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Jueves, 6 de octubre de 2011

CINE › EL AGUA DEL FIN DEL MUNDO, DE PAULA SIERO

Búsquedas algo contradictorias

Lista para su estreno desde hace un año, El agua del fin del mundo llega a la cartelera porteña tras un recorrido por festivales que reconoce como punto más alto su participación en el de Rotterdam, en enero de este año, así como sendos premios, al mejor guión y la mejor actriz protagónica, en los de La Habana y Málaga. La de Paula Siero es lo que podría llamarse “ópera prima tentativa”, en el sentido de que muestra búsquedas contradictorias y, en ocasiones, divergentes, con aciertos y yerros. Si quiere ponerse esto último en nombres, a su mayor acierto habría que darle el de Guadalupe Docampo. Y a su mayor yerro, el de Facundo Arana, que parecería confundir desesperación existencial con comisuras torcidas.

El guión, escrito por la realizadora junto a Nora Mazzittelli, cruza dos historias, de modo bastante arbitrario. La historia central es, claramente, la de Adriana (Diana Lamas) y su hermana Laura (Guadalupe Docampo). Enferma terminal de menos de 40 años, Adriana quiere pasar el fin de sus días en Ushuaia. Laura intenta cumplir con el deseo, pero su trabajo de ayudante, en un modesto bar y pi-zzería, no se lo permite. En paralelo circula la historia de Martín (Facundo Arana), acordeonista alcohólico y quebrado, que cuando logra ponerse en pie toca en el subte, cuestión de poder pagarse unas ginebras. En algún momento Martín conocerá a Laura y Adriana, generando cierta rispidez entre ambas. En algún otro momento se le ocurrirá asaltar un banco con una escuadra de plástico, de las que se usan en la escuela. Lo preocupante no es tanto que eso se le haya ocurrido a él, sino a las guionistas.

Con una dedicatoria final que da a pensar que algo de autobiográfico hay en la historia, Siero no da golpes bajos, no cae en miserabilismos alla Biútiful, no apuesta al chantaje emocional. Con una cámara inestable (como parecería obligatorio, de un tiempo a esta parte) y un trabajo de edición que apunta a una narración entrecortada, la película prioriza los primeros planos, poniendo el acento en actuaciones cuyo registro denuncia la impronta de cierto naturalismo televisivo. Naturalismo suavizado, por suerte, aunque no del todo exento de algún gesto falso o forzado. Dos méritos de Siero: el desfase entre imagen y diálogos, al que recurre exitosamente en tres o cuatro momentos, y una escena de sexo, de parados en un pasillo, tan convincente como infrecuente, para el proverbial exceso de pudor del cine argentino.

Pero si alguien sobresale en El agua del fin del mundo es, sin duda, Guadalupe Docampo. Veinteañera, la chica había deslumbrado, tres años atrás, en La Tigra, Chaco. Aquí no sólo confirma lo entrevisto allí, sino que lo mejora. Actriz netamente cinematográfica, frente a cámara Docampo no finge, no posa, no compone. Hasta se diría que no actúa. Se limita a “ser”, poniendo el pedal a fondo de lo que el personaje pide en cada escena, pero sin hacerlo notar.

5-EL AGUA DEL FIN DEL MUNDO

Argentina, 2010

Dirección: Paula Siero.

Guión: P. Siero y Nora Mazzittelli.

Intérpretes: Guadalupe Docampo, Diana Lamas, Facundo Arana.

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