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Viernes, 27 de noviembre de 2009

CINE › SILVIO SOLDINI, CINEASTA MILANES

“Me gusta transmitir alegría”

El realizador de Pan y tulipanes y Sonrisas y lágrimas, que vino a presentar una retrospectiva de su obra en el marco de la muestra Mi-Cine, dedicada al cine producido en Milán, reflexiona sobre las razones del éxito de su obra en el exterior.

 Por Oscar Ranzani

En Argentina, la mayor parte del cine italiano que se conoce proviene de Roma. Esto se debe a razones históricas que catapultaron a la capital como centro de la producción cinematográfica de Italia. La ciudad de Milán, en cambio, siempre estuvo más asociada al desarrollo de la publicidad, la moda y la televisión. Y si bien Milán fue distinguida por sus cualidades industriales y comerciales, no trascendió de la misma manera a través de sus prácticas culturales. Si se pone el foco especialmente en el cine, el realizador Silvio Soldini (nacido en Suiza pero milanés por adopción) señala que “no se hace nada para que florezca la industria cinematográfica y que la gente venga a filmar a Milán. No hay ningún tipo de financiamiento para que los jóvenes puedan hacer cosas en Milán. Todo lo que se hace en esa ciudad, la gente lo hace a pulmón, con muchas ganas, pero sin un peso en el bolsillo”, reconoce el director de Pan y tulipanes, que vino a nuestro país a presentar una retrospectiva de su obra en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Corrientes 1530). El ciclo que comienza hoy y se extiende hasta el 3 de diciembre forma parte de la muestra Mi-Cine, que tiene como objetivo promocionar el cine de Milán en el exterior y cuenta con la organización de la Associazione Culturale Creactive-RES.

Invitado a Buenos Aires por el Instituto Italiano de Cultura, Soldini ha logrado trascender las fronteras de Milán y ser conocido internacionalmente. “No puedo más que estar muy contento, porque ser reconocido por el público en general es algo muy gratificante –confiesa–. Quiere decir que eso que estás contando le llega a mucha gente, no importa de qué raza ni de qué idioma. Que Pan y tulipanes haya sido un éxito en Vietnam, Estados Unidos, Argentina, Brasil, Europa, Australia, Japón y sea entendida por gente de todos esos lugares me da una gran satisfacción. Es como poner un mensaje en una botella, tirarla al mar y ver qué pasa.”

Si bien Pan y tulipanes es una comedia, mientras que Sonrisas y lágrimas es un drama, un hilo fino que puede conectarlas es que en ambas Soldini aborda la disolución familiar, aunque debido a circunstancias muy distintas. En la primera, la protagonista Rosalba viaja con su familia en ómnibus hacia un destino turístico pero, sin quererlo, su esposo y sus hijos la olvidan en una parada en la que Rosalba había bajado. Su marido la llama y le pide que los espere, pero Rosalba hace dedo y así llega hasta Venecia, donde se desprende de sus obligaciones para aprender el sentido de la libertad. Sonrisas y lágrimas –la otra película de Soldini estrenada en Argentina– tiene como protagonista a una familia de clase acomodada que ante la pérdida del empleo del padre produce un sinfín de cambios en las relaciones familiares.

–¿Por qué cree que recién con Pan y tulipanes logró consagrarse como director en el extranjero, después de más de diez años de labor como realizador?

–Creo que salió en el momento justo, en el que tenía que salir y tuvo ese éxito. Yo ya tenía experiencia, porque no era mi primera obra. Seguramente, el estar ambientada en Venecia le dio un valor agregado. También había un aspecto de fábula en la historia que hacía soñar, y probablemente le dio un aire especial. Quise hacer una película que llevara en sí la alegría de vivir, que celebrara la vida. Siempre esperaba que la gente cuando terminara de ver la película se llevara una sensación de esperanza y una visión positiva de la vida. La idea es que las cosas pueden cambiar si uno tiene ganas de hacerlo.

–¿En Pan y tulipanes también buscó abordar el disfrute de la vida con mayor libertad y sin tener que cargar con el peso de la responsabilidad?

–Sí, sin duda. Se trata de no quedar aplastado por el peso de la responsabilidad y los deberes. Rosalba, la protagonista, tiene la oportunidad de pensar en sí misma y en sus goces. Es la primera vez que lo hace. Decide que no quiere vivir como hasta ese momento y lo lleva a cabo.

–¿En Sonrisas y lágrimas buscó reflejar cómo puede derrumbarse un matrimonio que tenía toda su vida armada?

–Fundamentalmente el centro de la película es la pérdida de trabajo. Lo que usted menciona es una consecuencia de la falta de trabajo. El film pretende mostrar la importancia de tener trabajo en la sociedad occidental. Se trata de una sociedad donde el hombre, en general, da sentido a su vida a través del trabajo. Por lo tanto, cuando falta el empleo, eso pone todo en discusión.

–¿Cree que, como muestra el film, el desempleo es capaz de fracturar hasta las relaciones humanas más íntimas?

–Sí, seguramente el desempleo puede poner en crisis a la familia.

–En la retrospectiva se presenta El apacible aire del oeste, que marcó su debut en el largometraje. ¿Cómo analiza los cambios que tuvo su cine desde entonces y qué sigue manteniendo con el paso del tiempo?

–No lo sé bien. Seguramente hay temas y un lenguaje propio que existen desde entonces hasta ahora. Pero, por otro lado, hay una búsqueda personal de contar nuevas historias y situaciones en cada film que hago.

–¿Considera que los años ’80 marcaron una bisagra en el cine italiano después de los grandes maestros?

–En la segunda mitad de los ’80 hubo un gran déficit creativo en las películas. Las que recuerdo haber visto en esa época no me gustaron. Me gustaban las películas inglesas, francesas, alemanas y cine independiente americano. Estos films fueron los que me estimularon y no los italianos. A partir de los ’90 empezaron a aparecer nuevas producciones. Por un lado, la gente comenzó a de-sinteresarse por el cine y, por otro, surgieron nuevos autores italianos. Y esto sucedió porque en los ’80 se sembró mal. Para cuando se estrenó Pan y tulipanes, el cine fue ganando nuevo público. Pero es muy difícil porque a nivel nacional se hace muy poco para incentivar el resurgimiento del cine. A pesar de que se hayan hecho buenas películas que dieron muy buen resultado, como por ejemplo Gomorra, el gobierno no tiene ninguna intención de apostar al cine. Por lo tanto, es muy difícil hacer cine.

Q La programación completa y horarios de la muestra puede consultarse en www.mi-cine.it.

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“Quiero que el público se lleve una sensación de esperanza”, dice Soldini.
Imagen: Pablo Piovano
 
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