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Martes, 30 de noviembre de 2010

PLASTICA › UNA MUESTRA INDAGA SOBRE LA CUESTIóN DEL ESPACIO, EN LA FUNDACIóN OSDE

Los artistas y sus obras, en el espacio

En “El espacio en cuestión”, cincuenta obras en volumen de cuarenta y siete artistas argentinos de distintas generaciones y tendencias permiten reflexionar sobre la relación entre las piezas, su contexto y la sala de exhibición.

 Por Fabián Lebenglik

El Espacio de Arte de la Fundación Osde presenta en estos días la muestra que hace honor a su nombre institucional: “El espacio en cuestión”, una selección de unas cincuenta obras en volumen realizadas (entre 1949 y 2010) por 47 reconocidos artistas argentinos provenientes de distintas generaciones (nacidos entre 1915 y 1973), de las más diversas tendencias. Casi cualquier pretexto es bueno cuando se trata, como en este caso, de una buena selección de obras. Aquí el pretexto es la indagación del espacio, tanto de las propias obras como del espacio (y el vacío) contextual que las obras proyectan, delimitan, rodean y con el cual interactúan, y de la relación espacial entre las piezas seleccionadas y la sala de exhibición. Hay un fuerte componente autorreferencial (sobre la obra, sobre el volumen y el vacío en arte, sobre la curaduría, sobre la percepción del espectador, sobre el espacio y el contexto, sobre la interacción entre todos estos elementos, etc.), pero también una búsqueda de reflexión y belleza.

La exposición también pone en primer plano las preguntas que toda exposición se plantea desde su génesis, desde la idea inicial hasta la organización y el montaje.

Los artistas incluidos en la exposición “El espacio en cuestión” de la Fundación Osde son Esteban Alvarez (1966), Claudia Aranovich (1956), Líbero Badii (1916-2001), Alberto Bastón Díaz (1946), Martín Blaszko (1920), Dino Bruzzone (1965), Nora Correas (1942), Nicola Costantino (1964), Danilo Danziger (1956), Juan Carlos Distéfano (1933), Hernán Dompé (1946), Karina El Azem (1970), Leandro Erlich (1973), Roberto Fernández (1951), Luis “Búlgaro” Freisztav (1954-2008), Lydia Galego (1939), Jorge Gamarra (1939), Norberto Gómez (1941), Raúl “Pájaro” Gómez (1946), Sebastián Gordín (1969), Víctor Grippo (1936-2002), Miguel Harte (1961), María Juana Heras Velasco (1924), Enio Iommi (1926), Dora Isdatne (1949), Daniel Joglar (1966), Fabio Kacero (1961), Silvana Lacarra (1962), Ana Lizaso (1948), Ricardo Longhini (1949), Jorge Macchi (1963), Edgardo Madanes (1961), Fabián Marcaccio (1963), Marta Minujin (1941), Margarita Paksa (1936), Aldo Paparella (1920-1977), Karina Peisajovich (1966), Antonio Pujía (1929), Emilio Renart (1925-1991), Mariana Schapiro (1959-2006), Omar Schiliro (1962-1994), Pablo Suárez (1937-2006), Luis Tomasello (1915), Cristina Tomsig (1959), Román Vitali (1969), Luis Wells (1939) y Carola Zech (1962).

Se proponen tres ejes de lectura y sentido –espacio, gravitación, color–, alrededor de los cuales se organizan tres series de obras. Y estos ejes se proponen en su literalidad pero también en sus ecos metafóricos y sentido segundos. Desde su texto en el catálogo, la coordinadora del Espacio de arte, María Teresa Constantin, coloca esta muestra en la genealogía de otras exposiciones, experiencias, reuniones y publicaciones locales que le precedieron en cuanto a la reflexión sobre el espacio, desde los años ochenta y noventa.

La muestra va a proponer un itinerario que resulta estimulante para el espectador. En el recorrido permite trazar relaciones en cada uno de los tres ejes. En el caso de la propia noción de espacio se juegan, entre otras, las ideas de volumen ocupado, vacío (el vacío leve y el mínimo); el espacio/vacío pleno, la virtualidad memoriosa, los espacios comprimidos, la extensión paisajística, las relaciones y recortes espaciales; la interdependencia de lo cóncavo/convexo; la relación adentro/afuera, el espacio sensible y lúdico, las cuestiones de escala y las maquetas, los espacios monolíticos, las apropiaciones (de espacio), las transparencias, etcétera.

En el eje dedicado a la gravitación, las piezas evocan cuestiones relativas al sonido, lo pendular, el peso, la estabilidad/inestabilidad, lo pequeño y lo monumental, lo suspendido y lo “intrusado”, la vibración, el acento constructivo, los pesos tensionados, la capacidad contenedora de la materia, los perfiles móviles, la quietud, los microespacios, el equilibrio, etcétera.

Finalmente, el eje del color despliega su cualidad de perforar y activar el espacio, a través de diferentes modalidades, color vibrante, maleable, lúdico, fijado por fuego; luminosidad, apropiación inmaterial de espacio; la interacción entre luz y color y entre color y materialidad; el color como revestimiento o como inclusión, etcétera.

Cada uno de estos ejes incluye obras que a su vez interactúan también en los demás núcleos.

La muestra fue curada por el equipo de la Fundación Osde, coordinada por Sebastián Vidal Mackinson, con diseño de montaje de Liliana Piñeiro.

En el Espacio de Arte de la Fundación Osde, Suipacha 658, hasta el 18 de diciembre. Entrada gratuita.

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“Que parezca un accidente”, miniatura en madera, vidrio y bronce, de Gordín, 2010.
 
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