? Por default, éste es un disco conceptual, pero acá hay una historia teatral, un argumento, un trasfondo, un personaje, un inicio, un nudo, un desenlace y un final. Entonces eso me llevó a pensar que era una ópera. Y en las óperas rock, a diferencia de las óperas clásicas... –esta definición que encontré me sirvió mucho (sonríe): “En la ópera rock hay libertad total”.

–¿Por qué agregó lo de “lo-fi”?

–Porque dentro de esa “libertad” del rock –si bien acá se escuchan por momentos pinceladas corales, o grandilocuentes– en Sardinista! manejo puros elementos garajeros e influencias del punk rock. No quería que pensaran que una ópera rock debería sonar inevitablemente a rock sinfónico... Soy un fanático de los Who; Tommy y Quadrophenia me marcaron a fuego. Aunque, claro, no pretendo... (sonríe).

Sardinista se había sumido en los excesos y en las sombras. “Una noche, cansado de los vicios y del enajenamiento, de la rutina del escarnio, tumbado en una arena de una playa céntrica, levantó su mirada hacia la noche estrellada y, encandilado por el magnetismo de la Cruz del Sur, se quedó durante horas (...). Percibió que despertaba en él una nueva conciencia de rebelión.”

–En la obra, Sardinista se rebela contra el sistema. En “El valiente Dubweiser” dice: “Soy aquel que no pudo obedecer todo lo que esta sociedad impone y determina”. ¿Cómo se lleva usted con la rebelión?

–A pesar de haber compuesto “Matador” o “Mal bicho”, no creo ser un hombre de protesta. Sí me puede ocurrir que, tal vez –muchas veces– no entienda el comportamiento de la sociedad; y, entonces... yo leo ficción. Me cuesta mucho que el argentino, por lo general, requiera del artista un plano concreto de opinión acerca del presente; hay muchos “opinadores del presente” y está buenísimo que los haya, pero a mí me cuesta mucho: no sé cómo expresarme sin lucir como un completo descomprometido. No leo diarios porque no los quiero leer; no veo la tele; no voy a votar, y de muchas cosas no tengo ninguna idea formada. Me desinformo explícitamente, holgadamente; me desinformo por voluntad... y ni siquiera por alguna voluntad apolítica. Vivimos en una era en la que hay un montón de conspiranoicos y teorías de la conspiración. Y trato de no mirar mucho en la red, tampoco, porque la red... ¡es todavía más amarilla! (se ríe). Y, cuando me desinformo, me informo por otro lado: me refugio en los libros. Cuando encontrás tus propias palabras en quien las escribió antes, y de manera sublime, ahí está todo lo que tenías desordenado y no lo podías poner en voz. El otro día, leyendo a Nietzsche, el tipo pedía que no miráramos todo con los pies en la tierra; “Salvar nos salvará”, decía el tipo. Detrás de toda su filosofía y de su filología, Nietzsche es un gran poeta; se me escapa, me cuesta mucho, soy un ignorante: tomo lo que puedo. Leo por gusto. Y no entiendo a la gente que no se entretiene leyendo. Pero no digo esto para establecer un plano de intelectualidad: yo no soy un intelectual. Siempre digo: “A ver, ¿a vos, qué te gusta? ¿La pornografía? Hay libros de pornografía. Si te gusta la guerra, hay libros de guerra; si te gusta el amor, hay de amor; ¿el desamor?, hay libros de desamor. ¿Te gusta el terror, o la comedia? Hay de todo. No entiendo a la gente que te dice: “Uy, qué loco, vos leés; yo nunca leí un libro”... Ni siquiera los tildo de ignorantes. Simplemente, no lo puedo entender.

–¿Qué más llegó desde el Sandinista! hasta el Sardinista!, además del juego de letras?

–La evocación al Sandinista! de los Clash no sólo tiene que ver con el juego de palabras, sino también en lo musical. Aparecen referencias en diversos matices sonoros: “El valiente Dubwiser” sería algo así como el “Crooked Beat” que cantó Paul Simonon; también utilicé la herramienta artística clashiana, como evocación y link, recordando aquel tema de Combat Rock (1982), “Ghetto Defendant”, en donde aparece el poeta Allen Ginsberg recitando un poema punk sobre el dub clashiano... En Sardinista! yo mismo recito en “Sardinistdub” un antipoema con hechos y datos trascendentales de la obra; son claves del argumento que sujetan el disco. El homenaje a Ginsberg y a The Clash también aparece implícito en la frase “Afganistán, Salvador, Chapadmalal... todo es igual.” Debo aclarar también, que en la paleta de colores sonoros que utilicé en Sardinista! la influencia clashiana es un elemento más de tantos muchos otros matices sonoros diversos, de otras cepas: punk, funky, jazz, hadcore, garaje, reggae, new age, literatura, The Who, Devo, etcétera, bla bla bla... de todo (risas). 

Después de flashear su epifanía bajo las estrellas de la Cruz del Sur, Sardinista (el “rebelde revelado”) abandona la ciudad de Mar del Plata y sostiene que en el sur costero –Chapadmalal, por caso– hay un centro de magnetismo energético, herencia de la Atlántida perdida; lleva consigo su grabador, sus casetes de rocanrol y su guitarra criolla, en la que aporrea canciones punk. Y se topa con cuatro personajes que marcan su camino: El Cobarde, El Abogado del Apocalipsis, El Angel y La Chamana Punx (sic). Cualquier similitud con arquetipos de Carl Jung, aunque rara en esta charla, al artista no le resulta pura coincidencia.

“Yo me permito decir, con toda modestia, desde mi absoluta inoperancia académica y sólo por lo que he leído, que esta obra tiene elementos metafóricos y metafísicos; me pone muy feliz que se vea. Sardinista no es un colgado frito, para nada. Sin embargo, en mí no hay una búsqueda: hay absoluta ignorancia; se encuentran como algunas pretensiones zaratustrianas, si se quiere, por los diálogos... En un momento, uno de los personajes le dice: ‘Sardinista, hoy casi hablaste como Zaratustra’, y él le responde: ‘No sé ni quién es, ni me interesa, pero no me tomen como un profeta, porque no lo soy ni lo quiero ser...’.”

El Cobarde termina siendo un Valiente. El “abogado garca” se redime. La chamana cura. Y el ángel intercede. Un verdadero mar de sensaciones.

–Es un disco/libro –dice el autor–. Yo le pido a la gente que no baje solamente la música; tengan el disco, lean el booklet, ahí está el cuento. Con respecto al Abogado del Apocalipsis (El Acuanauta de Alfonsina), alguna vez escuché de los aborígenes americanos que los ancianos se retiran de su aldea para no molestar a los suyos, y entonces se van. “Por eso vengo a morir acá”, dice este garca en los acantilados de Chapadmalal. Sardinista, fascinado con su charla, le contesta que no, que todavía no es el momento de morir. “Yo conozco a alguien”, le dice, y ahí ya linkea a la bruja, a la chamana punx, quien maneja el secreto de la longevidad.

“Le llaman la atención todos sus tattoos y su melena de larguísimos dreadlocks castaños. La bruja le concede su visión del caos, de la luz, de los hombres. El rock and roll no ha muerto, pero... ¡cuidado!”

–Acá hay un planteo que yo también lo meto por mi lado, el de la vejez: tengo más de 50 años. Hace poco leía a Alejandro Jodorowsky; decía que, bueno, después de los 40 todos entramos en un lugar de aprender. lo planteaba de una manera más catastrófica: “Aprendemos a vivir cuando ya hay que irse”.

E insiste: “Pero Sardinista! no es una obra autobiográfica, para nada”.

–Y el Abogado quiere meterse a morir en el agua, como Alfonsina. Y, según la historia, Sardinista desapareció sin dejar rastros; existen, según el cuento, muchos rumores: que fue abducido por la Cruz del Sur, que se lo llevó la policía, que se fue a dedo hasta Perú: “Otros chicos del lugar comentaron que, una noche, lo vieron internarse en el mar”.

–Mucho antes de leer los libros de Alfonsina Storni –quien terminó siendo una de mis poetas favoritas–, durante mi infancia en Mar del Plata me acuerdo de que pasábamos con mis padres por el monumento a Alfonsina, en La Perla, y mi viejo me decía: “Si vos haces desde acá una línea imaginaria hasta el mar, en ese lugar es donde ella se introdujo en el agua”, y entonces yo miraba desde el auto en el que íbamos con la familia a pasear... y eso me marcó a fuego. Yo miraba con esa cosa entre fascinación y horror: la mujer que en plena noche se mete en el mar y no vuelve... Después, mucho más adelante, cuando la leí... bueno, ni hablar: Alfonsina.

–¿Cómo le gustan las sardinas? ¿En escabeche, a la plancha...?

–No, yo no como peces, soy vegetariano desde hace 15 años... (risas) Por eso en el tema “Cruz del Sur” hay un mensaje encubierto, un mensaje del vegetarianismo. Dice así (sonríe): “Sardinas de plata en el mar/ naden libremente, no se dejen atrapar”.

Más allá de las canciones

Sardinista! es una obra teatral integral que excede este disco; lo que se escucha aquí es, sólo, una ventana con sonido. ¿Va a presentar este disco? “No, no voy a tocarlo en vivo”, asegura Flavio. “Lejos de subestimar este álbum, todo lo contrario: le doy la importancia que tiene. En alguno de mis shows quizá toque algunos de estos temas, en formato acústico... o cuando alguna cosa más grande ocurra.”

Cuando se le pregunta qué hará con el material sardinista extenso y completo, que ya tiene escrito, Flavio murmura: “Yo lo tengo que hacer”. ¿Obra de teatro, película, libro? “Me pregunto eso mismo, pero ¿hasta donde depende de mí? Tengo la fantasía de que alguien se apodere de Sardinista! y me diga: ¡Loco, vamos a hacerla como salga! Puede ser una miniproducción minimalista acá en la esquina, con un telón pintado con esto (señala el hermoso dibujo de acantilados que se ve debajo de donde se abrocha el CD, obra de Dr. Alderete); o en una playa, para diez personas... Puede ocurrir mañana, acá en el teatro de Sony (su compañía discográfica) o en la sala donde se hizo La lección de anatomía en los años 80, una cosa así... O será una película, o un corto de alguien que se cope, o una mega producción... (Se ríe.) Me quemé las pestañas haciendo esta historia; llevó mucho tiempo escribirla y grabarla pero sería desagradecido si dijera que las cosas me cuestan mucho. Las cosas me ocurren, como con los Cadillacs. Hoy toco en lugares chicos y a veces no tengo ni siquiera la convocatoria que espero, pero eso me dispara para muchos otros proyectos. Escribí un libro (Surfer Calavera) y lo edité en un lugar pequeño y con cariño, y me fue muy bien; estoy agradecidísimo a la editorial Piloto de Tormenta: siempre me dicen: “Flavio, nosotros somos una editorial chica...”, y les contesto: “Bueno, también soy un escritor chico, así que no se preocupen” (sonríe). Ahora está por salir mi nuevo libro y por la misma editorial: se llama La máquina de matar pájaros. Yo no me quejo de nada; como dicen las viejas, sería como escupir al cielo”.

La ficha

Sardinista!, ópera rock lo-fi atlántica cuenta con arte y diseño del gran artista santacruceño Dr. Alderete (44). “Yo le pedí: éste es un disco/libro, quiero que el booklet tenga toda la historia en texto y Alderete me dijo que si metía fotos mías no le entraban las letras; le dije que no me importaban mis fotos, le pedí que entrara todo lo demás.” Por cierto, el librito interno no tiene fotos de Flavio: cuenta todo el cuento, entero, y hace constar todas las letras, reservando una única otra página para una preciosa pintura de la campera de cuero con tachas del Sardinista.

Toca la Orkesta No–Fónica–Caos–Elegante–Lo–Fi–Atlántica, compuesta por Flavio en teclados, voz, percusión, guitarra acústica (y contrabajo en un tema); su hijo Astor Cianciarulo en todos los bajos y todas las baterías; Monkyman Cugat en guitarras, grabación y mezcla; Hugo Lobo en trompeta, y varias presencias especiales: Florián Fernández Capello, el hijo de Vicentico (guitarras en dos temas), Big Papu (guitarra y arreglo), Piero Medone (una batería) y los coros de Miles Solay y Wenchi Ares.

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“Me cuesta mucho que el argentino, por lo general, requiera del artista un plano concreto de opinión acerca del presente.”
Imagen: Sandra Cartasso
 
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