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Domingo, 4 de enero de 2015

LITERATURA › EL HARRY RANSOM CENTER COMPRO LOS PAPELES PERSONALES DE GABRIEL GARCIA MARQUEZ

Una colección para detectives literarios

Se trata de cuarenta cajas de cartón, que incluyen manuscritos originales de diez libros, cartas, fotos y borradores. Ahora pertenecen al centro de investigación de la Universidad de Texas.

 Por Silvina Friera

¿Cuánto espacio ocupan los recuerdos de una vida que estuvo al servicio de la literatura y el periodismo? En el camino del desvío hacia una respuesta posible, emerge una reflexión de Jacques Derrida: “Los desastres que marcan este fin de milenio son también archivos del mal: disimulados o prohibidos, desviados, ‘reprimidos’. Su tratamiento es a la vez masivo y refinado en el transcurso de guerras civiles o internacionales, de manipulaciones privadas o secretas. Nunca se renuncia, es el inconsciente mismo, a apropiarse de un poder sobre el documento, sobre su posesión, su retención o su interpretación. ¿Mas a quién compete en última instancia la autoridad sobre la institución del archivo? ¿Cómo responder de las relaciones entre el memorándum, el indicio, la prueba y el testimonio?”. Los papeles de Gabriel García Márquez, su colección personal, todo lo que atesoraba en su casa en México, están en 40 cajas de cartón. Instantes de la vida y la obra del autor de Cien años de soledad que llegaron el pasado 16 de diciembre al Harry Ransom Center, en el campus de Austin de la Universidad de Texas (Estados Unidos), donde integrarán una colección única de fondos en la que hay clásicos como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Virginia Woolf o William Faulkner. Otros ganadores del Premio Nobel cuyos trabajos se encuentran en las colecciones del Centro son Samuel Beckett, J. M. Coetzee, T. S. Eliot, Ernest Hemingway, Doris Lessing, George Bernard Shaw, Isaac Bashevis Singer, John Steinbeck y W. B. Yeats. Una pregunta, a modo de intriga, viene recorriendo el mundo: ¿Por qué estos materiales no quedaron en Colombia?

Un Homero latinoamericano

El Harry Ransom hoy posee más de 40 millones de papeles, entre ellos 38.000 cajas de manuscritos, números que dejan a más de uno con los ojos como dos platos extasiados. Cualquier archivo resguarda la memoria y trata de minimizar el concepto de pérdida. Paradójicamente, esta preservación desvincula la información del campo de fuerzas que sirvió de soporte. No viene mal evocar que durante décadas el gran narrador y cronista colombiano formó parte de las listas negras del gobierno estadounidense por su manifiesta adhesión a la revolución cubana y su amistad con Fidel Castro. El ex presidente Bill Clinton, confeso admirador de Gabo, le levantó el veto para viajar a Estados Unidos y lo recibió en la Casa Blanca. Las 40 cajas de cartón contienen manuscritos originales de 10 libros, desde Cien años de soledad (1967) y El amor en los tiempos del cólera (1985) a Memoria de mis putas tristes (2004), pasando por uno de los pocos manuscritos que existen de En agosto nos vemos, su novela inédita; más de 2000 cartas –a Carlos Fuentes, Graham Greene, Cortázar y Milan Kundera–; borradores de su discurso al aceptar el Premio Nobel de Literatura en 1982; más de 40 álbumes de fotografías; las máquinas de escribir y las computadoras en las cuales escribió algunos de los trabajos literarios más importantes del siglo XX; y álbumes de recortes de periódicos de Latinoamérica y el mundo que recopilan meticulosamente su vida y obra.

La venta había comenzado a negociarse en diciembre de 2013 por iniciativa de la familia y terminó de concretarse en julio de 2014. “Esta adquisición representa una importante extensión de los archivos literarios del Centro –afirmó Stephen Enniss, director de la institución–. La influencia de García Márquez sobre la novela en la segunda mitad del siglo XX es tan importante como la de James Joyce en la primera mitad.” El director del Harry Ransom, fundado en 1957 con vocación de centro de investigación, comentó que se compró el archivo del escritor colombiano “para hacerlo accesible”, algo que vienen haciendo con otros materiales adquiridos, como una de las cinco biblias completas de Gutenberg que existen en Estados Unidos o el archivo de James Joyce. Charles H. Hale, director del Instituto Teresa Lozano de Estudios Latinoamericanos (Llilas) de la Universidad de Texas, subrayó el compromiso de la universidad con Latinoamérica. “Nuestro reto es asegurarnos que el estudio del archivo va a involucrar a instituciones latinoamericanas.” El proceso creativo, esa zona misteriosa y en penumbras, podrá ser analizado una vez que todo ese material sea debidamente clasificado. José Montelongo, bibliógrafo interino para Latinoamérica en la Colección Latinoamericana Nettie Lee Benson de la Universidad de Texas, anticipó que hay tachaduras y correcciones en los manuscritos de El otoño del patriarca (1975) y Crónica de una muerte anunciada (1981), y que se puede apreciar cómo el escritor construyó “mundos tan únicos, tan particulares en su imaginación”. Montelongo agregó que la inédita En agosto nos vemos es “una novela con la que batalló tanto, que no se atrevió a mandarla a la imprenta”.

“Maestro de la novela corta, escribió relatos que se leen como si fueran tragedias griegas ambientadas en el Caribe, y fue también un consumado corredor de fondo literario, artista de la novela genealógica, desbordante, en la que cabe todo, incluyendo la historia y el crimen y el amor y los milagros –ponderó Montelongo–. Por encima de todo, fue un estilista embriagador que parecía poseer la sabiduría innata de un contador de cuentos. Como ya lo dijo algún crítico literario, la imaginación de García Márquez fue tan poderosa y original que perdurará en el recuerdo como un creador de mitos, un Homero latinoamericano.” El archivo de Gabo, qué duda cabe, será un imán para los investigadores. Durante décadas se asistirá a un nuevo fenómeno religioso-literario: la peregrinación de miles de estudiosos, críticos y admiradores rumbo a Austin. ¿Con qué se encontrarán esos devotos? Una primera copia de Cien años de soledad, el borrador del discurso de aceptación del Premio Nobel, varias versiones de Crónica de una muerte anunciada y El amor en los tiempos del cólera, las diez versiones de En agosto nos vemos y el material de documentación sobre Simón Bolívar que utilizó para El general en su laberinto, clasificado como él lo dejó. El centro Harry Ransom planea digitalizar todo el archivo y ponerlo a disposición de los investigadores aproximadamente en dos años. El objetivo es que se pueda ver qué tachó, qué añadió, qué desechó, cuántas veces intentó un comienzo o cuántos intentos de finales probó hasta encontrar el texto definitivo.

Joyitas de la
literatura mundial

Los detectives literarios, una “raza” que pese a pronósticos reservados nunca se extinguirá, podrán zambullirse literalmente por las colecciones del centro Harry Ransom. Entre las joyitas podrán revisar el primer borrador de Watt, de Samuel Beckett, su última novela escrita en inglés en 1945, protagonizada por un vagabundo irlandés que ingresa al servicio doméstico de una mansión. El borrador no sólo está repleto de tachaduras. Tiene, además, dibujitos que se presume lo ayudaban a pensar. Otra tachadura “ilustre” es el primer párrafo de la primera versión de Muerte en la tarde, de Ernest Hemingway, sobre la ceremonia y las tradiciones de las corridas de toros en España. Hay cuatro versiones distintas del principio de Vida y época de Michael K., de J. M. Coetzee, quien ha legado todos sus papeles en vida a la institución. Comparando las versiones, el Premio Nobel sudafricano empezó la novela con la madre de Michael K. hablando en primera persona. Después probó con el niño hablando en primera persona. Luego, como una narración. En una versión, la mujer no era la madre del protagonista, sino su abuela. Norman Mailer envió sus papeles en 2005, dos años antes de morir, archivo que fue comprado por casi tres millones de dólares. El actor Robert de Niro vendió 1300 cajas de recuerdos con guiones anotados, fotos con pruebas de maquillaje, trajes de sus películas y la licencia de taxi que sacó para Taxi driver por casi cinco millones de dólares.

El acuerdo económico entre Mercedes Barcha, la viuda de Gabo, y el Harry Ransom no se hizo público. “Soy un director nuevo y creo que mantener esa cifra en secreto ayudará a futuras negociaciones –explicó Enniss–. Cuando una cifra se hace pública, la gente asume que su archivo vale eso mismo que ha leído.” En un comunicado, su viuda y los hijos del escritor colombiano, Rodrigo y Gonzalo, fundamentaron por qué los archivos fueron vendidos a la institución norteamericana. El deseo de García Márquez siempre fue “que sus cosas se dividieran con diferentes criterios”. La familia decidió que el archivo de documentos y la correspondencia fuera al Harry Ransom, “por ser uno de los lugares que hacen este tipo de archivo y preservación de documentos mejor que nadie”. Además aclararon que en ningún momento se le ofreció este archivo a otras entidades, “ni se subastó al mejor postor”. ¿A quién o quienes les corresponde tener los papeles y archivos de un escritor? Hay interrogantes que rebotan en el aire como reclamos y reproches sentimentales cuyas respuestas quizá no resulten soportables.

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Viuda e hijos vendieron el archivo personal de Gabo.
 
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