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Viernes, 27 de noviembre de 2009

TELEVISION › BOTINERAS NO VA MAS ALLA DEL MUNDO QUE DESCRIBE

Ficción con lógica chimentera

Lo que más destaca en el ciclo producido por Underground, Endemol y Telefé son los aspectos técnicos, que renuevan la forma televisiva. Pero el programa no parece tener un nudo dramático que lo lleve a trascender la anécdota.

 Por Emanuel Respighi

Abriéndose paso al mundillo mediático que vincula a los futbolistas con la fauna de mujeres ligeras de ropa dispuestas a todo con tal de asegurarse su pasar económico o, al menos, su foto en alguna de las revistas semanales, Botineras condensa en su trama (casi) todos los aspectos más frívolos de la TV actual, resignificando su sentido. Si desde hace un par de años Showmatch institucionalizó los escándalos mediáticos en el prime time en búsqueda de rating, Botineras se inspiró en el contenido que a diario exprimen los programas de chimentos y reproducen a toda hora los ciclos de archivo, para conformar la primera ficción en abordar con lógica chimenteril el universo de fama, poder y escándalo que se enquistó en la pantalla chica en los últimos años. Es una temática que la TV basura se encargó de poner en primera plana y con la que la nueva ficción de Telefé (martes a viernes a las 22.45) se propone acaparar audiencia, con la idea de capitalizar su cotidianidad catódica. Como para justificar el hecho de poner chicas y chicos bonitos con poca ropa en la pantalla.

Sobre una idea de Sebastián Ortega, producida por Underground, Endemol y Telefé, Botineras se propone jugar sin medias tintas con la realidad cada vez más mediática que une a esa clase de mujeres amantes de los flashes y de los siempre dispuestos futbolistas, apodadas con el nombre que lleva el programa. Con una estética y un relato modernos, la escenografía, el vestuario y las actuaciones –aun cuando algunas parecen estar algunos tonos más arriba de lo deseado– se adecuan al mundo superficial y pseudo glamoroso que se pretende contar. Sin adentrarse en profundidad en ese mundo, con ninguna pretensión más que la de entretener, Botineras parece ser una ficción pasatista y llana, acorde con el año televisivo que expira.

Comedia con menores dosis de absurdo que Lalola y Los exitosos Pell$, Botineras cuenta la historia de “El Chiqui” Flores (Nicolás Cabré), un reconocido futbolista que juega en España y que de un día para otro se ve involucrado en el crimen de un jugador al que había amenazado públicamente. Suspendido por haberle aplicado una piña al futbolista que fue asesinado días después, bajo la excusa de que contraerá matrimonio, el crack regresa al país intentando escapar del asedio periodístico y de la investigación judicial librados en la madre patria. Ya en la Argentina, “El Chiqui” volverá a la noche porteña con la idea de pasarla lo mejor posible antes de contraer matrimonio, involucrándose con chicas rápidas a la hora de ir a la cama. La mayoría de ellas son manejadas por Giselle (Florencia Peña, en una interpretación muy divertida), una suerte de “madama” que regentea una agencia, cuya razón social es preparar a mujeres ambiciosas para convertirlas en botineras, a cambio de un porcentaje de sus ganancias según alcancen un revolcón con el player escogido, un noviazgo formal o contraigan matrimonio.

El negocio de Giselle, sin embargo, entra en problemas cuando por extorsión del comisario (Roberto Carnaghi) se ve obligada a entrenar a la policía Laura Posee (Romina Gaetani) en el arte de la seducción propia de las botineras, con el objetivo de que se infiltre en ese mundo que Intrusos en el espectáculo y/o Los profesionales de siempre tratan cotidianamente, y así saber si “El Chiqui” o alguien de su entorno tuvo algo que ver con el asesinato ocurrido en el Viejo Continente. Desde ese momento, con referencias/homenajes/copias –táchese lo que no corresponda–- a escenas de El diablo viste a la moda, Ugly Betty y Miss Simpatía, la trama avanza haciendo foco en el lado no deportivo de los futbolistas.

El inconveniente de Botineras para atrapar a los televidentes es que ese mundo está tan expuesto diariamente en los programas de chimentos que llevado a la ficción pierde gracia y sentido, ya que casi no hay nada que revelar sobre lo que supuestamente pasa en boliches que tienen a Esperanto como modelo a seguir. Si aquí se hace evidente que la realidad supera la ficción, ninguna actuación logra igualar las bizarras escenas –guionadas o no– que se ven en los ciclos de chimentos. En pos de imprimirle verosimilitud al relato, acercando aún más la realidad con la ficción, en el primer capítulo desfilaron por Botineras varios personajes mediáticos que suelen dar de comer a los programas de chimentos. Desde Guillermo Coppola hasta el Bambino Veira, pasando por Germán Paolosky, Florencia Tesouro, Marcelo Polino y Luis Ventura hicieron algunos cameos que, sin embargo, más que aportarle realismo al ciclo atentaron contra la fluidez del relato por sus pésimas actuaciones.

Desde la primera escena del asesinato en España y el videoclip con el que presenta a “El Chiqui”, Botineras pone en evidencia que el sello de Underground como compañía productora de contenidos de ficción ya es reconocible por cualquier televidente. La estética moderna que acompañan sus productos, el relato sin tiempos muertos, el lugar protagónico de la musicalización y el cuidado por lograr una escenografía coherente con la trama conforman el cóctel visualmente shine que la productora esbozó en Lalola y profundizó con éxito en Los exitosos Pell$, tras los fracasos costumbristas de sus primeras y olvidadas producciones (Gladiadores de Pompeya y Amo de casa, en Canal 9). Una nueva forma de contar la ficción que, en este aspecto, renueva las opciones televisivas.

Más allá de los impecables aspectos técnicos, el gran interrogante de Botineras pasa por saber si existe un nudo dramático fuerte detrás de la forma, capaz de trascender la anécdota y la superficialidad del mundo en el que se inspira. O si, como pasó en Lalola y, en menor medida, en Los exitosos Pell$, la historia perderá sustancia en función del libre albedrío de las actuaciones. Que la historia no quede librada al histrionismo de los actores: ése es el gran desafío de Underground, para quienes la solidez de los guiones es aún una deuda pendiente. Tras cuatro años produciendo ficción en el prime time de la TV argentina, a Underground ya no le basta con la forma para conseguir fidelidad en la audiencia. Los casi 7 puntos de rating que perdió entre su estreno y el segundo episodio –pasó de los a los 27,3 a los 20,7– son una señal de alarma para la principal apuesta de Telefé.

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Nicolás Cabré encarna a “El Chiqui”, un futbolista que se dedica a vivir “la vida loca” antes de casarse.
 
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