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Martes, 30 de noviembre de 2010

CINE › EL FILM AMOR EN TRáNSITO, DE LUCAS BLANCO, SE ESTRENA EL PRóXIMO JUEVES

Desencuentros, relaciones y crisis

La ópera prima del cineasta viene de ganar la Competencia Latinoamericana de la 25ª edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. “La película quiere hablar del amor y de los problemas que trae enamorarse”, asegura él.

 Por Oscar Ranzani

Una nueva cara asomó recientemente en el universo del cine argentino y, para placer del operaprimista, lo hizo por la puerta grande: Lucas Blanco, montajista de profesión, es el director de Amor en tránsito, la película que fue noticia hace unos días, ya que ganó la Competencia Latinoamericana de la 25ª edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Y en tan poco tiempo Blanco vuelve a tener un nuevo desafío, ya que el próximo jueves el film se estrenará en la cartelera porteña. Será, entonces, el momento en el que el cineasta podrá comprobar si el gusto del jurado de la muestra marplatense coincide con el del público de la Ciudad de Buenos Aires. Pero este egresado de la escuela de cine de Eliseo Subiela todavía disfruta de aquel suceso vivido en la ciudad de la costa atlántica. Dice que fue “increíble” alzar el premio y, a la vez, “una enorme alegría”, porque en tiempos de estudiante de cine había ido varias veces al festival como espectador y siempre se preguntaba cuándo llegaría el día de presentar una película propia. Ese momento llegó y Blanco sigue sonriendo por el reconocimiento. “Ya participar era una enorme alegría, sumado a que el presidente del festival es José Martínez Suárez, un hito de nuestro cine”, comenta.

Amor en tránsito es una comedia dramática donde las relaciones afectivas de cuatro personajes son el hilo conductor del film, pensado por Blanco tras las crisis de 2001. En este caso, lo vinculado con aquel tiempo es que algunos personajes piensan en irse del país, pero sus conflictos no son precisamente económicos sino amorosos. La trama está atravesada por historias cruzadas que involucran a dos muchachos y dos chicas. Mercedes (Sabrina Garciarena) vive en Buenos Aires pero está pensando en irse a Barcelona para concretar una relación estancada con su novio, que vive allí. Un día se cruza con Ariel (Lucas Crespi), quien se engancha con ella hasta tal punto que Mercedes le dice que para seguir viéndose la condición es que no le pregunte más cuándo se va a ir. Juan (Damián Canduci) llega al aeropuerto de Ezeiza, proveniente de España, en busca de un amor que quedó en la Argentina, pero que no logra ubicar en Buenos Aires. Y conoce a Micaela (Verónica Pelaccini), quien a su vez, siente el vacío por la partida de un viejo amor. A través de una serie de causalidades y de juegos de encuentros y desencuentros de los protagonistas, sus historias terminarán cruzándose.

–¿La idea de esta película tiene anclaje en la crisis de 2001, cuando la gente se iba del país mucho más que ahora?

–En realidad, es el punto de partida de la película. Empecé a escribirla en 2002, a partir de buscar qué era lo que yo también iba a hacer, porque todos se estaban yendo en ese momento. Mis amigos, parte de mi familia o parejas se iban del país. Y buscando qué iba a hacer yo, me puse a escribir la primera historia de amor, que es la de Ariel y Mercedes. Y después eso fue quedando en el film pero como contexto. La verdad es que la película quiere hablar del amor y de los problemas que trae enamorarse. Entonces, la crisis fue un disparador.

–Es raro que si tiene anclaje en la crisis de 2001 no haya conflictos económicos sino solamente amorosos.

–Es que la crisis funciona como contexto. Todos los elementos de crisis que, al principio, cuando empecé a escribir, estaban como elementos dramáticos en la película, los fui eliminando. Y más que nada los saqué al empezar a trabajar el guión con Roberto Montini, que fue cuando apareció la otra historia de amor. Y me di cuenta de que lo que quería contar no era tanto una historia de amor en una situación de crisis, sino narrar estas dos historias de amor. Entonces, los elementos de crisis empezaron a dejarse de lado y a ser solamente elementos que juegan a partir de un contexto de las historias.

–A partir de este cruce de historias afectivas, ¿buscó también reflexionar sobre lo que significa irse del país?

–Busqué reflexionar sobre lo que para mí significa irse del país. Soy un tipo que solamente en aquel momento se planteó irse. Pero sólo porque la situación de contexto de mi generación estaba muy marcada por eso. No quería irme en aquel momento e inventé una película para quedarme. Sí hay una reflexión del irse o quedarse, pero más que nada está vinculada con las distintas relaciones de pareja que hay en la película. Hay una relación de pareja más adulta, la de Juan y Micaela, donde el personaje de Juan no se va, sino que vuelve, y Micaela, quizá por pertenecer a otra clase social, ni siquiera puede plantearse ir. La otra relación de pareja, la de Ariel y Mercedes, es más adolescente, más joven, y entonces el irse o el quedarse es un poco más histericón, y con otro nivel de liviandad. Ariel es el personaje más contradictorio y argentino: defiende el quedarse pero es el primero que agarra los dólares y piensa ir tras Mercedes.

–¿Qué significado le da al “amor en tránsito”?

–Me gustaba jugar, en algún sentido, con ese momento de tránsito que ocurre entre que uno conoce a alguien y tiene que hacerse cargo de lo que siente por esa persona que conoció. Es el momento intermedio donde está el romance y, a la vez, están los conflictos que trae aparejado enamorarse de alguien. Pero también en la película está relacionado con el tránsito entre el irse y el quedarse, o el tránsito de los desencuentros.

–Además de estar cruzados, ¿son amores precarios?

–Sí. Los cuatro personajes están en situaciones precarias. Por lo tanto, esas construcciones son precarias, en principio. Y ése es el tránsito de esos personajes. Juan se tomó un avión porque no se podía comunicar con la mujer con la que supuestamente iba a vivir y casarse en Barcelona. Y no la encuentra. Está solo en Buenos Aires y conoce a Micaela, quien se siente abandonada por un tipo que la dejó. Esa relación es precaria. Es también la de mayor drama. Pero ellos construyen a partir de eso. Y en la otra relación Mercedes se está yendo del país, viene solamente a arreglar las cosas y entra en un conflicto acerca de si está enamorada del tipo por el que se va a ir a España. Y también se pregunta si, en realidad, quiere irse del país. Entonces, también esa relación está construida desde una precariedad.

–¿Todo encuentro implica un desencuentro?

–En la película, todo encuentro implica un desencuentro y viceversa. Hemos tenido muchas discusiones con los actores al ensayar. Por ejemplo, Damián Canducci (el que interpreta a Juan) todavía sigue diciéndome que la película es melancólica y triste. Y yo pienso que no, que es optimista. Por lo tanto, el nivel de interpretación de los encuentros y los desencuentros también es muy personal. Para mí, los desencuentros hacen posible una de las historias de amor. Y en la otra es un encuentro el que la hace posible. Y eso está bueno.

–¿Cuánto hay de azar en estas historias de amor?

–El azar es un elemento inherente en toda la película. Es casi un protagonista más. Y seguramente es un poco el juego con el que marcamos estos encuentros y estos desencuentros. El azar encuentra y de-sencuentra a los personajes. Y me parece que es un elemento interesantísimo para trabajar historias. Y más, historias de amor.

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“Busqué reflexionar sobre lo que para mí significa irse del país”, explica Blanco sobre el film.
Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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